






















Descubre las claves para ayudarles a diferenciar entre una sorpresa inocente y una situación que nunca deben ocultar.
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Aunque los secretos formen naturalmente parte de nuestra vida de adulto, para los niños, puede suponer un auténtico reto. En efecto, los más pequeños no cuentan con las herramientas emocionales necesarias para separar uno positivo y uno que genera malestar, les hace sentir incómodos o puede ser incluso peligroso.
Por ello, es fundamental enseñarles desde temprana edad que no todos los secretos son iguales y que no tienen por qué aceptarlos, sobre todo si les produce rechazo o miedo. Repasamos, en palabras de expertos, las claves para inculcarlo.
Hablar de secretos con los niños es clave para fomentar la seguridad, confianza y capacidad de comunicación. Hay que dejar claro que se distinguen dos tipos: los buenos y los malos.
Es fundamental explicar que los buenos son aquellos que tienen una finalidad positiva. Para que los niños puedan comprender esta diferencia, es clave recurrir a ejemplos concretos. Preparar una fiesta de cumpleaños sorpresa para un familiar, guardar en secreto un regalo especial o esperar el momento adecuado para anunciar una gran noticia, como la llegada de un bebé, son situaciones que generan ilusión y alegría y es lo que hay que transmitir a los pequeños.
Conviene transmitirles que los malos son aquellos que generan preocupación, malestar, tristeza o incomodidad. Es clave explicar al pequeño que no tiene por qué aceptar guardar un secreto si no quiere o le hace sentir mal.

Es especialmente relevante para prevenir los abusos, tal y como lo recuerda la Asociación Española de Pediatría (AEP): "Las personas que cometen abusos sexuales obligan a los niños a que lo mantengan en secreto. Por este motivo, es importante enseñar a los niños la diferencia entre los secretos buenos y malos y crear un clima de confianza. Cada secreto que les preocupe, les haga sentir incómodos, les asuste o les ponga tristes no es bueno y deberían contarlo a un adulto de confianza (padres, maestro, policía, médico, etc.)".
Su cuerpo es suyo y hay que explicarles de forma concreta cuáles son las barreras que nadie debe traspasar. Es importante que comprendan que tienen derecho a decir “no” en cualquier situación, incluso ante personas conocidas o de confianza.
Desde la escuela Kuni, también recuerdan, vía Instagram (@kuni.escuela) la importancia de explicar al pequeño que puede sentirse seguro para contar todo: "Es fundamental transmitir a los niños que los adultos siempre estarán bien y pueden manejar cualquier cosa que se les cuente. Esto es especialmente importante porque muchas veces, en situaciones de abuso, los niños son amenazados con daños hacia sus padres si revelan el secreto. Asegurarles que los adultos estarán bien les da la confianza necesaria para hablar".
Aunque el secreto sea bueno, es clave no abusar de ellos para el bienestar del pequeño. En efecto, la carga mental que supone guardarlo puede resultar difícil de gestionar, especialmente cuando son pequeños. En esta etapa, están desarrollando habilidades como el autocontrol o la regulación emocional.

Mantener una información oculta durante demasiado tiempo puede generar nerviosismo, ansiedad o miedo a equivocarse y revelarla antes de tiempo. Por ello, los expertos recomiendan que los secretos positivos sean sencillos, tengan una duración limitada y no impliquen una responsabilidad excesiva para el niño. Así, pueden vivirlo de manera divertida y con ilusión, sin presión ni malestar emocional.
Como padre o madre, también es clave permanecer alerta ante cualquier sospecha de que el pequeño esté ocultando un secreto por miedo. Cambios súbitos en el comportamiento, irritabilidad, tristeza, ansiedad o reticencia a hablar sobre determinadas personas o situaciones pueden ser señales de que algo le preocupa y que hay que actuar en cuanto antes.
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