






















La neuropsicóloga Elvira Perejón explica por qué cada vez más familias retrasan el primer móvil aunque sus hijos sean “los raritos”
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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“Sí. Va a ser el ‘rarito’. Y qué privilegio”. Con esa frase tan directa, la neuroeducadora Elvira Perejón (@educacionincondicional) ha abierto uno de los debates que más preocupan ahora mismo a muchas familias: qué hacer cuando todos los niños alrededor ya tienen móvil… y el tuyo no.
Porque retrasar el primer smartphone hoy no es sencillo. Significa ir a contracorriente, soportar comentarios incómodos y convivir con la sensación de que quizá tu hijo “se está perdiendo algo”. Pero cada vez más expertos en neurodesarrollo, salud mental y educación coinciden en algo importante: el cerebro infantil necesita mucho más tiempo sin pantallas de lo que pensábamos hace unos años.
Estas son algunas de las razones que comparte esta experta en neuropsicología y que explican por qué muchas familias están decidiendo esperar antes de entregar el primer móvil.
Una de las frases más contundentes de Elvira Perejón resume el núcleo del problema: “El cerebro de tu hijo se está construyendo ahora y no dentro de diez años. AHORA”.
La infancia y la preadolescencia son etapas clave para el desarrollo cerebral. Durante esos años se consolidan habilidades relacionadas con la atención, el autocontrol, el lenguaje, la gestión emocional o las relaciones sociales.
“La neurociencia no tiene ideología y no entiende de modas ni de presión social. Solo sabe que un cerebro infantil necesita movimiento, juego, relaciones reales y tiempo sin estímulos artificiales para desarrollarse de forma plena”, insiste la neuroeducadora.

A través del móvil los niños tienen acceso a muchos recursos educativos, pero también a contenidos peligrosos para los que no están preparados. Y es que, tal y como explican los expertos, las nuevas tecnologías pueden suponer un riesgo si no se recibe la educación digital necesaria.
Por eso, Elvira Perejón enumera algunas de las situaciones que los niños pueden evitar si retrasamos el primer móvil:
La preocupación no tiene que ver solo con “usar pantallas”, sino con el acceso ilimitado y muy precoz a redes sociales, contenido para adultos, retos virales o dinámicas diseñadas para generar dependencia.
Además, tal y como explica la Asociación Española de Pediatría, el exceso de pantallas se relaciona con alteraciones del sueño, fatiga visual, sedentarismo o riesgo cardiovascular.

Hace apenas unos años, muchas familias escuchaban aquello de que “la tecnología es el futuro” y que cuanto antes aprendieran a usarla, mejor. Pero las recomendaciones oficiales se han endurecido bastante.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) actualizó recientemente sus guías sobre pantallas y ahora recomienda evitar completamente las pantallas antes de los 6 años, salvo usos puntuales como videollamadas familiares.
Es decir, aconseja:
También se recomienda retrasar lo máximo posible el primer smartphone con acceso libre a Internet y redes sociales debido a sus posibles efectos sobre la salud mental, el descanso o la exposición a contenidos inadecuados.
Quizá esta sea la parte más difícil para muchas familias. Porque limitar el móvil cuando todos los demás niños ya tienen uno puede hacer sentir a los padres exagerados, antiguos o demasiado estrictos. Además, hay que convencer a tu hijo de que lo estás haciendo por su bien, a pesar de su insistencia.
La propia Elvira Perejón lo describe así: “Sé que ir a contracorriente cansa. Cansa cuando en el parque todos los niños tienen móvil y el tuyo no. Cansa cuando la abuela te dice que exageras. Cansa cuando en el cole ya hablan de retos de TikTok y tu hijo no sabe de qué va”.
Y, aun así, cada vez más familias deciden asumir esa incomodidad porque sienten que el coste de normalizar el acceso temprano al móvil puede ser demasiado alto.

Durante mucho tiempo, muchos padres tuvieron miedo de que sus hijos se quedaran “fuera” si no seguían el ritmo digital del resto. Pero el debate está cambiando.
Ahora cada vez más familias empiezan a preguntarse si realmente un niño necesita redes sociales con 10 u 11 años o si simplemente nos hemos acostumbrado demasiado rápido a algo para lo que su cerebro todavía no está preparado.
“El cambio generacional no empieza cuando cambien las leyes o los colegios o los algoritmos. Empieza cuando tú decides hacer las cosas diferente”, explica Elvira Perejón.
Puede que durante un tiempo esos niños sean “los raritos”. Pero viendo la creciente preocupación por las pantallas, la ansiedad infantil y la salud mental adolescente, muchos padres empiezan a pensar que quizá ser el “rarito” hoy termine siendo, dentro de unos años, un auténtico privilegio.
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