




















Cuando tus hijos estén nerviosos, prueba alguna de estas actividades familiares y conseguirás que la calma vuelva a vuestro hogar
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay días en los que los niños parecen tener energía infinita. Saltan de un lado a otro, hablan sin parar, discuten más de lo habitual o son incapaces de centrarse en nada durante más de dos minutos. Y aunque muchas veces se piensa que necesitan “cansarse más”, la realidad es que, en ocasiones, lo que necesitan es justo lo contrario: bajar revoluciones.
Cuando un niño está sobreestimulado, insistir en actividades más intensas puede aumentar todavía más el nerviosismo. Por eso introducir momentos de calma compartida ayuda al cuerpo y al cerebro a desacelerar poco a poco y predisponer a los más pequeños a irse a dormir o echarse la siesta.
La buena noticia es que no hace falta preparar grandes planes ni comprar materiales especiales. Muchas veces, las actividades más simples son las que mejor funcionan. Lo más importante es disfrutar de tiempo de calidad en familia y ofrecer juegos tranquilos que ayuden a todos a estar menos acelerados.
Por eso, te proponemos que dejéis a un lado todas las pantallas y que disfrutéis con estos juegos sencillos. Aquí van cinco ideas tranquilas, fáciles y bastante originales para esos momentos en los que los niños parecen incapaces de parar.

Apagar parte de las luces de casa y jugar con una linterna puede transformar completamente el ambiente en cuestión de segundos. La oscuridad suave reduce estímulos visuales y hace que muchos niños bajen automáticamente el nivel de excitación.
Esta actividad es sencilla: usar una linterna (la del móvil podría valer) para crear sombras en la pared con las manos, inventar figuras o incluso contar pequeñas historias improvisadas. Eso sí, evita los cuentos de miedo porque podrían aumentar los nervios de todos.
También podéis hacer algo todavía más relajante: mover lentamente la luz por la habitación mientras los niños la siguen con la mirada o intentan atraparla despacio con las manos.
Es una actividad especialmente útil antes de dormir o después de una tarde muy intensa. Y más divertida que cualquier pantalla, ¿no te parece?
Cuando los niños están revolucionados, muchas familias intentan cortar el caos diciendo “¡siéntate ya!”. Pero a veces funciona mejor ofrecer una actividad tranquila que implique movimiento lento y atención.
Una idea sencilla es preparar una merienda entre todos, pero convirtiéndola casi en un pequeño ritual calmado: untar queso, cortar fruta blanda, colocar galletas en un plato o preparar yogures con toppings.
La clave no es la comida, sino el ritmo. Hablar bajito, hacer movimientos pausados y centrarse en tareas simples ayuda muchísimo a regular el ambiente de casa. Además, manipular alimentos también tiene un efecto sensorial relajante para muchos niños.

Esta actividad mezcla calma, imaginación y conexión familiar. Solo hace falta un bote, pequeños papeles y un bolígrafo. Cada miembro de la familia escribe o dibuja mensajes sencillos como:
Después, vais sacando papeles al azar y respondiendo tranquilamente.
Muchos niños bajan revoluciones cuando sienten atención exclusiva y conversación calmada. Y además, este tipo de dinámicas ayuda mucho más de lo que parece a fortalecer el vínculo familiar. Lo interesante es que no hay competición, pantallas ni estímulos rápidos.
Es uno de esos juegos simples que sorprendentemente suelen funcionar muy bien cuando los niños están acelerados. Consiste en “dibujar” lentamente sobre la espalda del niño con el dedo un sol, una nube, una letra, una carretera, olas del mar… El niño tiene que intentar adivinar qué es.
El contacto físico suave ayuda muchísimo a regular el sistema nervioso, especialmente después de momentos de mucho ruido, pantallas, visitas o exceso de actividad.
Muchos niños que parecen incapaces de quedarse quietos se relajan muchísimo con este tipo de juegos tranquilos de contacto y atención.

Este juego convierte algo muy simple en una actividad casi hipnótica para muchos niños pequeños.
El adulto dice un color en voz baja:
Pero hay una condición: hay que hacerlo caminando despacio y sin hablar demasiado alto.
La combinación de movimiento lento, observación y concentración ayuda a sacar al cerebro del modo “hiperactivo”. Además, obliga a los niños a fijarse en detalles del entorno en lugar de seguir acumulando estímulos rápidos.
Muchas familias incluso usan variantes antes de dormir buscando objetos redondos, cosas suaves, cosas que brillen, objetos que hacen sentir calma...
Cuando un niño está demasiado revolucionado, no siempre significa que necesite correr más, saltar más o hacer más cosas. En muchos casos, el cerebro infantil simplemente está saturado de estímulos, ruido, emociones o cansancio acumulado.
Por eso las actividades tranquilas compartidas suelen funcionar tan bien. No porque “apaguen” al niño, sino porque le ayudan poco a poco a bajar el ritmo casi sin darse cuenta. Pero, además, estos momentos sencillos permiten a las familias disfrutar juntas. ¿Qué más se puede pedir?
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