









Desde que vi el test positivo, me empecé a informar de lo que sí y lo que no se puede comer durante el embarazo | Semana 6 | Una mamá como tú
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Desde que vi el test positivo, empecé a fijarme mucho más en lo que como. Hay decisiones que cambian de un día para otro cuando descubres que estás embarazada. La mía fue empezar a informarme sobre la alimentación porque me he dado cuenta de que, para cuidarte a ti, bebé, primero tengo que cuidarme yo.
Según un artículo publicado en la revista American Journal of Obstetrics and Gynecology, durante el embarazo la nutrición desempeña un papel fundamental en el crecimiento y el desarrollo del bebé y puede influir en su salud futura. Leerlo me hizo comprender que cada comida es una pequeña oportunidad para darte lo mejor, incluso desde antes de tu nacimiento.
👉 Esta historia continúa dentro de "Una mamá como tú", mi diario de embarazo contado semana a semana. Si aún no has leído el relato completo de la semana 6, puedes hacerlo aquí antes de seguir avanzando conmigo.

Lejos de lo que pensaba al principio, no se trata de vivir con una lista interminable de prohibiciones, sino de conocer algunas recomendaciones básicas. Puedo seguir disfrutando de una alimentación muy variada basada en verduras y frutas bien lavadas, legumbres, cereales integrales, carnes y pescados completamente cocinadps, huevos bien hechos y lácteos elaborados con leche pasteurizada.
En cambio, evito el alcohol, las carnes y pescados crudos o poco cocinados (¡echo de menos el sushi!), los quesos elaborados con leche no pasteurizada, los huevos poco hechos y aquellos alimentos que puedan aumentar el riesgo de infecciones alimentarias. También intento limitar los pescados con alto contenido en mercurio como, por ejemplo, el atún rojo.
En casa todo esto resulta bastante sencillo porque cocinamos nosotros y controlamos bien los ingredientes. Lo complicado llega cuando papá y yo decidimos salir a comer fuera.
Pensaba que preguntar por los ingredientes de un plato sería algo completamente normal, pero me he encontrado con que algunos restaurantes no están demasiado concienciados con las necesidades de una mujer embarazada.
A veces responden sin tenerlo muy claro o incluso ponen mala cara cuando haces una pregunta. Por suerte, no ocurre en todos los sitios. También he conocido restaurantes donde revisan la ficha del producto o preguntan en cocina antes de contestar, algo que agradezco muchísimo.
Con el paso de las semanas he decidido que prefiero parecer pesada antes que asumir un riesgo innecesario. Por eso, hay cinco preguntas que ya forman parte de cualquier comida fuera de casa.

1. ¿Los quesos están elaborados con leche pasteurizada?
Muchos platos llevan queso sin que apenas reparemos en ello. Si tengo dudas, siempre pregunto si está elaborado con leche pasteurizada. Es una comprobación rápida que me ayuda a evitar riesgos innecesarios.
2. ¿Este plato lleva huevo crudo?
Mayonesas caseras, mousses, algunas salsas o determinados postres pueden contener huevo sin cocinar, igual que las tortillas poco cocinadas. Antes ni me fijaba, pero ahora siempre lo pregunto para evitar sorpresas.
3. ¿La carne / el pescado está completamente cocinado?
Ya no pido carnes poco hechas, prefiero asegurarme de que estén bien cocinadas, aunque eso suponga cambiar mis preferencias durante unos meses.
4. ¿Las verduras se han lavado y desinfectado correctamente?
Las ensaladas y verduras frescas pueden formar parte de una alimentación saludable durante el embarazo, pero necesitan una correcta higiene. Cuando tengo dudas sobre cómo han sido manipuladas o desinfectadas, prefiero preguntar antes de pedirlas.

A pesar de todas estas precauciones, salir a comer sigue siendo un plan que disfruto. De hecho, divulgadoras especializadas en alimentación durante el embarazo, como Ana Núñez (@tuembarazowabisabi), recuerdan que existen muchas opciones compatibles con una dieta segura para la gestación.
Suelo elegir verduras cocinadas, carnes bien hechas y pescados preparados al vapor, al horno o en guisos, evitando los pescados azules de gran tamaño. También son buenas alternativas los huevos completamente cocinados —como tortillas bien cuajadas o revueltos hechos del todo—, las legumbres, el arroz o la pasta.
Incluso muchas propuestas de cocina internacional pueden adaptarse sin problema: una pizza con ingredientes bien cocinados y quesos pasteurizados, unos fideos salteados o un burrito elaborado sin salsas con huevo crudo siguen siendo opciones apetecibles y compatibles.
Puede que dentro de unos meses vuelva a pedir un steak tartar o un queso artesanal sin pensármelo demasiado. Pero ahora mismo siento que merece la pena detenerme unos segundos y hacer una pregunta más al camarero si con eso gano tranquilidad. ¡Todo sea por cuidarte, bebé!
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