


























Descubre cuándo la corrección puede no ser útil y cómo actuar en su lugar.
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Cuando nuestro pequeño se equivoca puede surgir naturalmente la voluntad de corregir de inmediato. Que sea para protegerlo o para enseñarle, es un instinto. Sin embargo, no siempre es recomendable. Hacerlo en momentos determinados no contribuye a una aprendizaje sólido y significativo.
En efecto, los niños no asimilan todo de la misma manera a lo largo del día. En ocasiones, es preferible esperar que puedan quedarse con la corrección, de forma natural y serena. Descubre en qué circunstancias es preferible no actuar.
Según explica la doctora Diana Jiménez, psicóloga, vía Instagram (@dianajimenezpsicologa), hay momentos del día en los que un niño simplemente no es capaz de asimilar una corrección, no por falta de voluntad, sino porque su cerebro no está en disposición de procesarla. En esas situaciones, la corrección no cumple su función educativa. En lugar de ello, puede provocar una respuesta de estrés, aumentar la distancia emocional y generar sensaciones de inseguridad o miedo.
Cabe recordar que el cerebro de los niños está madurando por lo que su respuesta y reacción ante determinadas situaciones no es siempre óptima. Y por mucho que insistamos, no siempre tienen la capacidad para actuar correctamente.
¿En qué momentos es preferible no corregir entonces? Según la profesional, al despertar. Su cerebro aún no está completamente activado y la parte encargada del razonamiento y el aprendizaje tarda un tiempo en ponerse en marcha. Si lo primero que recibe son correcciones, lo interpreta como una amenaza en lugar de como una enseñanza. Por eso, es preferible empezar con calma, un saludo afectuoso, su nombre o un gesto de conexión que le ayude a activarse de forma segura antes de exigirle nada.
Algo similar ocurre antes de ir al colegio o al separarse de los padres. En ese momento su sistema nervioso ya está en un estado de alerta natural, y añadir correcciones solo incrementa su sensación de tensión. Es mucho más útil transmitir seguridad con palabras de confianza y apoyo que le acompañen durante el día.
Al llegar a casa, después de horas de esfuerzo y adaptación, el pequeño también necesita sentirse en un entorno seguro donde pueda ser él mismo, según la experta. Si lo primero que recibe son reproches, ese espacio pierde su función de refugio emocional, por lo que es mejor ofrecerle un tiempo de presencia tranquila, sin demandas ni distracciones, según la experta.

Cuando el niño está alterado o desbordado emocionalmente, su capacidad de razonar disminuye considerablemente, por lo que las correcciones pierden eficacia. En esos momentos, es más adecuado validar lo que siente y acompañarlo hasta que recupere la calma.
Finalmente, antes de dormir, la psicóloga aclara que el cerebro consolida las emociones del día, por lo que es importante cerrar la jornada desde la conexión y la tranquilidad, en lugar de hacerlo desde la corrección. En definitiva, educar en el momento adecuado no solo es más efectivo, sino también más respetuoso con el desarrollo emocional del niño, concluye la profesional.
Es fundamental recordar que la corrección es una herramienta de aprendizaje clave. Bien utilizada, ayuda al niño a comprender, mejorar y desarrollar nuevas habilidades. Aunque te preocupe, recuerda que no se trata de evitarla, sino de aplicarla en el momento adecuado y con el tono correcto para que realmente cumpla su función educativa.
Si se plantea desde la calma, el respeto y la conexión, la corrección no se presenta como una amenaza. Es una guía que acompaña el proceso de crecimiento del pequeño. Es, por ende, un recurso valioso para favorecer la comprensión, reforzar conductas positivas y consolidar el aprendizaje a largo plazo. Una corrección en esta etapa de la vida puede, además, moldear el adulto que será.
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