
























Ayudar a los más pequeños a afrontar este sentimiento es posible y deseable para que desarrollen su propia capacidad de respuesta emocional.
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El miedo es un sentimiento natural que surge desde la más temprana edad y forma parte del desarrollo emocional de cualquier niño. Aunque suele percibirse como una emoción negativa, cumple una función esencial. Alerta de posibles peligros y fomenta la adaptación a nuevas situaciones. En la infancia, estos temores evolucionan con el crecimiento y pueden manifestarse de formas muy distintas.
Desde el miedo a la oscuridad hasta la ansiedad ante la separación o lo desconocido... muchos factores pueden explicar su aparición. Sin embargo, para acompañar de la mejor manera posible a los pequeños, es fundamental entender lo que se encuentra detrás y actuar en consecuencia. La psicóloga y psicoterapeuta Pamela Prévost explica, vía Instagram (@dessinemoiunpsy), que existen algunas preguntas decisivas que puedes hacer a tu hijo para ayudarlo a enfrentarse a ello.
El objetivo de esta pregunta es distinguir un miedo inmediato de un sentimiento difuso. Ayuda a mantener la distancia y a identificar con mayor claridad qué es lo que realmente está generando malestar, evitando que la emoción se convierta en una sensación abrumadora e indefinida.
El objetivo de esta pregunta es devolver la situación a la realidad y poner en perspectiva aquello que preocupa al pequeño. Cuando siente miedo o ansiedad, es habitual que su mente imagine escenarios extremos y anticipe consecuencias mucho más graves de lo que realmente son. Este ejercicio invita a evaluar de forma objetiva si existe un peligro real e inmediato o si, por el contrario, está reaccionando ante una posibilidad hipotética. Es una forma de reducir la intensidad emocional, recuperar la calma y afrontar la situación con una mirada más racional y equilibrada.

Esta pregunta invita a cuestionar las certezas que suelen acompañar los pensamientos ansiosos. Cuando el miedo invade la mente, es humano dar por hecho que el peor escenario posible acabará sucediendo, aunque no existan pruebas suficientes que lo respalden. Invitar al pequeño a reflexionar sobre el grado real de certeza de esa creencia ayuda a introducir matices y a reconocer que el futuro no está escrito. Al aceptar que existen múltiples desenlaces posibles, y no únicamente el más negativo, se reduce la sensación de amenaza.
El objetivo de esta pregunta es ayudar al niño a poner su miedo en perspectiva a través de sus propias experiencias. Cuando los más pequeños sienten temor, suelen percibir una situación como mucho más probable o peligrosa de lo que realmente es. Invitarles a recordar si lo que les preocupa ha ocurrido antes y con qué frecuencia les permite contrastar sus pensamientos con la realidad. Este ejercicio favorece una visión más objetiva de la situación.

Finalmente, esta pregunta puede ayudar al niño a tomar distancia de sus pensamientos y considerar diferentes posibilidades. Cuando el miedo aparece, puede pensar en el desenlace más negativo, ignorando otros escenarios, incluso más probables. Invitarle a imaginar tanto el peor como el mejor resultado le permite ampliar su perspectiva, comprender que existen múltiples posibilidades y relativizar sus preocupaciones.
Realizar estas preguntas es una manera de animar a los pequeños a reflexionar, fomentar su capacidad para pensar por sí mismo y su habilidad para tranquilizarse solo. Aunque cuente con la ayude de sus padres y de su entorno, es fundamental enseñarle que puede reaccionar por sí solo y que cuenta con las herramientas necesarias para enfrentarse a sus miedos.
No se trata de evitar el miedo o decirle que no pasará nada, sino de ayudarle a entender lo que realmente se encuentra detrás de este miedo y enseñarle cómo reaccionar ante cada situación de la mejor manera posible.
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