























¿Tu hijo estudia, pero no retiene? Los neuropsicólogos comparten un método sencillo para mejorar su memoria. Así puedes preparar su cerebro para el aprendizaje.
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¿Tu hijo se sienta a estudiar, repasa y repite, pero aun así, al día siguiente parece que todo lo que ha aprendido se ha evaporado? Es una situación bastante frustrante que muchos padres conocen bien. De hecho, memorizar algo y olvidarlo a la velocidad de la luz no es la excepción sino más bien la norma. Por suerte, neuropsicólogos de la Universidad de Leiden tienen la clave para mejorar el aprendizaje infantil.
En 2022, estos investigadores idearon un experimento muy interesante en el que incluyeron a niños de 8 a 11 años. Desarrollaron una isla de fantasía que se visitaba con un casco de realidad virtual en la que había elementos inesperados, como bastones de caramelo del tamaño de farolas.
Los participantes volvieron en otras dos ocasiones, en una de ellas exploraron el mismo entorno, que ya les resultaba familiar, y en otra, se sumergieron en uno nuevo. Tras cada ronda, debían memorizar una serie de palabras y luego resolver problemas matemáticos simples, lo cual actuaba como elemento distractor.
Curiosamente, los participantes que habían explorado un entorno nuevo solían recordar más palabras que quienes habían explorado uno familiar. Esto sugiere que la novedad prepara el cerebro para el aprendizaje.

La novedad es importante, pero no basta. El cerebro funciona etiquetando y categorizando la información. La memoria se organiza en categorías semánticas, lo que significa que a tu hijo le resulta más difícil memorizar algo que difiera mucho de lo que ya conoce.
Cuando tiene que aprender algo nuevo, su cerebro intentará categorizar esa información, por lo que si logra establecer un vínculo con algo que ya conoce, podrá integrarlo con mayor facilidad y de manera más estable en su esquema de memoria.
Lo demuestra un experimento psicológico clásico en el que se pidió a un grupo de personas que leyeran un texto correcto, pero difícil de entender sin contexto. Básicamente, decía algo como: “el procedimiento es sencillo. Primero se disponen las cosas en grupos y cuando se termina, se separan de nuevo para colocarlas en los lugares adecuados”.
Un grupo simplemente leyó ese texto y entendió muy poco, por lo que olvidó prácticamente todo. Al otro grupo se le proporcionó contexto diciéndole que el texto versaba sobre lavar la ropa. Ese segundo grupo recordó el doble de información, simplemente porque su cerebro había activado un esquema mental familiar, el cual le permitió “anclar” las frases a ese conocimiento previo.
No siempre se trata de estudiar más, a veces solo hay que preparar el cerebro infantil para la sesión de aprendizaje y asegurarse de que conecta bien la nueva información con lo que ya domina. Así puedes ayudar a tu hijo en casa.

El objetivo no es entretener a tu hijo, sino despertar su curiosidad y focalizar la atención.
¿Cómo hacerlo en la práctica?
El estímulo novedoso no tiene que estar relacionado con el tema de estudio, es más bien una práctica para “encender” el cerebro antes de usarlo. No obstante, es importante que no dejes pasar mucho tiempo entre el estímulo y la sesión de estudio, para evitar que el efecto de la novedad se diluya.
Antes de empezar a estudiar, ayuda a tu hijo a buscar puntos de apoyo en su memoria para que pueda producirse un aprendizaje significativo.
¿Cómo guiarlo?
En vez de decirle simplemente que se ponga a estudiar, hazle preguntas como:
Por ejemplo, si va a estudiar el sistema solar, podrías preguntarle: “¿Recuerdas aquel documental que vimos sobre el espacio?”. No importa que la conexión no sea perfecta, lo relevante es que exista y se active, ya que eso facilitará la formación de redes neuronales y esquemas de conocimiento en el cerebro.

Una vez detectada la conexión, toca hacerla memorable ya que eso facilitará el aprendizaje. Los neurocientíficos de Leiden explican que para lograr que sus estudiantes entiendan la transferencia de información entre neuronas y los cambios químicos que se producen, les muestran la imagen de un plátano con un recipiente de sal encima.
La mayoría de los alumnos saben que los plátanos son ricos en potasio y que la sal de mesa es cloruro de sodio. Esa imagen sencilla les permite recordar que cuando una neurona está en reposo tiene mucho potasio en el interior y el cloruro de sodio se encuentra en el exterior. Pero cuando la neurona se activa, el potasio sale y el cloruro de sodio entra. Eso fue suficiente para entender un proceso complejo.
¿Cómo aplicarlo en casa?
En el caso de los niños, puedes explicarle que las fracciones son como dividir una pizza o que el proceso de evaporación es como el agua que asciende en forma de humo. Puedes recurrir a:
Como regla general, cuanto más visual, concreto o incluso absurdo sea el recurso que utilices, mejor se fijará. Si el niño lo entiende y lo puede “ver” en su cabeza, funciona.
Para potenciar la memoria y el aprendizaje infantil, muchas veces no se necesita más tiempo de estudio, más recursos ni métodos complicados. A veces, bastan pequeños ajustes, como introducir novedad para generar una predisposición positiva y trabajar con preguntas e imágenes que activen la familiaridad. A la larga, estas técnicas no solo mejorarán su rendimiento escolar sino que también le harán ganar confianza en sus capacidades, por lo que es algo útil para su vida, más allá del colegio.
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