

























Descubre las claves prácticas para alinear criterios y evitar conflictos en la crianza de los niños.
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Los abuelos suelen desempeñar un papel fundamental en las familia. Su experiencia y conocimiento les convierten en referentes y una gran fuente de inspiración para pequeños y mayores. Por ello, escucharles y atender sus consejos es recomendable. Sin embargo, en ocasiones, su visión educacional puede chocar con la de sus hijos. Y en estos casos, los nietos son los primeros impactados ya que reciben indicaciones diferentes.
Por diferencias generacionales, percepciones morales distintas o estilos de crianza aprendidos en contextos muy diferentes, no coinciden en la forma de educar. Esta diferencia no implica necesariamente un conflicto, pero sí puede generar confusión. Esto no solo debilita la autoridad parental, sino que también dificulta la comprensión de los límites. Por ello, es fundamental establecer límites y normas claros. Descubre, en palabra de experta, cómo afrontarlo de forma exitosa.
La doctora Mariana Capurro, psicóloga, explica vía Instagram (@marianacapurro.oficial), que antes de enfadarte, conviene recordar que los abuelos tienen un papel clave en el desarrollo emocional de los niños. Su función no es la misma que la de los padres: no se trata de educar exactamente igual, sino de acompañar, compartir experiencias, transmitir recuerdos y ofrecer afecto.

Explica que cuando la norma que se ha roto es algo puntual o de poca importancia, enfadarse suele aportar poco y, en cambio, puede desgastar la relación con los abuelos. Es importante valorar que no todas las situaciones tienen el mismo peso y que no siempre merece la pena convertirlas en un conflicto.
La experta señala que se puede flexibilizar cuando no existe riesgo ni daño para el niño. Por ejemplo, permitir un dulce adicional durante una visita, dejar que se acueste un poco más tarde de lo habitual o hacer una excepción puntual en alguna regla cotidiana. Este tipo de situaciones no suelen tener un impacto negativo relevante y pueden asumirse con cierta flexibilidad.
Sin embargo, existen determinadas situaciones que no deben permitirse bajo ningún concepto. Por ejemplo, cualquier conducta que suponga un riesgo para la salud del niño, así como comentarios que lo desvaloricen o lo comparen de forma negativa con sus hermanos. Tampoco se deben permitir expresiones racistas, sexistas u homófobas, ya que afectan directamente a su desarrollo emocional y a sus valores.
Del mismo modo, no son aceptables las faltas de respeto ni ningún tipo de violencia, ya sea verbal o física. En estos casos, la prioridad siempre debe ser la protección del menor, por encima de cualquier otra consideración.
¿Cómo afrontarlo entonces? La experta recomienda cuatro consejos clave: tratarlo desde la serenidad, evitando el reproche o la crítica directa. También ayuda explicar el motivo detrás de las normas, tanto para uno mismo como para el bienestar del niño, de forma que los abuelos entiendan su importancia. Por último, es recomendable ofrecer alternativas y reforzar los aspectos positivos, reconociendo su implicación y afecto.
Por lo tanto, el objetivo es encontrar un equilibrio saludable entre el cariño y la autoridad, evitando que la necesidad de poner límites se convierta en un conflicto o en una fuente de tensión familiar. No se trata de imponer ni de corregir de forma constante, sino de mantener una comunicación respetuosa.
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