

















La llegada de un bebé viene acompañada de consejos y opiniones. Estas frases afectan más de lo que imaginas a unos padres primerizos
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Convertirse en madre o padre por primera vez es una experiencia tan intensa como vulnerable. Todo es nuevo: el cansancio, las dudas, el miedo a equivocarse, la sensación de estar aprendiendo sobre la marcha mientras sostienes a una persona diminuta que depende completamente de ti. Y, en medio de ese terremoto emocional, llegan los comentarios y las opiniones no pedidas.
Muchos se dicen “sin mala intención”; otros salen casi automáticamente, como frases heredadas de generación en generación. Pero eso no hace que duelan menos a las madres y padres primerizos que aún están encontrándose en el mundo de la crianza.
Estas son algunas de las frases más hirientes que escuchan muchos padres primerizos y por qué convendría empezar a desterrarlas.
Suele aparecer después de una mala noche, de unas ojeras profundas o de un comentario sincero del tipo “estamos agotados”. Y aunque probablemente quien la dice pretende quitar hierro al asunto, el mensaje que recibe el otro lado es bastante desagradable.
La crianza no necesita competiciones de sufrimiento. Un padre primerizo no necesita que le recuerden que vendrán más dificultades. Ya lo sabe. Lo que necesita es comprensión, apoyo o, simplemente, alguien que le diga: “Tiene que estar siendo muy duro”.

Pocas frases generan tanta culpa como esta. Sobre todo cuando se le dice a una madre o un padre que intenta atender el llanto de su bebé siguiendo su instinto.
La realidad es que un recién nacido no tiene la capacidad emocional ni neurológica para manipular. Llora porque necesita algo: contacto, alimento, regulación, calma o compañía. Y escuchar constantemente que estás “malcriando” a tu hijo por cogerlo en brazos puede hacer muchísimo daño en una etapa ya de por sí llena de dudas.
Es una de las frases estrella de muchas reuniones familiares. A veces aparece cuando los padres deciden criar de otra manera: porteando, haciendo colecho, respetando horarios menos rígidos o intentando acompañar emocionalmente.
El problema no es compartir experiencias, sino utilizar experiencias pasadas como una forma de invalidar las decisiones actuales. Porque detrás de esa frase suele esconderse un juicio silencioso: “Te estás complicando demasiado” o “antes sí sabíamos criar”.
Por suerte, la crianza evoluciona, igual que evoluciona lo que se sabe sobre salud, sueño o desarrollo infantil.
Esta frase suele llegar cuando alguien ve una mochila llena de cosas “innecesarias”, una preocupación constante o ciertas medidas de seguridad muy cuidadas. Y sí, es cierto que hoy existe más información… y también más presión.
Pero ridiculizar a unos padres primerizos por intentar hacerlo bien solo aumenta la ansiedad que ya sienten. Nadie nace sabiendo cuidar a un bebé, y cuando quieres tanto a alguien, es normal tener miedo a equivocarte.

Durante décadas se extendió la idea de que atender demasiado a un bebé lo volvería dependiente. Sin embargo, cada vez sabemos más sobre la importancia del apego seguro y del contacto físico en los primeros meses de vida.
Aun así, muchos padres siguen escuchando comentarios constantes cada vez que abrazan, portean o duermen cerca de sus hijos. Como si el cariño pudiera darse “en exceso”. Y quizá una de las cosas más absurdas que hemos normalizado es hacer sentir culpables a unos padres por querer estar cerca de su bebé.
Hay frases que convierten necesidades normales en caprichos o que transforman el vínculo en una lucha de poder. Y eso no tiene ningún sentido.
Un bebé que necesita brazos no está dominando a nadie, igual que un recién nacido que solo se calma en contacto no está “mandando”. Ambos están haciendo exactamente lo que haría cualquier cría humana: buscar seguridad.
Escuchar este tipo de comentarios una y otra vez puede hacer que muchos padres primerizos empiecen a cuestionarse incluso las respuestas más intuitivas y amorosas hacia sus hijos.

Y esta frase, por encima de todos los comentarios, es la que los padres primerizos más escuchan. Es una frase bonita (o lo intenta), pero dicha en mitad del agotamiento extremo, del posparto, de la falta de sueño o de una etapa difícil, puede convertirse en una losa.
Porque muchos padres sienten entonces una culpa silenciosa: “Si esto pasa tan rápido, ¿por qué no lo estoy disfrutando más?”. Y la realidad es que querer profundamente a un bebé no significa disfrutar cada segundo de la crianza. Por supuesto, hay días preciosos, pero otros son durísimos.
Cuando nace un bebé, también nace una nueva identidad: la de ser madre o padre. Y en ese proceso los primerizos pueden sentirse inseguros, sensibles y muy observados. Por eso los comentarios que reciben importan tanto.
La próxima vez, en lugar de dar consejos, comparar o corregir, prueba simplemente a preguntar cómo están. Porque criar ya es suficientemente difícil como para hacerlo sintiéndose evaluado todo el tiempo.
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