























La experta Cristina Galmiche nos explica como actúa la piel a partir de la menopausia en las mujeres.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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La menopausia supone una auténtica revolución para la piel. A medida que disminuyen los niveles de estrógenos y progesterona, se producen cambios visibles que afectan a su aspecto y a su funcionamiento. La pérdida de luminosidad, la falta de elasticidad, la sequedad o la aparición de flacidez son algunas de las preocupaciones más frecuentes entre las mujeres a partir de esta etapa. No hay que temer, porque hay 3 claves de experta para recuperarla.
Aunque muchas veces estos cambios se perciben únicamente como una cuestión estética, los expertos recuerdan que responden a procesos biológicos profundos. Las hormonas femeninas desempeñan un papel fundamental en la producción de colágeno y elastina. Se trata de dos proteínas responsables de mantener la piel firme, flexible y resistente. Cuando sus niveles descienden, la estructura cutánea se debilita progresivamente.

Además, la piel tiende a volverse más fina y vulnerable, pierde capacidad para retener agua y se altera su función barrera. Como consecuencia, puede aparecer sensación de tirantez, sensibilidad, falta de confort y un aspecto más apagado.
Según explica Cristina Galmiche, especialista en estética y cuidado de la piel, durante esta etapa es especialmente importante adaptar la rutina cosmética a las nuevas necesidades cutáneas. El objetivo no debe ser utilizar más productos ni recurrir a tratamientos agresivos, sino apostar por estrategias que ayuden a la piel a mantenerse equilibrada y saludable.

Uno de los errores más comunes es continuar utilizando productos demasiado exfoliantes o activos que pueden resultar irritantes para una piel más sensible. Los expertos recomiendan priorizar fórmulas que ayuden a fortalecer la barrera cutánea y protegerla frente a las agresiones externas.
Ingredientes como las ceramidas, los ácidos grasos esenciales o la niacinamida pueden convertirse en grandes aliados para mejorar la función protectora de la piel y reducir la sensibilidad.

La deshidratación es uno de los signos más habituales de la menopausia. Por ello, resulta fundamental incorporar productos capaces de aportar agua y evitar su pérdida.
El ácido hialurónico, la glicerina o los factores hidratantes naturales ayudan a mejorar la elasticidad y proporcionan un aspecto más jugoso y luminoso. Una piel correctamente hidratada refleja mejor la luz y presenta una apariencia más saludable.

Con el paso de los años, y especialmente tras la menopausia, la actividad de los fibroblastos disminuye. Estas células son las encargadas de producir colágeno, por lo que estimular su funcionamiento resulta clave para combatir la flacidez.
Los especialistas aconsejan recurrir a tratamientos personalizados y supervisados por profesionales que ayuden a activar la regeneración cutánea sin comprometer la salud de la piel.
“La piel tiene memoria y nos habla constantemente”, recuerda Cristina Galmiche. Aprender a escucharla y adaptar los cuidados a cada momento vital es la mejor estrategia para mantener su luminosidad, elasticidad y bienestar a largo plazo.
Este artículo se publicó en la revista 2069 de papel. Edición y adaptación digital: Paula Manso.
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