





















Durante años se ha hablado de obesidad desde el juicio y la simplificación. Hoy, la ciencia y los expertos reclaman un cambio de mirada que entienda esta enfermedad desde la complejidad, la empatía y el respeto.
Publicado por Alicia Rivera
Periodista especializada en comunicación de moda
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En el encuentro "Hablemos de obesidad (sin culpas y con ciencia)", organizado por Marie Claire y Mía con el respaldo de Lilly, la endocrinóloga Laura Bartolomé (Clínica Arquero), el médico de familia Pablo García Sardón, la psicóloga Yolanda Bueno (ITA Salud Mental) y el especialista en actividad física Javier Butragueño pusieron sobre la mesa una realidad que durante años se ha simplificado en exceso: la obesidad no es una cuestión de voluntad, sino una enfermedad compleja que requiere un abordaje integral.
Durante décadas, el relato dominante ha sido claro (y profundamente injusto): comer menos y moverse más. Sin embargo, la evidencia científica ha desmontado este enfoque. "La obesidad es una enfermedad multifactorial", explicó el doctor Pablo García Sardón, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, quien recordó que en su desarrollo intervienen factores genéticos, ambientales, psicológicos y sociales.
Este cambio de perspectiva es fundamental porque desplaza la culpa del individuo y la sitúa en un contexto mucho más amplio. No todas las personas responden igual ante los mismos hábitos, y entender esa diversidad es clave para abordar la enfermedad de forma eficaz. Además, las cifras hablan por sí solas: en España, cerca del 50% de la población presenta exceso de peso, lo que convierte la obesidad en un problema de salud pública de primer nivel.
Uno de los grandes errores a la hora de hablar de obesidad ha sido reducirla a un número en la báscula. Sin embargo, el foco ya no está en el peso, sino en la grasa corporal y en su comportamiento. "Cuando hablamos de obesidad no estamos hablando solo de peso, sino de un exceso de grasa disfuncional", explicó la endocrinóloga Laura Bartolomé.
Lejos de ser un tejido pasivo, la grasa actúa como un órgano activo que libera hormonas y mediadores inflamatorios capaces de afectar a todo el organismo. El problema aparece cuando el cuerpo supera su capacidad de almacenarla de forma segura y ésta comienza a acumularse alrededor de órganos vitales, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes o patologías cardiovasculares.

Si la obesidad es compleja desde el punto de vista médico, lo es aún más desde el emocional. El estigma sigue siendo una de las principales barreras a la hora de abordarla. "El paciente que tiene obesidad ya sabe que la tiene", señaló el doctor García Sardón, quien subrayó la importancia de iniciar esta conversación desde el respeto y generando un entorno de confianza.
Muchas personas acuden a consulta tras haber vivido experiencias en las que su problema se ha reducido únicamente a su peso, incluso cuando acudían por otros motivos. Esto genera frustración, rechazo y una profunda desconexión con el sistema sanitario.
Desde la psicología, Yolanda Bueno explicó que este tipo de vivencias dejan huella: "se activa la culpa, la frustración y una autocrítica constante", lo que dificulta aún más cualquier proceso de cambio.
En una sociedad marcada por la inmediatez, la obesidad se ha convertido en el objetivo de soluciones rápidas que prometen resultados en poco tiempo. Dietas extremas, ayunos prolongados o métodos virales que rara vez son sostenibles. "No vamos a encontrar soluciones ni rápidas ni milagrosas para un problema que es de salud", advirtió la doctora Bartolomé.
El enfoque, coinciden los expertos, debe ser personalizado y sostenido en el tiempo. Porque no existe una única forma de obesidad, sino múltiples realidades que requieren un acompañamiento adaptado a cada persona.

El ejercicio físico también necesita un cambio de narrativa. Durante años se ha planteado como una forma de compensar lo que se come, generando una relación poco saludable con el movimiento. "Muchas personas utilizan el ejercicio como castigo", explicó el especialista en actividad física Javier Butragueño.
Frente a este enfoque, los expertos proponen entender el ejercicio como una herramienta de salud integral. No se trata de alcanzar objetivos estéticos, sino de mejorar el bienestar físico y emocional. "El ejercicio bien planteado regula el estrés, mejora la salud metabólica y es un seguro de vida", recordó Butragueño, insistiendo en la importancia de la progresión y la constancia frente a la exigencia inmediata.
Uno de los grandes consensos del encuentro fue la necesidad de abordar la obesidad desde una perspectiva biopsicosocial. Es decir, teniendo en cuenta no solo el cuerpo, sino también la mente y el entorno.
La relación con la comida, la percepción del propio cuerpo, el contexto familiar o las experiencias previas influyen directamente en la capacidad de una persona para adoptar y mantener hábitos saludables. Por eso, el acompañamiento es fundamental. "Cambiar hábitos no es solo cuestión de información", se destacó durante la sesión, sino también de apoyo, comprensión y un entorno que facilite ese cambio.

La obesidad está asociada a más de 200 enfermedades y sigue aumentando a nivel global, pero el cambio empieza por algo mucho más básico: la forma en la que hablamos de ella. "Estamos empezando a tratar la obesidad como la enfermedad de base que es", señaló el doctor García Sardón, poniendo el foco en un objetivo que va más allá del peso: mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes.
Detrás de cada cifra hay una historia y solo desde la empatía, la ciencia y el respeto es posible construir una conversación y un abordaje verdaderamente transformador.
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