























La autora compartió con las lectoras los recuerdos reales que inspiran su novela, una historia atravesada por el exilio, el miedo y la fortaleza de quienes tuvieron que reconstruir su vida desde cero.
Publicado por Alicia Rivera
Periodista especializada en comunicación de moda
Creado: 17.04.2026 | 19:33 Actualizado: 17.04.2026 | 19:33
En el último encuentro del Club de Lectura Mía, lectoras y amantes de la literatura se reunieron en el Hotel Hospes Puerta de Alcalá para conversar con la escritora Mayte Magdalena. Más allá de presentar su novela Vientos de ira, la autora propuso un recorrido por la memoria familiar, rescatando historias no contadas y acercando a las asistentes a una época que, aunque lejana, sigue dejando huella en nuestro presente.
La historia de Vientos de ira nace de un impulso muy personal. Tras cerrar una etapa literaria centrada en la familia materna, Mayte Magdalena sintió que había algo que no podía dejar atrás: la historia de su padre. "Se merecía que no le olvidara", explicó durante el encuentro, dejando claro que la escritura, en su caso, no es solo creación, sino también memoria y reparación emocional.
A través de sus palabras, quedó patente cómo el proceso de escritura se convirtió en una forma de duelo y de entendimiento. Recordar lo vivido, reconstruir los relatos escuchados en la infancia y darles sentido desde la mirada adulta fue clave para levantar una novela que mezcla realidad y ficción, pero que está profundamente anclada en la verdad emocional.
Mayte Magdalena en el Club de Lectura Mia. Foto: Alberto CarrascoUno de los temas centrales de la conversación fue el papel de las mujeres durante la guerra y la posguerra. Un papel que, como subrayó la autora, ha sido históricamente olvidado. Mientras los relatos oficiales hablan de frentes y batallas, ellas quedaron en un segundo plano, sosteniendo la vida en medio del caos.
Mayte Magdalena pone el foco en esas mujeres que, de la noche a la mañana, tuvieron que convertirse en cabeza de familia. Sin recursos, sin preparación y con la responsabilidad de sacar adelante a hijos, mayores y hogares enteros, desarrollaron una capacidad de resistencia extraordinaria. Historias de supervivencia que incluyen desde inventar comida donde no la había hasta asumir riesgos extremos para proteger a los suyos.
La autora también reflexionó sobre el miedo como elemento constante en aquella época. Un miedo que no entendía de bandos y que condicionaba cada decisión, cada gesto y cada silencio. "Nadie estaba a salvo", resumió, describiendo un contexto en el que la incertidumbre era la única certeza.
En ese escenario, la línea entre el bien y el mal se volvía difusa. La guerra, explicó, tiene la capacidad de sacar lo peor del ser humano, pero también lo mejor. Hubo traiciones, sí, pero también actos de generosidad y valentía que hoy siguen sorprendiendo. Esa complejidad moral es precisamente uno de los pilares de Vientos de ira, una novela que huye de los juicios simples para adentrarse en la realidad humana.
Mayte Magdalena y Macarena Orte, subdirectora de Marie Claire en el Club de Lectura Mia. Foto: Alberto CarrascoUno de los momentos más impactantes del encuentro llegó al hablar del exilio. Lejos de ser una solución, para muchas familias fue el inicio de una nueva forma de sufrimiento. Llegar a otro país sin nada, en condiciones precarias y sin saber qué iba a ocurrir al día siguiente era una realidad habitual.
Mayte Magdalena quiso desmontar la idea romántica del exilio como salvación. En su novela, como explicó, las decisiones no eran sencillas ni evidentes. Quedarse o marcharse implicaba asumir riesgos enormes, muchas veces sin saber cuál era el camino correcto. "Las decisiones entonces te llevaban la vida", afirmó, recordando que cada elección arrastraba no solo a la persona, sino a toda su familia.
A pesar de la dureza de los testimonios y las historias, Vientos de ira no es una novela derrotista. Todo lo contrario, es un relato sobre la resistencia, sobre la capacidad de seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.
Los personajes que habitan sus páginas se caen, se rompen y dudan, pero encuentran la fuerza para levantarse. No por heroísmo, sino por necesidad. Porque había hijos que cuidar, vidas que reconstruir y un futuro que, aunque incierto, merecía la pena intentar.
Esa resiliencia, explicó la autora, es precisamente la herencia invisible que han recibido las generaciones posteriores. Gracias a esa capacidad de aguantar, de adaptarse y de seguir, hoy podemos mirar atrás y entender de dónde venimos.
Mayte Magdalena y Macarena Orte, subdirectora de Marie Claire, respondiendo a las lectoras en el Club de Lectura Mia. Foto: Alberto Carrasco El encuentro terminó con una reflexión que conectó especialmente con el público: la importancia de no perder la memoria. Mayte Magdalena insistió en la necesidad de escuchar a las generaciones mayores, de recuperar esas historias que muchas veces no se contaron por miedo o por dolor.
"Hemos perdido la cultura oral", lamentó, recordando que antes las historias se transmitían de viva voz, mientras que hoy corremos el riesgo de que desaparezcan con quienes las vivieron.
Más allá de la novela, su mensaje fue claro: mirar al pasado no es quedarse en él, sino entender quiénes somos. Porque en esos recuerdos, en gestos cotidianos, en costumbres heredadas, en pequeñas manías familiares, sigue viva una parte esencial de nuestra identidad.
Tras el encuentro, las asistentes pudieron seguir compartiendo impresiones en un pequeño cóctel, en el que los vinos de Bodegas Protos acompañaron la velada y pusieron el broche final a una tarde marcada por la literatura y la memoria.
Bodegas Protos en el Club de Lectura Mia. Foto: Alberto Carrasco 此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。