






















La actriz se ha incorporado recientemente a la serie de éxito de Antena 3 y nos ha contado cómo se siente con este nuevo personaje.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Se dio a conocer como ‘La Vane’ en la serie de Telecinco Sin tetas no hay paraíso hace casi 20 años. Tras un periodo de silencio profesional regresa, con más fuerza que nunca, en la piel de Beatriz Lejena, una de las mujeres que viene a revolucionar la trama de Sueños de libertad, la serie diaria líder de audiencia en las sobremesas de Antena 3. Feliz por su regreso a la televisión nos cuenta cómo se encuentra en esta etapa de su vida.
Nacida en Igualada (Barcelona), Xenia Tostado viene de una familia que nada tiene nada que ver con el mundo de la interpretación, pero que le ayudó a cumplir su sueño profesional, algo de lo que está enormemente "agradecida".
Ahora, reside en la isla canaria de Fuerteventura junto a su marido, Rodolfo Sancho, y su hija. Lo hace de una manera sencilla, discreta y tranquila, alejada de la ciudad. Es una gran amante de la naturaleza y tiene un gran amor por los animales. Aunque llevaba años trabajando, el gran salto a la popularidad le llegó con la serie Sin tetas no hay paraíso, donde interpretaba a Vanessa, un personaje con problemas de drogas. Ese papel marcó un antes y un después en su carrera.

Cada personaje que interpreta le imprime una enseñanza. Ahora que se ha incorporado a 'Sueños de libertad', confiesa que Beatriz Lejena, le está enseñando a darse cuenta de que ya no se da "tanto látigo". Por aquí te dejamos la entrevista completa.
Es muy complejo. Creo que la podría analizar mejor un terapeuta. Fíjate, es un personaje roto, una mujer que se mueve por la necesidad de protección. Es visceral, manipuladora, no tiene definidos sus límites y cuando quiere algo, va a por ello y no sabe diferenciar si lo que hace está bien o mal. Se deja llevar por el instinto. Se ve envuelta en situaciones muy complejas, de las que no sabe muy bien cómo salir.

De mí como actriz estoy aprendiendo a conocerme y me doy cuenta de que soy mucho más madura, más tranquila, de que acepto el error y que no me doy tanto látigo. Tengo que seguir aprendiendo a ser buena conmigo misma. Cada vez reconozco en mí todo lo bueno que hay y las herramientas maravillosas con las que me muevo en la vida. Espero que siga siendo así. Me he dado cuenta de todo esto con este personaje, que me recuerda que soy flexible y comprometida.
Yo creo que se cuenta un poco el sufrimiento de la mujer en aquella época. El encorsetamiento, la necesidad del beneplácito del hombre para moverse y para decidir. Es duro pero lo conocemos muy bien porque lo hemos visto con nuestras abuelas, y hay un poco de esa herencia todavía en nosotras. Yo creo que por eso, a nivel social, estos temas que tocan a la mujer y las relaciones nos mueven mucho y esta serie habla bastante de eso.

No, para nada. Te hablo por mí, pero creo que, en general, ninguno de los actores estamos pensando en las audiencias. Obviamente te alegras cuando los datos son buenos. Yo vengo a trabajar todos los días con la ilusión y las ganas de hacer bien mi trabajo y de estar bien con la gente con la que trabajo.
Fíjate que más que un referente fue un impulso vital. Y esto lo he hablado incluso con mis padres, sobre la suerte de haber tenido claro el camino. Obviamente tuve gente alrededor que me acompañó y arropó, pero no tuve un referente que me moviera, sino un impulso interno que me empujó hacia el camino que escogí.
Sí, soy luchadora en general, en la vida, y creo que los sueños hay que perseguirlos, los de verdad, los que nos mueven, los que nos impulsan hacia delante, que es la única dirección posible realmente.

Qué buenos recuerdos tengo de aquella época. Nadie se esperaba ese éxito y, de hecho, teníamos mucho miedo por el título que llevaba la serie. Eran unos personajes bastante difíciles encarnados por niñas porque éramos muy jóvenes. Yo tenía 26 años, era de las más mayores, pero realmente encarnábamos personajes de 19 ó 20 años contando cosas muy duras, de una realidad oculta pero existente. Nunca nos esperábamos el éxito y el impacto que tuvo. Quizá Miguel Ángel Silvestre un poco más expuesto porque fue muy grande lo que le pasó, tanto a él, como a Amaia Salamanca. Creo que éramos un equipo artístico muy sano, con los pies en el suelo, y lo vivimos arropándonos mucho los unos a los otros. Y recuerda que no existían las redes sociales.
No lo sé, me da miedo pensarlo porque yo creo que el tema de las redes sociales tiene algo muy positivo y bien utilizado es maravilloso, pero luego tiene algo incontrolable y poco regulado. Me alegro mucho de haber vivido esa etapa de la forma que fue. Es verdad que la prensa estaba más activa en ese momento con el fenómeno fan, pero no había esa sobreexposición de las redes. Creo que hubiese sido muy distinto.

No soy muy disciplinada con el tema de la belleza si te soy sincera. Lo primero que hago es quitarme el maquillaje porque a mí me molesta muchísimo. En mi día a día, voy con la cara lavada. Además, es que yo me veo mejor sin maquillaje. Y cuando tienes una edad en la que empiezan las arrugas y las bolsas, el maquillaje creo que lo acentúa. Lo llevo muy bien pero me veo mejor con la cara lavada.
El desapego es totalmente necesario para vivir esto de una manera sana. Ya cada vez que empiezo o termino un proyecto paso un pequeño duelo al tener que despedirme de una etapa, que ha podido ser preciosa o no, pero, en la mayoría de los casos, siempre he tenido mucha suerte y termino con mucho agradecimiento y con un poco de pena, pero mirando al futuro y a lo que viene por delante.
Esta entrevista se publicó originalmente en la revista de papel 2060. Autor original Sonia Murillo / Edición y adaptación digital: Paula Manso
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