




























Estas 8 claves prácticas te ayudarán a mantener una salud del sueño y descansar mejor cada día.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Dormir bien no debería ser un lujo, aunque para muchas personas empieza a parecerlo. Cada vez cuesta más desconectar, conciliar el sueño y levantarse con sensación de descanso. El ritmo diario, las pantallas, el estrés o los horarios tardíos pueden pasar factura casi sin darnos cuenta.
Sin embargo, pequeños cambios en la rutina pueden marcar una gran diferencia y ayudarnos a recuperar un descanso más profundo y reparador. Descubre cómo dormir mejor y compaginarlo con cómo mejorar la postura a partir de los 50 en 4 semanas.

Conciliar el sueño con facilidad, no despertarse varias veces y levantarse con energía debería ser lo habitual. Pero cada vez más personas pasan la noche dando vueltas en la cama o mirando el reloj de madrugada.
Según datos de la Sociedad Española de Neurología, cerca de la mitad de la población adulta sufre algún problema relacionado con el sueño. Entre los factores más frecuentes aparecen el estrés, las preocupaciones, los horarios irregulares, el exceso de pantallas y hábitos como tomar café o cenar tarde.
Dormir mal no solo provoca cansancio al día siguiente. También afecta a la concentración, la memoria, el estado de ánimo e incluso al sistema inmunológico. A largo plazo, el descanso insuficiente puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión o ansiedad.
Dormir muchas horas no garantiza necesariamente un buen descanso. La calidad del sueño depende también de completar correctamente los ciclos de sueño.
Durante la noche alternamos fases de sueño ligero, profundo y REM. Cada una cumple una función esencial: recuperación física, consolidación de la memoria y regulación emocional.
Cuando el sueño se interrumpe constantemente —por despertarse varias veces, acostarse demasiado tarde o dormir con ruido y luz— esos ciclos no llegan a completarse correctamente y el descanso pierde calidad.

Dormir bien empieza mucho antes de meterse en la cama. La última parte del día influye directamente en cómo descansamos por la noche. Mantener horarios estables y reducir la actividad progresivamente ayuda al cuerpo a prepararse para dormir.
La exposición a la luz solar durante las primeras horas del día ayuda a regular el reloj interno del cuerpo. Abrir las persianas, salir a caminar o desayunar cerca de una ventana son pequeños gestos que pueden mejorar el descanso nocturno.
El café, el té y algunas bebidas energéticas pueden seguir activando el organismo varias horas después de consumirlas. Reducir su consumo a partir de media tarde puede facilitar el sueño por la noche.
El cerebro necesita tiempo para pasar del modo actividad al modo descanso. Por eso conviene evitar cenas copiosas, trabajo intenso o ejercicio exigente justo antes de acostarse.
También es recomendable disminuir la exposición a pantallas al menos una hora antes de dormir. La luz azul del móvil, la tablet o la televisión dificulta la producción natural de melatonina.

Crear hábitos repetidos cada noche ayuda al cerebro a identificar que llega el momento de descansar. Algunas ideas útiles son:
La clave no está en hacerlo perfecto, sino en ser constante.

Muchas veces el problema no es un gran hábito perjudicial, sino pequeñas costumbres cotidianas que alteran el descanso sin que nos demos cuenta. El primero de todos es revisar el móvil en la cama, ya que la estimulación mental y la luz de la pantalla dificultan la desconexión.
Otro pequeño error que evita que durmamos bien es dormir siestas largas, ya que pueden alterar el sueño nocturno. Tampoco es recomendable acostarse a horas distintas cada día ya que el cuerpo funciona mejor con cierta regularidad. Ten en cuenta que, cuando no llega el sueño, permanecer mucho tiempo despierto en la cama puede aumentar la ansiedad.

Aunque ninguna planta es mágica, algunas infusiones y aromas pueden ayudar a crear una sensación de calma que favorezca el descanso.
La melisa se utiliza tradicionalmente para aliviar el nerviosismo y favorecer la relajación. Muchas personas la toman en infusión antes de dormir. Hay infusiones de ciertas plantas que son conocidas cuando se busca relajación:
Algunas personas utilizan aceites esenciales o sprays ambientales para crear una atmósfera más relajante en el dormitorio. La lavanda es uno de los aromas más populares por su efecto calmante.
Las infusiones suelen ser la opción más suave. Los suplementos naturales pueden resultar útiles en algunos casos, pero conviene consultar con un profesional antes de tomarlos de forma habitual, especialmente si se siguen tratamientos médicos.
El descanso no es tiempo perdido. Dormir bien influye en la energía, el humor, la memoria, la concentración y la salud física.
No se trata de dormir perfecto cada noche, sino de cuidar pequeños hábitos que, con el tiempo, pueden marcar una gran diferencia. A veces, descansar mejor empieza simplemente por bajar el ritmo antes de apagar la luz.
Este artículo se publicó originalmente en la revista de papel 2063. Edición y adaptación digital: Paula Manso.
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