




















Con estas opciones naturales, podemos cuidarnos para aliviar ciertas molestias y fabricar diferentes cosméticos.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Cada 20 de mayo se celebra el Día Mundial de las Abejas, una fecha que recuerda la importancia de estos pequeños insectos para el equilibrio del planeta y también para nuestra alimentación. Gracias a su labor de polinización, gran parte de las frutas, verduras y semillas que consumimos existen. Pero además, de la colmena salen productos naturales que desde hace siglos forman parte de remedios tradicionales y rutinas de bienestar.
Miel, jalea real, propóleo, polen o cera de abeja comparten origen, pero no tienen la misma función ni se utilizan igual. Algunos se toman como complemento alimenticio, otros sirven para aliviar molestias concretas y otros tienen un uso más cosmético. Además de conocer las más de 7 virtudes de la jalea real, te contamos cómo se puede aprovechar al máximo lo que las abejas fabrican, de principio a fin.
La miel de abeja es, probablemente, el producto más conocido de la colmena. Las abejas la elaboran a partir del néctar de las flores y destaca por su sabor dulce y su textura suave. Tradicionalmente se utiliza para endulzar infusiones o aliviar pequeñas molestias de garganta y tos puntual.

Aunque tiene propiedades interesantes, conviene recordar que sigue siendo un alimento rico en azúcares. Por eso, las personas con diabetes o quienes necesitan controlar el consumo de azúcar deben tomarla con moderación. Una cucharadita en una infusión templada o acompañando yogur y tostadas suele ser suficiente.
Además de la miel, otro de los productos más populares es la jalea real. Se trata de una sustancia nutritiva que las abejas obreras producen para alimentar a las larvas y a la reina de la colmena. Precisamente por su composición rica en nutrientes, suele asociarse a etapas de cansancio, cambios de estación o momentos en los que se busca un pequeño aporte extra de energía.
La jalea real puede encontrarse en ampollas, cápsulas o en formato fresco. Lo más recomendable es seguir siempre las indicaciones del fabricante y no prolongar su consumo durante largos periodos sin consultar con un profesional.

Con la llegada de los cambios de temperatura o durante los primeros resfriados, el propóleo suele convertirse en uno de los productos estrella. Esta sustancia resinosa es recogida por las abejas de algunas plantas y utilizada para proteger y aislar la colmena.
En el ámbito del bienestar se emplea sobre todo cuando la garganta empieza a irritarse o aparecen molestias leves asociadas al frío. Puede encontrarse en spray, gotas, caramelos o comprimidos. Muchas personas recurren a él durante el otoño y el invierno como apoyo puntual.
Sin embargo, que sea natural no significa que pueda tomarse sin límite. El propóleo también puede provocar reacciones en personas sensibles o alérgicas a productos apícolas, por lo que conviene utilizarlo con prudencia y respetando siempre las dosis recomendadas.

El polen de abeja se obtiene de las flores y contiene proteínas, vitaminas y minerales. Por eso suele consumirse como complemento nutricional, especialmente por quienes buscan enriquecer desayunos o tentempiés de forma natural.
Lo habitual es añadir pequeñas cantidades a yogures, fruta, batidos o ensaladas. Su sabor intenso y ligeramente floral hace que baste una pequeña dosis para incorporarlo a la dieta.
Aun así, no todas las personas toleran igual el polen. En quienes padecen alergias ambientales o sensibilidad al polen puede desencadenar molestias, por lo que es recomendable introducirlo poco a poco y consultar antes con un especialista si existen dudas.

A diferencia de los productos anteriores, la cera de abeja no suele utilizarse como alimento. Las abejas la producen para construir los paneles de la colmena y, desde hace años, se emplea principalmente en cosmética natural.
Es frecuente encontrarla en bálsamos labiales, cremas hidratantes, ungüentos o productos reparadores gracias a su capacidad protectora y emoliente. Ayuda a crear una barrera que protege la piel y evita la pérdida de hidratación.
Los productos de la colmena pueden ser buenos aliados en determinados momentos, pero no son milagrosos ni sustituyen una alimentación equilibrada, el descanso o los tratamientos médicos cuando hacen falta.
La clave está en utilizarlos con sentido común y elegir el producto adecuado para cada necesidad. Porque, aunque todos proceden de la colmena, miel, jalea real, propóleo y polen tienen funciones distintas y también diferentes formas de consumo.
Bien utilizados, pueden convertirse en pequeños apoyos naturales para el bienestar diario y, al mismo tiempo, en una forma de valorar el enorme trabajo que realizan las abejas para el planeta.
Este artículo se publicó originalmente en la revista 2066. Edición y adaptación digital: Paula Manso.
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