
























La autora de 'Cómo llevar una vida organizada', nos explica cómo evitar que el desorden se apodere de nuestra mente.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Entrar en casa después de un día largo debería ser sinónimo de descanso. Sin embargo, cuando el hogar está desbordado de objetos, tareas pendientes y espacios caóticos, la sensación puede ser justo la contraria. Para la organizadora profesional María Leániz (@atelierdelorden), autora de Cómo llevar una vida organizada, de la editorial Hestia, todo es diferente. Y es que, el orden no es una cuestión estética. Más bien es una herramienta que influye directamente en nuestro bienestar emocional.
"El orden no lo resuelve todo, pero aporta estabilidad, reduce ruido mental y mejora la relación que tenemos con nosotros mismos", explica la experta. Una afirmación que desmonta la idea de que organizar la casa consiste únicamente en guardar cosas en su sitio.
Según Leániz, muchas personas intentan combatir el caos doméstico comprando cajas, estanterías o soluciones de almacenaje, cuando el verdadero problema suele estar en otro lugar. "El orden no empieza guardando objetos, empieza tomando decisiones", señala.
La especialista recomienda comenzar por el llamado orden mental. Consiste en detenerse unos minutos para reflexionar sobre cómo queremos vivir, cuáles son nuestras prioridades y qué necesidades tiene nuestra familia en la etapa actual. Solo entonces tiene sentido reorganizar los espacios. Ahora, te contamos las 3 ideas clave que diferencian una casa ordenada y en paz, de una casa llena de caos.

Aunque muchas personas se acostumbran a convivir con el desorden, sus efectos pueden ser más profundos de lo que imaginamos. Leániz advierte de que la desorganización sostenida genera estrés, irritabilidad y una sensación permanente de incapacidad.
"La desorganización no es inocua. Genera desgaste, culpa, resentimiento silencioso y un juicio constante hacia uno mismo", afirma.
Ese desgaste cotidiano puede acabar afectando incluso a la autoestima. Pensamientos como "no llego a todo" o "los demás sí pueden y yo no" aparecen con frecuencia cuando la casa se percibe como un problema imposible de controlar.

Uno de los mensajes más interesantes que plantea María Leániz es que una casa organizada no tiene por qué ser perfecta. De hecho, perseguir estándares imposibles suele generar más frustración que bienestar.
La clave está en construir rutinas realistas y sistemas sencillos que faciliten el día a día. Un hogar funcional es aquel que responde a las necesidades reales de quienes viven en él, no el que parece sacado de una revista de decoración.

Otro aspecto fundamental para mantener el equilibrio en casa es la corresponsabilidad. En muchos hogares, una sola persona asume la planificación, la organización y el seguimiento de todas las tareas domésticas.
"El orden doméstico no debería depender de la memoria, la supervisión y el agotamiento constante de una sola persona", recuerda Leániz.
La solución pasa por establecer acuerdos claros y responsabilidades compartidas. No se trata de controlar constantemente a los demás, sino de crear sistemas que funcionen para toda la familia.
Porque, al final, el orden no consiste en tener una casa impecable, sino en lograr que el hogar trabaje a nuestro favor y no en nuestra contra. Un entorno más organizado puede no eliminar los problemas, pero sí ofrecer algo igual de valioso: más calma, menos estrés y una mayor sensación de control sobre la vida cotidiana.

Artículo original sacado del número 2071 de la revista Mía papel. Autor original: Inma Coca. Edición y adaptación digital: Paula Manso.
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