

























La autora de 'Cómo llevar una vida organizada', María Leániz, lanzado el pasado 16 de junio, tiene claro algo: en equipo todo es mejor.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Mantener una casa ordenada no depende únicamente de limpiar más o de dedicar más horas a las tareas domésticas. En muchas ocasiones, el verdadero problema surge cuando la responsabilidad del hogar recae sobre una sola persona. La experta en orden, María Leániz (@atelierdelorden), explica que provoca cansancio, frustración y conflictos que terminan afectando a la convivencia. Para evitarlo, debemos repartir las tareas de forma equilibrada y crear dinámicas que permitan que todos los miembros del hogar participen activamente.
La autora de Cómo llevar una vida organizada (Hestia), María Leániz, explica que el orden doméstico no debería depender de la memoria, la supervisión constante y el agotamiento de una única persona. Cuando esto ocurre, esa persona se convierte en la gestora invisible de la casa. Es la misma que recuerda todo, anticipa problemas, organiza, repite instrucciones y corrige continuamente. Una situación que, con el tiempo, genera un gran desgaste emocional y mucho resentimiento.
La experta, además de explicar 2 claves de por qué acumulamos más de lo que necesitamos en casa , estas son 4 claves para repartir responsabilidades sin que la casa se convierta en una batalla diaria.

Uno de los errores más habituales es pensar que repartir tareas es solo en recordar continuamente a los demás lo que tienen que hacer. Sin embargo, para María Leániz la clave está en crear sistemas claros y asumidos por todos.
Cada miembro de la familia debe saber qué se espera de él, dónde va cada objeto, qué hacer al llegar a casa o cómo se gestionan determinadas tareas cotidianas. Cuando existen normas sencillas y conocidas por todos, disminuyen los olvidos y se evitan muchas discusiones.
El objetivo es que las responsabilidades formen parte de la rutina diaria y no dependan de que una persona esté supervisando constantemente al resto.

Muchas discusiones domésticas no nacen por falta de colaboración, sino por la necesidad de control. Es habitual que quien suele organizar la casa quiera que las tareas se realicen exactamente de la misma forma que él o ella las haría.
Sin embargo, convivir implica aceptar que nadie hace las cosas exactamente igual que nosotros. La experta recuerda que renunciar a una parte del perfeccionismo es necesario para ganar tranquilidad y fomentar la corresponsabilidad.
Si una tarea está hecha correctamente, aunque no se haya realizado siguiendo el método que nosotros habríamos elegido, es importante valorar el esfuerzo y evitar corregir constantemente. De lo contrario, muchas personas terminan desmotivándose y dejan de colaborar.

Según María Leániz, en ocasiones somos nosotros mismos quienes reforzamos un reparto desigual de las responsabilidades. Sin darnos cuenta, asumimos el papel de persona imprescindible porque nos aporta una cierta satisfacción personal.
Somos quienes sabemos dónde está todo, quienes resolvemos cualquier problema doméstico y quienes respondemos a todas las preguntas. Aunque pueda parecer útil, mantener ese papel de forma permanente resulta agotador.
Además, esta dinámica tampoco beneficia al resto de convivientes, ya que limita su autonomía y les impide desarrollar habilidades y responsabilidades que necesitarán a lo largo de su vida. Delegar, enseñar y permitir que otros asuman tareas es una parte fundamental para conseguir una distribución más equilibrada del trabajo doméstico.

Cuando aparecen tensiones en casa, muchas familias intentan solucionarlas mediante largas conversaciones cargadas de reproches. Sin embargo, la experiencia demuestra que suelen funcionar mejor los pequeños acuerdos que se mantienen de forma constante.
Establecer compromisos concretos, realistas y fáciles de cumplir ayuda a que todos participen y evita que las responsabilidades vuelvan a recaer sobre la misma persona. Lo importante no es alcanzar la perfección, sino construir hábitos que favorezcan la colaboración diaria.
Como señala María Leániz, el objetivo final no es tener una casa perfecta, sino crear un hogar donde la carga cotidiana esté repartida y nadie tenga que asumir en solitario toda la organización familiar. Cuando todos participan, el orden resulta más fácil de mantener y la convivencia mejora considerablemente.
Artículo original sacado del número 2071 de la revista Mía papel. Autor original: Inma Coca. Edición y adaptación digital: Paula Manso.

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