

















El doctor Martínez asegura que hay señales claras de que la diabetes puede estar presente en tu vida ya.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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La glucosa es la principal fuente de energía del organismo, pero cuando sus niveles permanecen elevados durante demasiado tiempo pueden convertirse en un riesgo silencioso para la salud. La diabetes y la prediabetes afectan a millones de personas y, en muchos casos, avanzan sin producir síntomas evidentes. Precisamente por eso, aprender a reconocer ciertas señales y actuar a tiempo puede marcar una gran diferencia.
El doctor Martínez, especialista consultado para este reportaje, explica que uno de los principales problemas de la diabetes es que muchas personas conviven con niveles altos de azúcar durante años sin saberlo. “En las primeras fases los síntomas pueden ser leves o confundirse con el cansancio, el estrés o la edad”, señala. Sin embargo, el cuerpo suele enviar pequeñas alertas que conviene escuchar.

Entre las señales más frecuentes destacan la sed constante y la necesidad de orinar con más frecuencia. Cuando la glucosa aumenta en sangre, el organismo intenta eliminar el exceso a través de la orina, provocando una mayor pérdida de líquidos y, como consecuencia, más sensación de sed. También pueden aparecer cansancio persistente, visión borrosa o mayor facilidad para sufrir infecciones.
El especialista recuerda que estos síntomas no siempre significan diabetes, pero sí justifican realizar una analítica para comprobar los niveles de glucosa. “Un análisis sencillo permite detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones importantes”, afirma.

Antes de desarrollar diabetes tipo 2 existe una fase previa llamada prediabetes. En ella, los niveles de glucosa están por encima de lo normal, aunque todavía no alcanzan el criterio diagnóstico de diabetes. Lejos de ser una condena, los expertos insisten en que esta etapa representa una gran oportunidad para prevenir la enfermedad.
“La buena noticia es que muchos casos pueden revertirse con cambios en el estilo de vida”, explica el doctor Martínez. Mantener un peso saludable, aumentar la actividad física y mejorar la alimentación ayudan a recuperar el control del azúcar en sangre y reducen significativamente el riesgo de progresión.

Caminar al menos treinta minutos al día, disminuir el consumo de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, y priorizar alimentos frescos son algunas de las medidas más recomendadas. Los expertos también aconsejan aumentar el consumo de fibra mediante frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, ya que contribuyen a que la glucosa se absorba más lentamente.
Reducir el azúcar añadido es importante, pero los especialistas recuerdan que no basta con eliminar el azúcar del café o evitar los postres. La salud metabólica depende del conjunto de hábitos diarios. Dormir bien, controlar el estrés y mantenerse físicamente activo son factores igual de importantes.

“El ejercicio mejora la sensibilidad del organismo a la insulina y ayuda a estabilizar los niveles de glucosa”, señala el experto. Incluso actividades sencillas como caminar, bailar o subir escaleras pueden aportar beneficios cuando se realizan de forma constante.
Además, conviene prestar atención a otros síntomas menos conocidos relacionados con niveles altos de glucosa, como heridas que tardan en cicatrizar, infecciones urinarias repetidas o aumento del apetito. Aunque pueden deberse a otras causas, nunca deben ignorarse si aparecen de manera continuada.

Los especialistas coinciden en que detectar las alteraciones del azúcar en sangre a tiempo permite evitar complicaciones futuras relacionadas con el corazón, la vista, los riñones o la circulación. Por eso, recomiendan realizar controles periódicos especialmente a partir de los 45 años o antes si existen antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso o hipertensión.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Adoptar pequeños hábitos saludables de forma constante puede ayudar no solo a prevenir la diabetes, sino también a mejorar la calidad de vida y el bienestar general. Escuchar las señales del cuerpo y consultar al médico ante cualquier duda es el primer paso para cuidar la salud a largo plazo.
Este artículo se publicó originalmente en la revista 2067. Edición y adaptación digital: Paula Manso.
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