





















Pese a que Anna Wintour siempre tiene un listado de alimentos prohibidos, este año ha añadido hojas verdes y chocolate en el menú.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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La Met Gala 2026 no solo volvió a deslumbrar por su alfombra roja y su despliegue de moda, sino también por una propuesta gastronómica que elevó la cena a la categoría de arte. En el icónico Templo de Dendur, la experiencia culinaria fue concebida como una extensión de la exposición y la escenografía, en un diálogo constante entre diseño, narrativa y sabor.

La revista de moda Vogue ha desvelado, después del evento todos los entresijos de la propuesta gastronómica. El diseñador del evento, Raúl Àvila, apostó por una atmósfera inspirada en los jardines del norte de Italia. Esta influencia se materializó en cada detalle: desde los manteles a medida con rayas verdes y blancas hasta las sillas de jardín diseñadas especialmente para la ocasión. Los centros de mesa, compuestos por frutas frescas como granadas, peras, uvas negras, alcachofas y kumquats, junto a flores de jardín, reforzaban la sensación de estar en un espacio vivo y orgánico.
El acceso al comedor también formaba parte de la narrativa. Los invitados atravesaban una abertura diseñada para parecer una pared “ligeramente decadente y romántica”, evocando los muros envejecidos de los jardines italianos. El escenógrafo Derek McLane, colaborador habitual de la gala, comparó la velada con una producción de Broadway de una sola noche, donde cada edición presenta una identidad única.
La propuesta gastronómica, a cargo de Olivier Cheng Catering, siguió esta misma línea conceptual. El menú se estructuró en tres capítulos: el jardín, la estatua y la silueta. Cada uno representaba una etapa del recorrido artístico y sensorial, conectando la decoración con la exposición del Instituto del Vestuario.

“Los tres capítulos te llevan a un viaje culinario que refleja el espíritu de la exposición”, explicó Cheng. La intención era clara: no solo alimentar, sino contar una historia a través de los ingredientes, las formas y la presentación.

La cena comenzó con un aperitivo que capturaba la esencia primaveral: una burrata presentada como si fuera un tomate verde. Este efecto se lograba gracias a un delicado uso de agua de tomate teñida con hierbas. El plato se completaba con una ensalada de tomate verde, flor de saúco, piñones y grosellas.
El resultado era una celebración del crecimiento y la estacionalidad, un homenaje a un jardín que, según el propio Cheng, “se moldea en lugar de domesticarse”. La frescura y la ligereza marcaban el tono del resto de la velada.

El segundo capítulo apostó por una propuesta más contundente y visualmente impactante. El protagonista fue un costillar de cordero, acompañado de panna cotta de colmenillas, ñoquis de parmesano, espárragos, zanahorias, guisantes y menta.
Más allá del sabor, el plato destacaba por su carácter escultórico. “Es un elemento muy potente, muy majestuoso”, señaló Cheng. La composición evocaba una pieza artística, en línea con la temática de la gala, donde la moda y el arte dialogaban constantemente.

El cierre del menú fue el momento más directamente vinculado a la exposición “Arte del Vestuario”. El postre se dividió en tres creaciones, cada una inspirada en una silueta seleccionada por Anna Wintour y Andrew Bolton.
El primero reinterpretaba un vestido de Alexander McQueen de la colección “Voss” (2001): chocolate con infusión de frambuesa, bizcocho red velvet y crema de chocolate con frambuesa, jugando con tonos rojos y oscuros.
El segundo, una pavlova de fresa con crema de maracuyá y microbrotes de amaranto burdeos, se inspiraba en el dramático abrigo de Robert Wun (2023). Finalmente, un moca de chocolate blanco con bizcocho de cacao y ganache de chocolate negro evocaba un traje de Christian Dior de 2024.
Más allá de la técnica culinaria, la propuesta de Cheng y el chef ejecutivo Shane O’Neill buscaba sorprender y emocionar. Cada plato fue concebido como una pieza de arte comestible, donde lo visual tenía tanto peso como el sabor.
Así, la Met Gala 2026 reafirmó su capacidad para trascender la moda y convertirse en un evento total, donde diseño, gastronomía y escenografía se fusionan en una experiencia irrepetible. La cena, lejos de ser un complemento, se consolidó como uno de los grandes protagonistas de la noche.
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