


























El yacimiento de Halberton, amenazado por décadas de actividad agrícola, está revelando pistas inesperadas sobre cómo vivían las élites romanas en el extremo occidental de Britania.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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La campiña del suroeste de Inglaterra guarda bajo sus campos una historia que, durante siglos, pasó completamente desapercibida. Lo que parecía una extensión agrícola más en las proximidades de Halberton, en el condado de Devon, se ha convertido ahora en el centro de una investigación arqueológica que podría cambiar la imagen que se tenía de la presencia romana en esta región de Britania.
El hallazgo no se produjo de forma espectacular ni a raíz de una gran excavación institucional. Todo comenzó hace años, cuando un detectorista local encontró varios objetos romanos dispersos en la zona. Aquellos primeros indicios despertaron el interés de arqueólogos y especialistas, que empezaron a sospechar que bajo el terreno cultivado podía esconderse algo mucho más importante.
Con el paso del tiempo, las prospecciones geofísicas y los trabajos de campo fueron confirmando que el lugar conservaba restos de varias construcciones antiguas. Aparecieron fragmentos de cerámica, monedas, broches metálicos y materiales de construcción típicamente romanos. Sin embargo, el verdadero problema estaba sobre la superficie: décadas de arado intensivo habían comenzado a destruir lentamente las estructuras enterradas.
Tal y como ha revelado el proyecto SHARE —acrónimo de Saving Halberton’s Ancient Roman Environment— los expertos temen que buena parte del yacimiento pueda desaparecer en pocos años si no se documenta cuanto antes. Por eso, universidades, arqueólogos profesionales y voluntarios locales han puesto en marcha una campaña de excavación de cinco años para estudiar y preservar el enclave antes de que el daño sea irreversible.
Devon nunca ha sido considerada una de las grandes zonas romanas de Britania. A diferencia de regiones como Gloucestershire o Wiltshire, donde abundan las villas y complejos rurales de época imperial, en este territorio apenas se han confirmado unos pocos asentamientos de alto nivel.
Precisamente por eso, el interés de Halberton ha crecido de forma tan rápida entre los investigadores. Cada nuevo muro, zanja o fragmento hallado aporta información extremadamente valiosa sobre cómo se organizaba la vida en el extremo occidental del dominio romano.
Las primeras excavaciones permitieron identificar varias edificaciones distintas, algunas de ellas de dimensiones considerables. También aparecieron restos de antiguas divisiones agrícolas, fosos y superficies pavimentadas que sugieren una planificación compleja del paisaje. No se trataba simplemente de una granja aislada.

Los arqueólogos comenzaron entonces a sospechar que el asentamiento pertenecía a una familia acomodada vinculada a la administración o al comercio regional. Pero todavía faltaba una prueba definitiva que confirmara el carácter excepcional del lugar.
Esa confirmación llegó en 2021, cuando una pequeña zanja de evaluación sacó a la luz uno de los elementos más inesperados de toda la excavación.
El hallazgo del mosaico confirma que esta villa perteneció probablemente a una familia acomodada de la Britania romana.
Bajo una capa de tierra removida durante siglos por maquinaria agrícola apareció parte de un mosaico romano decorado con teselas rojas, negras y blancas. Aunque el dibujo estaba parcialmente destruido, los especialistas comprendieron enseguida que se encontraban ante un descubrimiento extremadamente raro para esta zona de Inglaterra.
Tal y como indican los responsables de la excavación, este mosaico policromado podría ser el ejemplo más occidental identificado hasta ahora en toda Britania romana. Y ese detalle cambia enormemente la importancia histórica del yacimiento.
Los mosaicos no eran simples adornos. En el mundo romano representaban riqueza, prestigio social y acceso a artesanos especializados. Solo las residencias de cierto nivel económico podían permitirse este tipo de decoración, especialmente en regiones alejadas de los grandes centros urbanos del Imperio.
La aparición de las teselas permitió además reinterpretar otros hallazgos anteriores. Algunos fragmentos arquitectónicos y restos térmicos encontrados en campañas pasadas empezaron a encajar en un escenario mucho más ambicioso de lo que se pensaba inicialmente.
Los investigadores comenzaron entonces a considerar que Halberton no era únicamente una villa rural, sino posiblemente una residencia aristocrática equipada con instalaciones de lujo poco habituales en esta parte de Britania.

Los arqueólogos creen que el complejo estuvo habitado entre los siglos II y IV d.C.
Las excavaciones más recientes han terminado de reforzar esa hipótesis. Durante las campañas realizadas este año, arqueólogos y estudiantes descubrieron nuevas estructuras de piedra y un elemento especialmente llamativo: una construcción revestida con opus signinum, un hormigón impermeable utilizado habitualmente por los romanos en instalaciones relacionadas con el agua.
Este material se empleaba en termas, cisternas, acueductos y piscinas privadas. Su presencia en Halberton ha llevado a los expertos a pensar que la villa pudo contar con un pequeño complejo termal doméstico, algo reservado normalmente a las élites provinciales.
Además, en la zona han aparecido indicios de un posible hipocausto, el sofisticado sistema de calefacción subterránea utilizado por los romanos para calentar habitaciones y baños. Si se confirma, el conjunto demostraría que sus habitantes disfrutaban de un nivel de confort excepcional para la Britania del siglo II o III d.C.
Tal y como ha adelantado el equipo de investigación, parte de los muros encontrados fueron desmontados siglos después para reutilizar sus piedras en otras construcciones. Aun así, los restos conservados permiten reconstruir parcialmente el tamaño y la complejidad del asentamiento original.
La investigación continuará durante los próximos meses con nuevas campañas arqueológicas en las que participarán estudiantes de la Universidad de Exeter y numerosos voluntarios locales. El objetivo no es solo rescatar los restos antes de que desaparezcan bajo el arado, sino también comprender cómo era la vida cotidiana en uno de los rincones más alejados y menos conocidos de la Britania romana.
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