





















Cámaras a 100 metros de profundidad, barcas de madera intactas y un misterioso objeto metálico de 40 metros: el mítico laberinto egipcio descrito en las fuentes antiguas parece ser una realidad. Los sondeos así lo confirman.
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Bajo las arenas del oasis de Fayum, a unos 90 kilómetros al sur de la meseta de Guiza, duerme uno de los mayores secretos de la Antigüedad. El laberinto de Hawara, una construcción subterránea de proporciones casi inimaginables, fue descrito por Heródoto como superior a las propias pirámides, la maravilla más grande jamás erigida por mano humana. Sin embargo, durante siglos ha permanecido inaccesible, atrapado bajo el lodo y las aguas de un canal construido en 1820. Ahora, una misión arqueológica organizada por la Archaeological Rescue Foundation (ARF) y la Mataha Foundation ha obtenido permiso para intervenir en el yacimiento e iniciar su recuperación.
Cuatro expediciones de georradar independientes, llevadas a cabo entre 2007 y 2015, han confirmado que el complejo subterráneo sigue intacto bajo la superficie. Los escáneres revelan una arquitectura monumental: una galería central de al menos 40 por 100 metros, niveles de cámaras a profundidades de entre 40 y 100 metros, y estructuras de una escala comparable a la basílica de Santa Sofía de Estambul. Lo que las fuentes antiguas describían como un palacio de tres mil salas decoradas con estatuas, columnas de mármol y relieves podría ser, sencillamente, real.
El principal obstáculo al que se enfrenten los investigadores no es arqueológico, sino hidráulico. El canal de Bahr Wahbi, trazado por el ingeniero francés Linant de Bellefonds en el primer cuarto del siglo XIX, discurre directamente sobre parte del yacimiento y mantiene muchas de sus cámaras inundadas. Para acceder al laberinto, es imprescindible drenar el agua.
El laberinto de Hawara: lo que las fuentes antiguas describían como un palacio de tres mil salas decoradas con estatuas, columnas de mármol y relieves podría ser, sencillamente, real.

Las descripciones clásicas del laberinto de Hawara asombran por su grandiosidad. Heródoto, quien lo visitó en el siglo V a. C., afirmó que sus doce patios cubiertos, sus dos plantas con un total de tres mil salas y sus infinitos pasillos lo convertían en una obra superior a todas las construcciones griegas juntas, incluidas las pirámides.
Estrabón, en su Geografía, describió techumbres formadas por bloques monolíticos de piedra y columnas labradas de una sola pieza. Plinio el Viejo, en su Historia Natural, por su parte, añadió que el edificio albergaba templos dedicados a todos los dioses de Egipto, capillas con pirámides de 40 codos de altura y una sala superior cuya puerta se abría, provocando un trueno.
Heródoto afirmó que sus doce patios cubiertos, sus dos plantas con un total de tres mil salas y sus infinitos pasillos lo convertían en una obra superior a todas las construcciones griegas juntas.

La tradición académica atribuye la construcción del laberinto al faraón Amenemhat III de la dinastía XII, que reinó entre 1860 y 1814 a. C. Su pirámide de adobe, aún visible en Hawara, habría sido la puerta de acceso al complejo funerario subterráneo.
Sir William Flinders Petrie, pionero de la arqueología, excavó el yacimiento entre 1888 y 1911. Calculó que el edificio original medía al menos 304 metros de largo por 244 de ancho, una superficie suficiente para contener contemporáneamente los grandes templos de Karnak y Luxor. Sin embargo, Petrie encontró tan solo un lecho de fragmentos de piedra: el laberinto había sido cantera durante siglos. Con todo, sus cimientos y cámaras subterráneas permanecían intactos bajo el suelo.
La tradición académica atribuye la construcción del laberinto al faraón Amenemhat III de la dinastía XII, que rgobernó entre 1860 y 1814 a. C.

La historia moderna del laberinto arranca en 2007, cuando William Brown, de la Universidad de Wroclaw, realizó los primeros escaneos. Esos sondeos revelaron el pozo de acceso bajo la pirámide que conduce al laberinto. Brown también perforó el terreno para realizar sondeos que permitieran analizar el nivel freático. De este modo, se determinó que las salas estaban inundadas.
En 2008 y 2009, la expedición Mataha, organizada por el investigador Louis De Cordier junto con el Instituto Nacional de Investigación Astronómica y Geofísica de Egipto (NRIAG) y la Universidad de Gante, recurrió a nuevos escáneres electromagnéticos. Esta tecnología proporcionó las primeras imágenes directas de la estructura subterránea. Con todo, De Cordier y su equipo fueron conminados a no revelar sus hallazgos. El descubrimiento se había convertido en una cuestión de seguridad nacional.
En 2014 y 2015, dos nuevas misiones de teledetección por satélite proporcionaron nuevos datos que, sin embargo, se mantuvieron en secreto hasta 2025, año en el que expiró el acuerdo de confidencialidad firmado por los investigadores. Se reveló lo inimaginable: una galería central monumental, dos barcas de madera completamente ensambladas cerca de la superficie y, en el centro del atrio principal, un objeto metálico de 40 metros de longitud fabricado con un material de firma desconocida.
Los sondeos y escaneos realizados durante los últimos 20 años han detectado un pozo de acceso, galerías y una estructura metálica de 40 metros.
El plan maestro de intervención en el laberinto de Hawara establece una hoja de ruta en varias fases. En primer lugar, se sellará el canal con cemento y se plantará vegetación en la zona norte para desviar el agua a través de las raíces. A continuación, se procederá al drenaje gradual y a la extracción de la arena y el lodo en las cámaras. A largo plazo, se intentará desviar el canal alrededor del yacimiento, una operación de ingeniería costosa, pero técnicamente viable.

La ARF y la Mataha Foundation han unido fuerzas para lanzar la primera fase operativa del proyecto. Contará con la intervención de mecenas, estudiosos y expertos como Louis De Cordier, William Brown, presidente de la Archaeological Rescue Foundation y Filippo Biondi, del Proyecto de Investigación Khafre, quien ha confirmado que realizará un nuevo escaneo en Hawara en cuanto concluya su trabajo en Guiza. Será el análisis de mayor resolución jamás realizado sobre el yacimiento.
Una vez que sea posible penetrar en las estructuras, el equipo empleará fotogrametría de precisión y cámaras de 360 grados para crear un modelo digital completo del laberinto, tal y como se encuentre en ese momento. Además de documentar el yacimiento, el proyecto busca preservar para las generaciones futuras un archivo que, según todas las fuentes antiguas y los datos modernos, podría reescribir nuestra comprensión de la civilización egipcia.
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