




















Científicos analizan miles de huesos de muñeca y encuentran nuevas pistas sobre el origen compartido entre la mano humana y los grandes simios africanos.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
La locomoción de los primeros ancestros humanos continúa siendo uno de los rompecabezas más difíciles de resolver para la paleoantropología. Los científicos llevan décadas tratando de descubrir si el ancestro común entre humanos y chimpancés compartía la peculiar forma de caminar de gorilas y chimpancés actuales. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B vuelve a colocar esta vieja hipótesis en el centro del debate científico y lo hace apoyándose en una parte del cuerpo tan pequeña como decisiva: la muñeca.
El trabajo, liderado por la investigadora Laura E. Hunter, ha analizado miles de huesos carpianos —los pequeños huesos que forman la muñeca— pertenecientes tanto a primates actuales como a especies humanas extinguidas. El resultado, tal y como revela el estudio, es que los humanos modernos compartimos con los grandes simios africanos una serie de rasgos anatómicos muy específicos que podrían proceder de un ancestro adaptado a caminar apoyándose sobre los nudillos.
El estudio no demuestra de manera definitiva que aquel ancestro común se desplazara exactamente igual que los chimpancés modernos. Los investigadores reconocen que todavía faltan fósiles fundamentales para reconstruir con precisión cómo era su locomoción. Sin embargo, las similitudes anatómicas detectadas en la muñeca humana encajan, por ahora, mejor con un origen relacionado con los grandes simios africanos que con cualquier otra hipótesis planteada hasta ahora.
Pero quizá lo más llamativo del hallazgo es que esas antiguas adaptaciones anatómicas vinculadas al movimiento acabaron desempeñando una función completamente nueva millones de años después. Algunas estructuras que originalmente habrían servido para estabilizar la mano durante la locomoción terminaron facilitando la manipulación precisa de objetos, el desarrollo de herramientas y, finalmente, la extraordinaria habilidad manual que distingue hoy a nuestra especie.
La investigación pone el foco en siete pequeños huesos de la muñeca, los llamados carpianos, unas estructuras diminutas pero esenciales para entender la evolución de la mano humana. Estos huesos son los responsables de una combinación biomecánica extraordinariamente compleja: proporcionar fuerza y estabilidad sin perder flexibilidad ni precisión en el movimiento. Gracias a ellos, nuestros ancestros pudieron tanto desplazarse apoyando parte del peso corporal como desarrollar una manipulación cada vez más sofisticada de objetos.
Durante décadas, gran parte de los estudios sobre evolución humana se centraron casi exclusivamente en el cráneo, la pelvis o las extremidades inferiores, claves para comprender el origen del bipedismo. Sin embargo, la muñeca ha comenzado a ganar protagonismo entre los paleoantropólogos porque conserva señales anatómicas muy antiguas. Sus formas y articulaciones funcionan casi como una cápsula del tiempo capaz de preservar rastros de comportamientos locomotores desaparecidos hace millones de años.
Para analizar esas pistas ocultas en los huesos carpianos, el equipo científico recurrió a modelos digitales tridimensionales de altísima precisión, capaces de reconstruir hasta las irregularidades más pequeñas de la superficie ósea. Después aplicaron una técnica matemática avanzada que permite estudiar la geometría completa de estructuras anatómicas extremadamente complejas. Finalmente, combinaron esos datos con sistemas de aprendizaje automático que compararon automáticamente miles de huesos fósiles con muñecas de chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos actuales, buscando patrones evolutivos invisibles a simple vista.
La base de datos utilizada fue enorme: más de 2.000 huesos procedentes de humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y distintos monos, además de 55 fósiles pertenecientes a especies extinguidas como Australopithecus afarensis, Homo naledi, Homo floresiensis y neandertales.

Tal y como indica el estudio, los parecidos más llamativos aparecieron en dos huesos concretos: el semilunar y el piramidal. En humanos y grandes simios africanos presentan una forma extraordinariamente similar, mucho más próxima entre sí que respecto a otros primates.
Para los autores, esa coincidencia difícilmente puede ser casual.
La muñeca humana todavía guarda huellas anatómicas de un pasado evolutivo compartido con los grandes simios africanos.
Los chimpancés y los gorilas caminan apoyando el peso del cuerpo sobre los nudillos de las manos. Esta forma de desplazamiento exige que la muñeca soporte enormes fuerzas de compresión y permanezca relativamente rígida para evitar lesiones.
De acuerdo con el estudio, varias de las características anatómicas presentes hoy en la muñeca humana podrían tener un origen mucho más antiguo de lo que se pensaba. Los investigadores identificaron modificaciones concretas en algunas articulaciones de la muñeca —especialmente en la zona cercana al pulgar— que encajan con adaptaciones relacionadas con una locomoción basada en el apoyo sobre los nudillos, similar a la de chimpancés y gorilas actuales.
Pero lo verdaderamente llamativo es que esas estructuras no habrían desaparecido con el tiempo. Al contrario: millones de años después terminaron desempeñando un papel clave en una capacidad completamente diferente, la manipulación precisa de objetos.
Según plantean los autores, algunas adaptaciones que inicialmente pudieron ayudar a estabilizar la muñeca durante el movimiento acabaron facilitando el uso avanzado de las manos, desde agarrar herramientas hasta realizar movimientos extremadamente precisos. En biología evolutiva, este proceso recibe el nombre de exaptación, un fenómeno por el cual una estructura desarrollada para una función concreta termina siendo reutilizada para otra totalmente distinta.
La investigación también dibuja una evolución mucho menos lineal de lo que tradicionalmente se imaginaba. Entre los antiguos simios arborícolas y los primeros humanos capaces de fabricar herramientas complejas habría existido una larga fase intermedia llena de cambios graduales. Durante ese periodo, los homínidos habrían experimentado distintas formas de locomoción y uso de las manos antes de alcanzar la extraordinaria destreza manual que caracteriza hoy a nuestra especie.
Uno de los hallazgos más fascinantes del estudio es que la evolución de la muñeca humana no ocurrió de golpe. Diferentes huesos cambiaron en momentos distintos, generando combinaciones anatómicas muy extrañas en algunas especies fósiles.
Algunos homínidos tempranos conservaban características propias de simios africanos mientras otros huesos ya empezaban a parecerse a los humanos modernos. En ciertos casos, incluso aparecían rasgos similares a los de monos que caminan apoyando toda la palma de la mano.
Ese patrón “en mosaico” resulta especialmente evidente en especies como Australopithecus afarensis, la especie de Lucy, o en Homo naledi, una de las especies humanas más enigmáticas descubiertas en Sudáfrica.
En Homo naledi, por ejemplo, algunos individuos presentan muñecas sorprendentemente modernas mientras otros conservan rasgos mucho más primitivos. Según el estudio, esto sugiere que las capacidades manuales todavía variaban enormemente dentro de la propia especie.
Los investigadores consideran que esto podría indicar que el uso intensivo y sofisticado de herramientas apareció relativamente tarde en la evolución humana. Aunque algunos homínidos fabricaban utensilios simples desde hacía millones de años, la selección evolutiva que terminó fijando la muñeca moderna pudo ser mucho más reciente.
De hecho, tal y como señala el trabajo, muchas de las características típicamente humanas no parecen estabilizarse completamente hasta etapas avanzadas del género Homo.

Algunos huesos de nuestra muñeca siguen siendo extraordinariamente parecidos a los de los grandes simios africanos
La investigación también destaca el enorme papel del pulgar en la evolución de la muñeca humana.
Las modificaciones más importantes aparecen precisamente en el lado radial de la muñeca, la zona que conecta con el pulgar. Allí, varios huesos cambiaron de posición, se ensancharon y reorganizaron sus superficies articulares para aumentar tanto la estabilidad como la movilidad fina.
Este rediseño permitió movimientos extremadamente precisos y potentes, fundamentales para sostener herramientas, golpear objetos o realizar tareas complejas.
Curiosamente, algunas de esas transformaciones solo fueron posibles gracias a estructuras heredadas de los antiguos simios africanos. Es decir, la muñeca humana moderna no sustituyó completamente la anatomía ancestral, sino que la reutilizó y modificó progresivamente.
Los investigadores consideran que este escenario explica por qué los humanos seguimos compartiendo tantos detalles anatómicos con gorilas y chimpancés pese a nuestras diferencias funcionales actuales.
A pesar de la contundencia de algunos resultados, los autores son prudentes. El estudio no demuestra definitivamente que el último ancestro común caminara sobre los nudillos. También es posible que algunos de esos rasgos estuvieran relacionados con la escalada vertical o con otros comportamientos arbóreos.
Además, el gran problema continúa siendo la falta de fósiles pertenecientes exactamente al periodo en que humanos y chimpancés se separaron evolutivamente hace entre seis y ocho millones de años.
Sin esos fósiles, reconstruir cómo se movía aquel ancestro seguirá siendo una tarea parcialmente especulativa.
Aun así, el trabajo aporta una de las reconstrucciones más completas realizadas hasta ahora sobre la evolución de la muñeca humana y refuerza la idea de que nuestra mano moderna nació a partir de una anatomía mucho más parecida a la de un gran simio de lo que durante años se había imaginado.
La paradoja resulta fascinante: parte de la estructura que hoy nos permite escribir, operar instrumentos quirúrgicos o utilizar teléfonos inteligentes podría haberse originado hace millones de años en animales que caminaban apoyándose sobre los nudillos por los bosques africanos.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。