






















Fundada por el emperador Augusto y olvidada durante dos milenios, Colonia Salaria vuelve a ver la luz. La ciencia desvela cómo Roma transformó un oppidum ibérico en una colonia con un foro monumental.
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En el Alto Guadalquivir, a 17 kilómetros al sur de la ciudad de Úbeda, se esconde uno de los enigmas más singulares de la arqueología romana en España. Bajo un tranquilo olivar de la localidad de Úbeda la Vieja (Jaén) yacen los restos de Colonia Salaria,la única colonia romana de toda la península ibérica que jamás se había investigado de forma sistemática. Durante dos milenios, este asentamiento permaneció en un olvido casi total. Solo un puñado de menciones en las fuentes clásicas y algunos hallazgos numismáticos dispersos daban cuenta de su existencia. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Jaén y la Universidad Complutense de Madrid acaba de cambiar esa historia para siempre.
El estudio, publicado en 2026 en el Journal of Archaeological Science: Reports, presenta los resultados del proyecto PostColonial_ID. Este proyecto aplica un ambicioso conjunto de técnicas no invasivas, como la fotogrametría con drones, el georradar (GPR), la microprospección sistemática de superficie y la mejora digital de fotografías aéreas históricas, para cartografiar el foro de Colonia Salaria.
El hallazgo abre una ventana sin precedentes para analizar cómo Roma materializó su dominio imperial sobre los oppida ibéricos preexistentes. La transformación de ese paisaje indígena en una ciudad romana con foro, templo y criptopórtico constituye uno de los capítulos más fascinantes y, hasta ahora, más oscuros de la historia de Hispania.
Bajo un tranquilo olivar de la localidad de Úbeda la Vieja (Jaén) yacen los restos de Colonia Salaria, la ciudad fundada por Augusto.

Antes de convertirse en colonia, el lugar sobre el que construyó Colonia Salaria se denominaba Iltiraka. Se trataba de un oppidum de primer rango en la jerarquía territorial ibérica del Alto Guadalquivir, con una larga secuencia de ocupación que se documenta desde la Edad del Bronce hasta el periodo islámico.
La fundación de Colonia Salaria se sitúa en el contexto del tercer viaje de Augusto a Hispania, entre los años 16/13 a.C. y el 2-4 d.C., según la evidencia epigráfica disponible. El primer emperador romano impulsó en ese periodo un ambicioso programa de asentamiento de los veteranos legionarios, además de reorganizar el territorio a través de calzadas, en particular la Vía Augusta, que articulaba el sur de la península de norte a sur. Salaria era un nodo estratégico en esa red: se alza en un punto de confluencia de los ríos Jandulilla y Guadalquivir, sobre una serie de mesetas que ofrecen un dominio visual privilegiado del territorio circundante.
A pesar de su relevancia histórica, la investigación arqueológica de este enclave se reducía a prospecciones esporádicas y a una pequeña excavación realizada en 1976, que se centró en contextos de la Edad del Bronce. Ningún proyecto sistemático había abordado el urbanismo romano de la colonia hasta ahora.
Con una superficie estimada de cerca de 4.050 metros cuadrados, los dos recintos identificados están construidos con el hormigón romano por excelencia, el opus caementicium.

Bajo el olivar se conservan dos recintos monumentales articulados en 3 terrazas. Con una superficie estimada de cerca de 4.050 metros cuadrados, están construidos con el hormigón romano por excelencia, el opus caementicium. En el pasado, los recintos estuvieron revestidos con mármoles de los que aún pueden verse fragmentos en el suelo.
El epicentro de la investigación lo ocupa la Zona II del yacimiento, una meseta de 2 hectáreas donde se concentran los indicios de arquitectura monumental romana. Para analizarla sin excavar, el equipo desplegó un sistema de georradar con antenas de 600 MHz capaz de penetrar hasta 80 centímetros de profundidad bajo el suelo.
En la terraza inferior, el georradar identificó posibles pavimentos del foro y muros enterrados. En la terraza media, una anomalía lineal que discurre paralela al gran muro de opus caementicium visible en superficie, de hasta 7,23 metros de altura y 46,80 metros de longitud, revela la posible presencia de un criptopórtico, una galería subterránea cubierta con bóveda que servía para articular los distintos niveles del complejo monumental. Esta solución arquitectónica es característica de los foros coloniales y municipales del periodo augusteo y julio-claudio en Hispania.
En la Zona II del yacimiento, una meseta de 2 hectáreas, se concentran los indicios de arquitectura monumental romana en Salaria.

Sobre la superficie de la Zona II, la microprospección sistemática (una técnica que divide el terreno en celdas de 100 metros cuadrados y registra cada fragmento cerámico o constructivo con precisión GPS en tiempo real) identificó un patrón revelador. En el sector del foro, los fragmentos son escasos, pero de gran peso: se trata de restos de mármol, concentrados casi en exclusiva en la ladera oriental de la meseta. Su escaso grosor, entre 1 y 10 centímetros, indica que se trata de revestimientos parietales, la epidermis de prestigio que Roma utilizaba para cubrir sus edificios públicos. Fuera del foro, en cambio, abundan la cerámica ibérica pintada, la terra sigillata itálica e hispánica y las ánforas.
Las estructuras emergentes del yacimiento refuerzan esta lectura. El gran muro de opus caementicium que divide las terrazas inferior y media presenta una asimetría significativa. La cara occidental, de construcción, carece de revestimiento, mientras que la cara oriental (la que miraba hacia la plaza del foro) conserva las huellas negativas del opus quadratum de arenisca que la recubrió. Una fachada escenográfica diseñada para ser contemplada.
En la terraza inferior, una plataforma axial con peldaños se ha interpretado como el podio del templo principal del foro. Esta plataforma avanzaría hacia la plaza abierta, tal y como sucede en otros casos documentados, como Clunia, Astigi o Tarraco.
Sobre la superficie de la Zona II, se identificaron restos de mármol. Su escaso grosor indica que se trata de revestimientos parietales, la epidermis de prestigio que Roma utilizaba para revestir sus edificios públicos.

Los datos integrados apuntan a un foro de tipo cerrado o en bloque, organizado en dos recintos monumentales jerarquizados y articulados mediante terrazas. La superficie máxima estimada ronda 4.050 metros cuadrados.
Aunque de dimensiones modestas en comparación con las capitales provinciales como Corduba, Tarraco o Emerita, el foro de Salaria encarna la misma lógica de poder. Se buscaba transformar la topografía natural mediante plataformas artificiales, muros de contención y masas de opus caementicium, para imponer un programa monumental que expresara la dignitas cívica y la autoridad de Roma sobre el territorio conquistado.
El estudio subraya que estas técnicas constructivas operaban como instrumentos de transformación del paisaje. Roma no se adaptaba al territorio: lo reescribía. Y lo hacía, en el caso de Salaria, sobre el sustrato vivo de una ciudad ibérica que había sido, hasta pocos decenios antes, el núcleo político y administrativo de toda una región.
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