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Un portátil ha derrotado a la computación cuántica: el mé...
parrasergi · 2026-05-22 · via Muy Interesante

Un equipo de físicos logró simular sistemas cuánticos extremadamente complejos usando redes tensoriales y un ordenador convencional, cuestionando algunas de las grandes promesas actuales de la computación cuántica.

Las redes tensoriales permiten a los investigadores abordar problemas de física cuántica que antes se creían solucionables únicamente mediante ordenadores cuánticos. Crédito: Lucy Reading-Ikkanda/Simons Foundation

Creado: Actualizado:

Un equipo de científicos ha confirmado que un portátil convencional puede resolver problemas cuánticos que, hasta hace apenas unos meses, se consideraban exclusivos de los ordenadores cuánticos. El hallazgo, publicado en Science, utiliza nuevas herramientas matemáticas capaces de comprimir el comportamiento de cientos de qubits en estructuras sorprendentemente eficientes.

La noticia ha sacudido silenciosamente uno de los discursos más repetidos de la última década: la idea de que ciertos problemas físicos estaban definitivamente fuera del alcance de los ordenadores clásicos. Pero ahora, un grupo del Center for Computational Quantum Physics (CCQ) de la Simons Foundation ha demostrado que la frontera entre ambos mundos quizá no estaba tan clara. Y lo hicieron, literalmente, desde un ordenador portátil.

Lo más desconcertante es que el sistema estudiado involucraba cientos de qubits entrelazados, un escenario que crece exponencialmente en complejidad. Hasta ahora, ese tipo de dinámica cuántica era considerada uno de los grandes territorios reservados para la llamada “supremacía cuántica”.

Redes tensoriales: el “archivo ZIP” que comprimió el caos cuántico

El corazón del avance reside en una técnica matemática conocida como tensor networks o redes tensoriales. Aunque el nombre suene abstracto, la idea detrás resulta sorprendentemente intuitiva: comprimir enormes cantidades de información cuántica del mismo modo que un archivo ZIP reduce el tamaño de miles de documentos.

La noticia ha sacudido silenciosamente uno de los discursos más repetidos de la última década.

Los investigadores comparan el estado cuántico completo de un sistema con un objeto gigantesco e imposible de almacenar directamente en memoria. Cada nuevo qubit duplica la complejidad posible. Con cientos de ellos, la cantidad de información supera rápidamente cualquier capacidad informática convencional.

Pero las redes tensoriales permiten reorganizar esa información en pequeñas tablas interconectadas, conservando únicamente las correlaciones esenciales. El resultado es una representación comprimida capaz de reproducir dinámicas extremadamente complejas con recursos mucho más modestos. Y ahí aparece el detalle más inesperado de todo el estudio: gran parte de las simulaciones iniciales se ejecutaron en un simple portátil utilizando una biblioteca de software llamada ITensor.

El físico Joseph Tindall, autor principal del trabajo, explicó que estas estructuras matemáticas funcionan como una especie de “compresión inteligente” del estado cuántico completo. Sin ellas, almacenar la función de onda de cientos de partículas sería sencillamente imposible.

Pero hay algo aún más llamativo: los investigadores no solo lograron ejecutar el problema. También alcanzaron precisiones comparables a las obtenidas por ordenadores cuánticos reales.

Crédito: Sergio Parra / ChatGPT

El desafío que puso en duda la “supremacía cuántica”

Todo comenzó tras un artículo publicado en marzo de 2025 en Science. En él, un grupo de investigadores afirmaba haber resuelto la dinámica de un complicado sistema de qubits usando un ordenador cuántico y sostenía que ningún ordenador clásico podría igualar ese resultado. Aquella afirmación despertó el escepticismo del equipo del CCQ. “Siempre que vemos este tipo de declaraciones, sospechamos un poco”, explicó Tindall. Y decidieron poner a prueba sus herramientas matemáticas.

Lo que encontraron fue inesperado incluso para ellos mismos. Utilizando algoritmos derivados de métodos estadísticos de los años 80 —como la propagación de creencias (belief propagation)— y adaptándolos a sistemas cuánticos modernos, consiguieron reproducir los mismos resultados sin necesidad de hardware cuántico especializado.

La escena tiene algo casi poético: mientras gigantes tecnológicos invierten miles de millones en ordenadores cuánticos refrigerados cerca del cero absoluto, un grupo de físicos demostró que nuevas ideas matemáticas podían recuperar terreno para la computación clásica. 

El problema estudiado incluía sistemas tridimensionales extremadamente difíciles de modelar.

Eso no significa que la computación cuántica haya fracasado. Ni mucho menos. Pero sí revela algo incómodo para el sector: muchas veces, el verdadero límite no está en el hardware, sino en los algoritmos que todavía no hemos descubierto. Y hay un detalle que desconcierta especialmente a los expertos: el problema estudiado incluía sistemas tridimensionales extremadamente difíciles de modelar, un terreno donde las redes tensoriales apenas comienzan a explorarse.

La guerra silenciosa entre ordenadores clásicos y cuánticos

Durante años, la computación cuántica se presentó como el futuro inevitable para resolver ciertos cálculos imposibles. Simular materiales superconductores, descubrir nuevos fármacos o modelar sistemas moleculares complejos parecían objetivos exclusivos de los qubits. Sin embargo, este nuevo trabajo introduce un matiz crucial: los ordenadores clásicos aún están lejos de haber dicho su última palabra.

Los investigadores destacan que existe una relación de “competencia y colaboración” entre ambos mundos. Los avances cuánticos inspiran nuevas técnicas clásicas, y las simulaciones clásicas sirven para verificar si los resultados cuánticos son realmente correctos. En cierto modo, ambas tecnologías evolucionan juntas.

Además, el equipo ya trabaja en problemas todavía más difíciles: sistemas de electrones móviles relacionados directamente con materiales cuánticos reales. Según Miles Stoudenmire, coautor del estudio, esos cálculos son “cuantitativamente mucho más duros”. Si estas nuevas herramientas matemáticas continúan avanzando, podrían retrasar durante años algunas de las aplicaciones prácticas prometidas por la computación cuántica. Porque cada mejora algorítmica amplía el poder de los ordenadores convencionales.

Además, el equipo ya trabaja en problemas todavía más difíciles: sistemas de electrones móviles relacionados directamente con materiales cuánticos reales. 

Y quizá esa sea la lección más fascinante de esta historia: a veces, el progreso científico no depende de construir máquinas más exóticas, sino de encontrar nuevas formas de pensar. En silencio, entre ecuaciones y estructuras matemáticas invisibles, un portátil acaba de recordar al mundo que la imaginación humana sigue siendo la tecnología más poderosa de todas.

Referencias

  • Tindall, Joseph, et al. “Dynamics of Disordered Quantum Systems with Two- and Three-Dimensional Tensor Networks.” Science (2026).https://doi.org/10.1126/science.adx2728.
  • Simons Foundation. “Quantum supremacy just ran into an unexpected rival: An ordinary laptop armed with new math.” Phys.org, 2026.