





















Arqueólogos descubren en Áspero una estructura de 5.000 años que habría servido de observatorio astronómico a la Civilización Caral, la más antigua de América, para predecir las mareas, los ciclos solares y organizar la pesca.
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Áspero no fue un enclave cualquiera. Con sus 18,8 hectáreas de extensión y sus 25 conjuntos arquitectónicos identificados hasta la fecha, este puerto milenario fue un nodo estratégico de la red económica y social de Caral, una civilización que floreció entre el 3000 y el 1800 a. C. y que se estima la más antigua de América. Sus habitantes pescaban anchoveta, comerciaban con pueblos del interior y, según han revelado los nuevos indicios arqueológicos, también escrutaban el cielo.
Un equipo de investigadores, liderado por la doctora Ruth Shady Solís, ha identificado una compleja estructura arquitectónica que podría haber servido como observatorio astronómico. El Ministerio de Cultura de Perú anunció el hallazgo en abril de 2026 a través de la Zona Arqueológica Caral (ZAC), en el marco de la conmemoración del vigésimo primer aniversario de las investigaciones en el yacimiento.
El descubrimiento plantea preguntas fascinantes sobre la relación entre el cosmos y la subsistencia cotidiana en Caral. ¿Cómo usaban los antiguos habitantes de Áspero el movimiento de los astros para organizar su economía? ¿Qué revela la arquitectura de esta estructura sobre el nivel de especialización intelectual alcanzado hace cinco milenios? Las respuestas, aún parciales, son tan asombrosas como la propia Civilización Caral.
Un equipo de investigadores ha identificado en Áspero una compleja estructura arquitectónica de dos niveles que podría haber servido como observatorio astronómico.

Áspero es uno de los asentamientos más singulares de la órbita de la Civilización Caral. Situado en Supe Puerto, provincia de Barranca, región Lima, este enclave costero cumplía una función fundamentalmente pesquera dentro de la red de intercambio caralina. Sus habitantes extraían anchoveta y mariscos que luego se distribuían hacia los valles interiores, donde las comunidades agrícolas del valle del río Supe cultivaban la tierra. Esta complementariedad entre el mar y la sierra fue uno de los pilares de la economía caralina, y Áspero era su puerta de entrada al océano.
Sin embargo, el asentamiento distaba mucho de ser un simple campamento de pescadores. Las excavaciones llevadas a cabo durante más de dos décadas han sacado a la luz una compleja organización social con edificios piramidales, espacios ceremoniales, fogones rituales y entierros de élite que apuntan a una jerarquía consolidada.
Entre los hallazgos funerarios de mayor resonancia destacan la Dama de los cuatro tupus, el Varón de élite y el enterramiento de una niña de alto estatus, envuelta en un manto de plumas de guacamayo y acompañada de un pico de tucán decorado, junto a productos agrícolas de regiones lejanas. Estos objetos certifican la existencia de redes de intercambio de larga distancia que conectaban la costa con la sierra y la Amazonia. En este contexto de alta sofisticación cultural, el reciente descubrimiento de una estructura vinculada a la astronomía resulta coherente, aunque no por ello menos sorprendente.
Su configuración hace que se proyecten sombras sobre la superficie. Se trata, en esencia, de un mecanismo para medir el tiempo mediante la observación de los movimientos del Sol y de la Luna.

La estructura identificada en el Sector J1 del asentamiento es la protagonista del hallazgo. Se halla próxima a los principales edificios piramidales del asentamiento y ofrece una panorámica privilegiada tanto del litoral marino como del valle bajo del río Supe. Desde ese punto estratégico, los antiguos habitantes podían observar el horizonte y seguir el movimiento de los astros en un campo visual despejado y sin obstáculos.
El arqueólogo David Palomino, jefe del proyecto en Áspero, explicó que la construcción se erigió con materiales obtenidos directamente del entorno inmediato. Se usaron cantos rodados y guijarros fijados con arcilla. Lo verdaderamente revelador, sin embargo, es el diseño de la estructura. Su configuración hace que se proyecten sombras sobre la superficie, lo que habría posibilitado el registro sistemático de los ciclos solares y lunares. Se trata, en esencia, de un mecanismo para medir el tiempo mediante la observación de los movimientos del Sol y la Luna.
El observatorio se erigió con materiales obtenidos directamente del entorno inmediato, como cantos rodados y guijarros fijados con arcilla.

Palomino subrayó además que la estructura presenta dos niveles, una característica que no se repite en ningún otro punto conocido de la Civilización Caral. Si bien se han identificado edificaciones similares en la Ciudad Sagrada de Caral y en otros asentamientos de la misma civilización, la versión de Áspero destaca por esta particularidad constructiva.
Los investigadores también identificaron hasta cuatro fases constructivas. Todo parece indicar que la estructura experimentó transformaciones a lo largo del tiempo, pasando de un uso posiblemente más ceremonial a un espacio con plataformas, recintos rituales y elementos simbólicos como huancas y fogones.
El seguimiento de los ciclos solares y lunares permitía a los especialistas caralinos anticipar cambios en las mareas, variaciones climáticas y, en consecuencia, la disponibilidad estacional de los recursos marinos.

¿Para qué servía exactamente este observatorio? Según los investigadores, en Áspero la astronomía era, ante todo, una herramienta de supervivencia y planificación económica. El seguimiento de los ciclos solares y lunares permitía a los especialistas caralinos anticipar cambios en las mareas, variaciones climáticas y, en consecuencia, la disponibilidad estacional de los recursos marinos. Esta información tenía un valor incalculable para una comunidad cuya subsistencia dependía de las faenas de pesca.
Por otro lado, el río Supe presenta variaciones estacionales notables, con periodos de escasez hídrica que se extienden entre abril y noviembre. Conocer con antelación esos ciclos resultaba crucial para coordinar el intercambio entre las comunidades pesqueras de la costa y las agrícolas del interior. Los caralinos, por tanto, necesitaban saber cuándo bajaría el caudal del río para gestionar con eficacia sus reservas de alimentos y sus redes comerciales.
La doctora Ruth Shady Solís lo expresó con nitidez al subrayar que el observatorio surgió del interés por aprender a mitigar los efectos de los cambios climáticos y que la sociedad de Áspero contaba con especialistas dedicados a ese conocimiento. Esta afirmación implica la existencia de una clase intelectual dentro de la estructura social caralina, individuos cuya misión era descifrar los patrones del cosmos para ponerlos al servicio de la comunidad. Cinco mil años antes de los telescopios modernos, el cielo nocturno de la costa peruana ya era un libro abierto para quienes sabían leerlo.
La presencia de esta estructura implica la existencia de una clase intelectual dentro de la estructura social caralina, capaz de descifrar los patrones del cosmos para ponerlos al servicio de la comunidad.

El hallazgo en Áspero cobra una dimensión aún mayor si se considera el contexto civilizatorio en el que se inscribe. La Civilización Caral es reconocida como la más antigua de América, con una cronología que se remonta al 3000 a. C., contemporánea de las grandes civilizaciones del Viejo Mundo como Mesopotamia o el Antiguo Egipto.
Según los arqueólogos, por tanto, mientras en Europa y el Próximo Oriente surgían los primeros imperios, en los valles y costas del Perú florecía una sociedad igualmente compleja. Capaz de desplegar una notable arquitectura monumental, organización política e intercambio comercial a larga distancia, ahora la civilización Caral apunta a la práctica de un conocimiento astronómico sistematizado.
El equipo de la Zona Arqueológica Caral trabaja actualmente en un conjunto de 12 sitios arqueológicos con el objetivo de reconstruir la formación y el desarrollo de esta civilización a lo largo del tiempo. Este nuevo descubrimiento en Áspero reafirma la importancia del asentamiento como centro generador de conocimiento científico en los albores de la civilización americana. La presencia de estructuras similares en otros puntos de la red caralina sugiere, además, que la práctica astronómica pudo haber formado parte de un sistema integrado de observación que se replicaba a lo largo de todo el territorio controlado por Caral.
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