






























Un extraño patrón hallado en cuevas de España y Francia ha llevado a los arqueólogos a replantearse hasta qué punto los neandertales aprovechaban cada parte de los grandes animales que cazaban.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Algo no encajaba en varias cuevas prehistóricas de Europa occidental. Entre huesos fracturados, restos de hogueras y herramientas de piedra aparecían decenas de dientes de rinoceronte aislados, muchos más de los que los arqueólogos esperaban encontrar. En algunos niveles de ocupación, la proporción resultaba incluso desconcertante: apenas quedaban huesos largos del animal, pero los dientes aparecían acumulados de forma repetida.
El caso más llamativo se encontraba en Payre, un yacimiento francés donde cerca del 91% de los restos de rinoceronte correspondían únicamente a piezas dentales. Aquel detalle, que durante años pasó casi desapercibido, terminó despertando la sospecha de varios investigadores europeos. ¿Por qué conservar precisamente los dientes y no otras partes del animal?
La pregunta llevó a un equipo encabezado por Alicia Sanz-Royo, de la Universidad de Aberdeen, y Juan Marín, de la UNED, a revisar colecciones arqueológicas de España y Francia. Tal y como ha revelado el estudio publicado en Journal of Human Evolution, los científicos analizaron centenares de dientes procedentes de enclaves tan conocidos como El Castillo, en Cantabria, o Pech-de-l’Azé II, en Francia.
Lo que encontraron no parecía fruto del azar. Muchos de aquellos dientes mostraban pequeñas fracturas, muescas, surcos y zonas desgastadas que no coincidían con las marcas habituales producidas por la mordedura, la erosión natural o la presión del sedimento. Algunas piezas incluso presentaban impactos repetidos siempre en las mismas zonas, como si hubieran sido golpeadas una y otra vez.
Para comprobar si aquellas señales podían tener un origen humano, el equipo recurrió a una disciplina cada vez más habitual en arqueología: la experimentación. Los investigadores consiguieron dientes de rinocerontes modernos fallecidos de forma natural en zoológicos franceses y comenzaron a utilizarlos en tareas similares a las que habrían realizado los neandertales hace más de 100.000 años.
El objetivo era simple: reproducir actividades cotidianas y observar qué tipo de huellas quedaban sobre el esmalte. Algunos dientes se emplearon para retocar herramientas de sílex y cuarzo. Otros se utilizaron como pequeñas bases de apoyo mientras se cortaban fibras vegetales o cuero. También probaron a golpear piedra directamente sobre las piezas dentales para comprobar su resistencia.

Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores. Tras decenas de pruebas, los dientes modernos comenzaron a mostrar exactamente las mismas marcas que aparecían en los fósiles: pequeñas muescas alineadas, microfracturas, zonas machacadas y arañazos producidos por impactos repetidos.
El hallazgo tenía sentido desde un punto de vista físico. El esmalte de rinoceronte es uno de los materiales biológicos más duros del mundo animal. Su densidad permitía absorber golpes continuos sin romperse con facilidad. Algunos molares utilizados en los experimentos superaban los 380 gramos de peso y ofrecían superficies especialmente estables para trabajos de precisión.
El esmalte de rinoceronte es uno de los materiales biológicos más duros del reino animal, ideal para soportar golpes repetidos
En la cueva de El Castillo, los investigadores identificaron 25 dientes con señales claras de uso entre más de 200 piezas analizadas. Tal y como indica el estudio, muchas de las marcas aparecían en molares superiores concretos, lo que sugiere que los neandertales no escogían cualquier pieza al azar, sino que seleccionaban aquellas más cómodas o resistentes para determinadas tareas.
El trabajo también desmonta otra idea muy extendida sobre estos grupos humanos. Durante décadas, los neandertales fueron representados como cazadores capaces de fabricar herramientas simples, pero poco dados a reutilizar materiales de forma sofisticada. Sin embargo, la investigación apunta justamente en la dirección contraria.
Los dientes no habrían sido simples restos abandonados tras consumir la carne del animal. Todo indica que eran transportados, conservados y reutilizados como parte de un pequeño kit tecnológico. Los arqueólogos creen que pudieron servir como martillos blandos, retocadores para afilar herramientas e incluso como yunques improvisados para trabajar materiales orgánicos.
Además, el estudio plantea una posibilidad interesante: que los grupos neandertales prefirieran rinocerontes de mayor edad. Los dientes más gastados ofrecían superficies más planas y manejables, algo especialmente útil para trabajos repetitivos.

Los investigadores comprobaron que los dientes modernos utilizados en los experimentos desarrollaban exactamente las mismas fracturas y surcos.
La imagen que emerge de esta investigación es la de comunidades capaces de aprovechar prácticamente cualquier recurso disponible en su entorno. Tal y como ha adelantado el equipo científico, los neandertales no solo obtenían alimento de los grandes herbívoros europeos, sino también materiales especializados para su tecnología cotidiana.
El descubrimiento amplía además la lista de materias primas utilizadas durante el Paleolítico medio. A la piedra, la madera, los huesos y las astas se suma ahora un elemento inesperado: los dientes de rinoceronte.
Puede parecer un detalle menor, pero para muchos especialistas supone otra prueba de la complejidad técnica y adaptativa de estos grupos humanos. Cada nueva marca observada bajo el microscopio añade una pieza más a un debate que sigue abierto: hasta qué punto los neandertales desarrollaron capacidades consideradas durante mucho tiempo exclusivas de nuestra propia especie.
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