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El ADN de los pueblos indígenas americanos revela un lina...
christianper · 2026-04-29 · via Muy Interesante

En un hallazgo que reescribe la historia del poblamiento americano, un estudio genómico ha identificado nuevas migraciones y un linaje desconocido.

Tal y como han señalado los investigadores, el poblamiento de América no fue un proceso lineal, sino una sucesión de movimientos humanos complejos y prolongados en el tiempo
Tal y como han señalado los investigadores, el poblamiento de América no fue un proceso lineal, sino una sucesión de movimientos humanos complejos y prolongados en el tiempo. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

La historia del poblamiento de América siempre ha tenido algo de relato inacabado. Sabíamos que los primeros humanos cruzaron desde Asia a través de Beringia hace miles de años, empujados por cambios climáticos y oportunidades ecológicas. También que, una vez en el continente, su expansión fue rápida, casi vertiginosa, hasta ocupar desde Alaska hasta la Patagonia. Pero esa imagen, aparentemente sólida, ocultaba silencios importantes.

Durante décadas, arqueólogos y genetistas han debatido cuántas oleadas humanas dieron forma a este vasto mosaico cultural. La hipótesis dominante hablaba de dos grandes movimientos: uno inicial, hace unos 15.000 años, y otro posterior, miles de años después, que habría dejado huellas visibles en distintas poblaciones. Sin embargo, la falta de datos genéticos de alta calidad —especialmente en comunidades indígenas— dejaba demasiadas preguntas abiertas.

Ese vacío no era menor. Tal y como han señalado numerosos investigadores, la historia genética de los pueblos indígenas americanos ha estado tradicionalmente infrarepresentada en los grandes proyectos científicos. La consecuencia ha sido una visión incompleta, a veces distorsionada, de cómo se formaron estas poblaciones y cómo evolucionaron a lo largo del tiempo.

En paralelo, el propio continente americano planteaba un desafío adicional. No es un territorio uniforme, sino un mosaico de selvas, cordilleras, desiertos y llanuras que han condicionado la vida humana durante milenios. Desde la Amazonía hasta los Andes, cada entorno ha actuado como un laboratorio natural de adaptación, donde las poblaciones desarrollaron respuestas biológicas específicas para sobrevivir.

Un mapa genético que cambia la historia

Ese escenario comienza a transformarse ahora. Un ambicioso estudio publicado en la revista Nature, tal y como ha revelado un equipo internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE: CSIC-UPF), ha construido la mayor base de datos genómicos de pueblos indígenas americanos hasta la fecha.

El proyecto, conocido como Indigenous American Genomic Diversity Project, ha analizado 128 genomas completos de alta calidad procedentes de 45 poblaciones en ocho países latinoamericanos. Al integrar estos datos con otros ya existentes, los investigadores han logrado reunir información de casi 200 individuos pertenecientes a más de 50 grupos distintos.

El resultado no solo amplía el mapa genético del continente, sino que revela algo aún más significativo: más de un millón de variantes genéticas que no habían sido identificadas anteriormente. Tal y como indica el propio estudio, esto confirma que la diversidad genética indígena es mucho mayor de lo que se pensaba, aunque haya sido históricamente invisibilizada.

Estas variaciones no son meras curiosidades científicas. Muchas están relacionadas con funciones esenciales como el sistema inmunitario, el metabolismo o la reproducción. Es decir, son el reflejo de miles de años de adaptación a entornos extremos y cambiantes.

Los científicos sostienen ahora que la ocupación humana de Sudamérica se produjo en tres grandes oleadas
Los científicos sostienen ahora que la ocupación humana de Sudamérica se produjo en tres grandes oleadas. Fuente: Marcos Araújo Castro e Silva

La huella invisible de la colonización

Pero la genética también guarda cicatrices. Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la evidencia de un fuerte “cuello de botella” demográfico asociado a la colonización europea. Epidemias, violencia, desplazamientos y ruptura de estructuras sociales provocaron una caída drástica de la población indígena.

Tal y como han señalado los autores, la diversidad genética actual es solo una fracción de la que existía antes del siglo XVI. Sin embargo, y pese a esa pérdida, persisten señales de continuidad que se remontan a miles de años atrás, lo que demuestra la resiliencia de estas poblaciones.

En este punto, el relato histórico comienza a tensarse. Porque, si bien la genética confirma antiguos procesos de dispersión y aislamiento, también sugiere que las conexiones entre regiones fueron más dinámicas de lo que se creía.

Según revela el estudio, la diversidad genética de los pueblos indígenas americanos es mucho más amplia de lo que se había documentado hasta ahora.

El giro inesperado: una tercera migración

Es aquí donde el estudio introduce su hallazgo más disruptivo. Contra la idea tradicional de dos grandes oleadas, los datos genéticos apuntan a la existencia de una tercera migración hacia Sudamérica.

Según el análisis, este movimiento habría tenido lugar hace aproximadamente 1.300 años y estaría relacionado con poblaciones de Mesoamérica. Lejos de ser un episodio puntual, todo indica que se trató de un proceso gradual, marcado por un aumento progresivo del contacto y el intercambio genético entre regiones.

Tal y como ha adelantado la investigación, esta tercera dispersión dejó una huella clara en las poblaciones actuales de Sudamérica y también en restos antiguos del Caribe. Esto sugiere una red de conexiones más amplia y compleja, donde el flujo de personas y genes continuó mucho después de las primeras ocupaciones del continente.

El descubrimiento obliga a replantear no solo las rutas migratorias, sino también la interacción cultural entre distintos pueblos. Ya no se trataría de movimientos aislados, sino de un sistema dinámico en el que las poblaciones se mezclaban, se separaban y volvían a encontrarse a lo largo del tiempo.

Un linaje “fantasma” en el ADN

Pero hay otro elemento aún más intrigante. El estudio confirma la presencia de un misterioso componente genético compartido entre algunos pueblos indígenas americanos y poblaciones de Australasia, como las de Australia o Nueva Guinea.

Este rastro, conocido como linaje Ypykuéra, aparece en pequeñas proporciones —en torno al 2% del genoma— pero ha persistido durante más de 10.000 años. Su origen sigue siendo desconocido, ya que no se ha identificado ninguna población ancestral directa.

Tal y como indica la investigación, lo más probable es que proceda de un grupo asiático antiguo aún no documentado, lo que añade una nueva capa de complejidad al poblamiento de América. Además, algunos de estos genes parecen haber sido favorecidos por la selección natural, lo que sugiere que pudieron ofrecer ventajas adaptativas.

Las proporciones de ascendencia genética se estimaron a partir del ADN analizado mediante un modelo ADMIXTURE, representando en un mapa de América la media genética de cada población
Las proporciones de ascendencia genética se estimaron a partir del ADN analizado mediante un modelo ADMIXTURE, representando en un mapa de América la media genética de cada población. Fuente: Marcos Araújo Castro e Silva

El estudio apunta a que los intercambios entre Mesoamérica, el Caribe y Sudamérica fueron más intensos y prolongados de lo que se creía.

Más allá del pasado: implicaciones futuras

Más allá de su valor histórico, este trabajo abre nuevas perspectivas en campos como la medicina y la biología evolutiva. Comprender la diversidad genética de las poblaciones indígenas no solo permite reconstruir el pasado, sino también mejorar la investigación sobre enfermedades y tratamientos.

Tal y como han subrayado los autores, incluir a estas comunidades en los estudios genómicos es esencial para avanzar hacia una medicina más equitativa. Las diferencias genéticas pueden influir en cómo se desarrollan ciertas enfermedades o en la eficacia de los fármacos, por lo que ignorarlas supone una limitación importante.

Si bien es cierto que el estudio no cierra la historia del poblamiento americano, sí la reescribe con mayor precisión. Y, sobre todo, recuerda que bajo nuestros pies —y en nuestro ADN— aún quedan capítulos por descubrir.

Referencias

  • Castro e Silva, M.A., Nunes, K., Ribeiro, M.R. et al. The evolutionary history and unique genetic diversity of Indigenous Americans. Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10406-w