























Un equipo de más de 100 voluntarios ha tardado nueve meses en reproducir un edificio neolítico junto a Stonehenge usando solo herramientas y materiales de la prehistoria. Se llama Kusuma Neolithic Hall y ya puede visitarse.
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En las llanuras de Wiltshire, a escasos 3 kilómetros del círculo de piedras más famoso del mundo, un equipo de más de cien voluntarios acaba de terminar algo que no se había hecho en milenios: levantar un gran edificio neolítico tal y como lo habrían construido sus creadores originales hace 4.500 años. Se han necesitado nueve meses de trabajo y un millón de libras esterlinas para devolver la vida a una forma de construir casi olvidada en Europa.
El proyecto, que se ha bautizado como Kusuma Neolithic Hall, es obra de English Heritage, la organización británica que gestiona más de 400 enclaves históricos en Inglaterra, entre ellos el propio Stonehenge. Según ha anunciado la entidad, el edificio (una sala comunal de 7 metros de altura) es fruto directo de la arqueología. La construcción, de hecho, replica una estructura prehistórica cuyos vestigios se hallaron junto a Durrington Walls, el gran asentamiento neolítico situado a unos 3 kilómetros al noreste del que quizás sea el círculo megalítico más famoso del mundo. El hallazgo de miles de huesos de animales y de abundante cerámica de tipo Grooved Ware, o cerámica acanalada, en ese lugar apunta a que el edificio original pudo haber sido escenario de grandes festines invernales, rituales o ceremonias funerarias.
Más allá de su valor como reconstrucción arqueológica, la Kusuma Neolithic Hall tiene un objetivo pedagógico ambicioso: convertirse, a partir de septiembre de 2026, en un espacio de aprendizaje vivencial para grupos escolares. Antes de esa fecha y durante el verano, sin embargo, cualquier visitante podrá franquear su umbral y adentrarse literalmente en el Neolítico.
Kusuma Neolithic Hall es una construcción edificada con los materiales y las técnicas propias del Neolítico.

El primer reto al que se enfrentó el proyecto fue no usar nada que las poblaciones neolíticas no hubieran tenido a su alcance. Por ello, la dirección técnica recayó en Luke Winter, arqueólogo experimental galardonado con varios premios, cuya especialidad es reproducir procesos constructivos y artesanales de la prehistoria con rigor.
Bajo su tutela, los voluntarios de English Heritage talaron y prepararon madera de avellano mediante la producción de vástagos, una técnica de poda tradicional que favorece el crecimiento de varas largas y rectas. También se encargaron de cortar paja para el techo y elaborar el revestimiento de las paredes conuna masa hecha de arcilla, paja y yeso de tiza que habría resultado familiar a cualquier albañil del Neolítico británico. En lo que respecta a las herramientas de corte, se recurrió a réplicas exactas de hachas de sílex como las que dejaron sus huellas en los árboles talados hace cuatro milenios y medio.
Se trata de una sala de planta rectangular con cubierta de paja a dos aguas que alcanza los siete metros en su punto más alto.

Siguiendo estos parámetros, el equipo consiguió construir una estructura imponente. Se trata de una sala de planta rectangular con cubierta de paja a dos aguas que alcanza los siete metros en su punto más alto. En su interior, un hogar central ocupa el espacio comunitario, tal como sugieren los registros arqueológicos de los asentamientos conocidos. La combinación de materiales locales y técnicas históricamente documentadas, además, ha proporcionado datos inéditos sobre la mecánica y los ritmos de trabajo en el Neolítico.
La construcción neolítica se inspira en una estructura halladas en el yacimiento de Durrington Walls, en las cercanías de Stonehenge.
Durrington Walls es uno de los mayores asentamientos neolíticos conocidos de Europa. Diseñado en origen como un recinto circular de grandes dimensiones, está delimitado por una enorme empalizada de madera y un foso que, en torno al año 2500 a.C., albergó una comunidad de trabajadores vinculada a la construcción y el uso de Stonehenge.
Las excavaciones en Durrington Walls han permitido reconstruir una actividad febril. Los arqueólogos han recuperado decenas de miles de huesos de cerdo y buey (en su mayoría, de animales sacrificados en invierno), junto con grandes cantidades de cerámica acanalada, la cerámica característica del Neolítico tardío británico. Este registro material apunta, según afirman los arqueólogos, a la celebración de banquetes estacionales a gran escala, probablemente ligados al ciclo del solsticio. El edificio que ahora replica la Kusuma Hall pudo haber sido el corazón de esa vida social: un lugar de reunión, celebración y quizás de culto.
Lo que los arqueólogos no han podido determinar con certeza es la función exacta de la estructura original. ¿Se trataba de una sala de festines, un espacio ritual o un recinto funerario? Esa ambigüedad, lejos de ser un problema, constituye una de las riquezas del proyecto.

El edificio que ahora replica la Kusuma Hall pudo haber sido el corazón de esa vida social en Stonehenge: un lugar de reunión, celebración y quizás de culto.
La Kusuma Neolithic Hall también ha sido un proyecto humano de gran escala. Su construcción movilizó a más de 100 voluntarios durante nueve meses consecutivos, todos ellos supervisados por expertos en arqueología experimental. El coste total ascendió a un millón de libras esterlinas, sufragado íntegramente por la Kusuma Trust, la fundación filantrópica que da nombre al edificio.
Al replicar las técnicas neolíticas, el equipo obtuvo una comprensión práctica de los tiempos y el esfuerzo que habría requerido levantar la construcción original. Cuántos trabajadores, cuántas semanas y cuántos árboles: preguntas que la arqueología convencional solo puede responder parcialmente, pero que la arqueología experimental convierte en datos medibles.

A partir de septiembre de 2026, la Kusuma Neolithic Hall dejará de ser una atracción para visitantes y se transformará en un aula viva de historia. Grupos escolares de hasta 30 estudiantes podrán reunirse alrededor del hogar central, manipular réplicas de herramientas neolíticas, participar en actividades de cocina y artesanía prehistórica y, sobre todo, experimentar de primera mano qué significaba habitar el paisaje en torno a Stonehenge hace más de cuatro milenios.
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