























Unas extrañas hendiduras en fósiles hallados en cuevas de Australia han permitido identificar un koala desconocido que desapareció tras un colapso climático extremo.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Australia guarda todavía secretos de una fauna perdida que convivió con los primeros humanos del continente. En cuevas repartidas por el suroeste del país, paleontólogos llevaban más de un siglo encontrando huesos de koalas aparentemente normales. Cráneos, mandíbulas y dientes que, durante décadas, fueron almacenados en museos bajo una idea aparentemente lógica: pertenecían al mismo koala moderno que hoy sobrevive en la costa este australiana.
Sin embargo, algo no terminaba de encajar.
El hallazgo de dos cráneos excepcionalmente conservados en las colecciones del Museo de Australia Occidental reabrió una investigación olvidada. Uno de ellos había sido recuperado años atrás por el espeleólogo Lindsay Hatcher en una cueva cercana a Margaret River y permanecía prácticamente sin estudiar. Cuando los investigadores comenzaron a compararlo con esqueletos modernos, descubrieron pequeñas diferencias que, acumuladas, dibujaban un animal distinto.
Primero fueron las proporciones del cráneo. Después, la forma de la mandíbula. Más tarde, los dientes. Pero hubo un detalle que cambió por completo la interpretación de aquellos fósiles: unas profundas cavidades en los huesos de la cara que ningún koala actual posee.
Tal y como revela el estudio publicado en Royal Society Open Science, esas hendiduras situadas bajo el arco cigomático habrían alojado músculos faciales mucho más desarrollados que los de los koalas modernos. Los investigadores creen que ese rasgo pudo dar lugar a labios especialmente móviles o incluso a una capacidad olfativa más sofisticada, permitiendo detectar hojas de eucalipto a mayor distancia en los bosques del Pleistoceno.
La nueva especie ha sido bautizada como Phascolarctos sulcomaxilliaris, un nombre que hace referencia precisamente a esos surcos faciales tan característicos. Hasta ahora, todos los restos de koalas hallados en Australia Occidental se atribuían automáticamente al koala moderno (Phascolarctos cinereus), pero el nuevo análisis morfológico demuestra que pertenecían a una línea evolutiva diferente.
Los científicos estudiaron cerca de un centenar de fósiles procedentes de más de una docena de cuevas situadas entre Yanchep, Margaret River y la llanura de Roe, cerca de Madura. El trabajo incluyó análisis estadísticos de cráneos y dentaduras, comparaciones anatómicas con ejemplares actuales e incluso reconstrucciones musculares para entender cómo funcionaba aquella peculiar cara.

Las diferencias no eran superficiales. El nuevo koala tenía un hocico más corto, dientes inferiores más anchos y una mandíbula aparentemente más eficiente para triturar hojas. También presentaba articulaciones menos robustas, lo que sugiere un estilo de vida más sedentario y menos ágil entre los árboles.
Curiosamente, el tamaño corporal era parecido al de algunos koalas actuales del estado de Victoria. A simple vista, cualquiera habría pensado que se trataba del mismo animal. Pero la anatomía cuenta otra historia mucho más compleja.
Tal y como indican los autores, las cuevas de Australia Occidental han conservado restos de esta especie con una antigüedad comprendida entre unos 137.000 y 31.000 años. Eso significa que estos koalas convivieron con los primeros humanos que llegaron al continente australiano y compartieron paisaje con una fauna hoy desaparecida: tilacinos, demonios de Tasmania continentales, canguros gigantes y enormes marsupiales herbívoros.
Los investigadores creen que las profundas hendiduras del cráneo pudieron alojar músculos faciales más desarrollados que los de los koalas modernos.
La desaparición de Phascolarctos sulcomaxilliaris parece coincidir con uno de los grandes cambios climáticos del final del Pleistoceno. Hace unos 28.000 años, gran parte del suroeste australiano sufrió un episodio extremo de aridez que alteró por completo el ecosistema.
Los registros de polen fósil muestran que los bosques de eucalipto se redujeron hasta apenas un 5% de su extensión actual. Para un animal especializado casi exclusivamente en alimentarse de esas hojas, el impacto debió de ser devastador.
Los investigadores creen que la combinación de sequías prolongadas, incendios y pérdida de cobertura forestal acabó aislando a las poblaciones de koalas occidentales hasta conducirlas a la extinción. Aunque miles de años después los bosques regresaron parcialmente, para esta especie ya era demasiado tarde.
El estudio también desmonta una idea asumida durante décadas: no existe evidencia de que el koala moderno habitara naturalmente Australia Occidental. Los únicos ejemplares vivos de la región proceden de introducciones recientes realizadas en el siglo XX en reservas como Yanchep National Park.

Los autores del trabajo plantean que el animal pudo desarrollar un sentido del olfato más sofisticado para localizar alimento.
El descubrimiento no solo añade una nueva especie al árbol evolutivo de los koalas. También revela hasta qué punto la diversidad de marsupiales australianos era mucho mayor de lo que se pensaba hace apenas unos años.
Los análisis filogenéticos incluidos en el trabajo sitúan a Phascolarctos sulcomaxilliaris dentro del mismo linaje que los koalas actuales, aunque separado por suficientes diferencias anatómicas como para considerarlo una especie independiente. De hecho, los científicos sostienen que las peculiaridades de su rostro son únicas entre todos los koalas conocidos.
Ahora, la gran incógnita es si podrían aparecer fósiles intermedios en regiones como Australia Meridional que ayuden a reconstruir cuándo se separaron las poblaciones orientales y occidentales.
También existe otra posibilidad aún más ambiciosa: recuperar ADN antiguo. Algunos expertos consideran que, si el material fósil está suficientemente conservado, podría obtenerse información genética capaz de aclarar cómo evolucionaron estos marsupiales y por qué terminaron desapareciendo en el oeste australiano.
Lo que comenzó como una simple revisión de fósiles almacenados en un museo ha terminado revelando que Australia perdió hace miles de años un koala completamente distinto, uno que había permanecido oculto a plena vista durante más de un siglo.
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