
























Un equipo internacional identifica en Gondrame, Lugo, una cantera de mármol de época romana desconocida hasta ahora. Varios frentes de extracción ocultos revelan que las élites romanas de Galicia buscaron su propio mármol hace 2.000 años.
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El mármol es uno de los materiales pétreos más apreciados en la actualidad. También lo fue para los romanos. Era símbolo de splendour, de auctoritas y de dignitas: un material que proclamaba poder, riqueza y ambición. Cuando Augusto afirmó haber encontrado Roma construida en ladrillo y haberla dejado en mármol, no exageraba. Describía una revolución estética que se propagó por cada rincón del Imperio romano, incluida la esquina atlántica que hoy llamamos Galicia. Allí, en un paisaje dominado por granitos, pizarras y gneis, el mármol era una rareza geológica. Y, sin embargo, los romanos lograron encontrarlo.
Un estudio publicado en 2026 en la revista Geoheritage por un equipo interdisciplinar de investigadores del Institut Català d'Arqueologia Clàssica, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Zaragoza y otras instituciones europeas aporta nuevas y sólidas evidencias sobre la explotación de mármol en el noroeste de Hispania durante la Antigüedad. El trabajo, centrado en el enclave de As Eiras (Gondrame, municipio de O Páramo, provincia de Lugo),demuestra que el yacimiento de O Incio no fue el único afloramiento de mármol aprovechado en la Gallaecia romana. Existió otro, de pequeñas dimensiones, pero históricamente significativo, a apenas 20 kilómetros al sur de Lugo.
El hallazgo reescribe, en parte, el relato geológico y arqueológico de la región. La presencia de mármol en Galicia era considerada casi testimonial por la comunidad científica, y el de O Incio se tenía por el único afloramiento explotado en época romana. El descubrimiento de la cantera de As Eiras obliga a ampliar ese mapa y a replantearse la posible existencia de otras fuentes locales de piedra noble en la región.
Un estudio publicado en 2026 en la revista Geoheritage aporta nuevas y sólidas evidencias sobre la explotación de mármol en el noroeste de Hispania durante la Antigüedad.

La investigación partió de una paradoja. En los museos arqueológicos de Lugo y Ourense, se conservaban varias inscripciones funerarias romanas talladas en un tipo de mármol de grano grueso, de entre 2 y 4 milímetros, cuyo origen nadie había sabido identificar. Su color oscilaba entre el blanco puro y el blanco grisáceo, con bandas anchas bien marcadas. Sus características mineralógicas y petrográficas, sin embargo, no coincidían con ninguno de los tipos de mármol mediterráneo empleados por Roma (Paros, Naxos, Tasos, Proconeso, Afrodisias, etc.) ni con las variedades blancas conocidas en la península ibérica y los Pirineos.
El equipo del proyecto Marmora Galicia, iniciado en 2012 por algunos de los autores del estudio, llevaba años catalogando artefactos marmóreos en la región. Al analizar sistemáticamente los materiales, detectaron que un grupo de piezas no encajaba con los orígenes registrados en el corpus de referencias existente. La búsqueda de su origen condujo al área de Gondrame, una zona situada junto al río Miño, donde algunos testimonios del siglo XVIII mencionaban la presencia de afloramientos marmóreos. Nadie, hasta ahora, había profundizado en esa pista.
Varias inscripciones funerarias romanas en museos gallegos están talladas en un tipo de mármol de grano grueso cuyo origen no se había determinado. Su color oscilaba entre el blanco puro y el blanco grisáceo, con bandas anchas bien marcadas.

Escondida en un pequeño bosque rodeado de campos de cultivo, la cantera de As Eiras presentaba al menos cinco frentes de extracción de época preindustrial distribuidos en una superficie de aproximadamente una hectárea. El acceso resultaba dificultoso por la densa vegetación que cubría buena parte de los frentes.
Los investigadores documentaron cada frente mediante fotografías, registros descriptivos y plantas arqueológicas. El Frente 1, el más septentrional y extenso, mostraba dos muros horizontales de extracción claramente artificiales, con al menos dos niveles de aterrazamiento de entre 1 y 1,5 metros de altura.
El Frente 4, por su parte, era el más profundo y el que había proporcionado el mayor volumen de material. Conservaba marcas horizontales de cuñas, con encajes rectangulares de unos 7 a 8 centímetros de longitud que, separados por unos 20 centímetros, habrían permitido arrancar grandes bloques de la roca madre aprovechando las fracturas naturales del terreno.
El análisis petrográfico confirmó que cuatro de los cinco frentes explotaban un único tipo de litotipo: un mármol calcítico de grano medio a grueso, con una textura principalmente homeoblástica y una llamativa respuesta a la catodoluminiscencia de color rojo a naranja. Esta característica lo distingue de la mayoría de los mármoles clásicos mediterráneos. Los valores isotópicos de oxígeno, notablemente negativos, resultaban coherentes con los del mármol de O Incio.
El Frente 4 era el que había proporcionado el mayor volumen de material. Conservaba marcas horizontales de cuñas que habrían permitido arrancar grandes bloques de la roca madre.

La comparación entre las muestras extraídas en As Eiras y los fragmentos de las inscripciones funerarias conservadas en los museos de Lugo y Ourense resultó determinante. Los rasgos petrográficos y mineralógicos de ambos grupos (la granulometría, el tipo de contactos entre granos, los minerales accesorios, etc.) mostraban una coherencia notable. La hipótesis más probable es que el mármol de esas inscripciones proceda de los afloramientos de Gondrame.
Entre las piezas estudiadas, destaca el altar funerario dedicado a Iulia Flaccilla por su madre Flavia Paterna, conservado en el Museo Arqueológico Provincial de Lugo. El análisis epigráfico de la inscripción permitió datarla en la época altoimperial romana, lo que confirma que el mármol de Gondrame era conocido y explotado al menos desde el siglo III d. C.
La proximidad al río Miño fue, probablemente, un factor decisivo para explotar la cantera. El transporte fluvial era más eficiente y económico que el terrestre en la Antigüedad, y la conexión con Lucus Augusti (la actual Lugo), a apenas 20 kilómetros aguas arriba, facilitó el acceso al principal centro urbano de la Gallaecia romana.
El transporte fluvial era más eficiente y económico que el terrestre en la Antigüedad. La conexión con Lucus Augusti a través del Miño facilitó el acceso al principal centro urbano de la Gallaecia romana.

El estudio demuestra que O Incio no fue el único proveedor local de mármol en la Gallaecia romana y añade el litotipo de Gondrame al catálogo de los mármoles hispanos utilizados en la Antigüedad romana. A escala peninsular, el caso se suma a la evidencia de que, junto a los grandes distritos canteros de Lusitania y Bética, existía un amplio abanico de operaciones de extracción menores o incluso de usos oportunistas de los recursos pétreos locales.
La metodología empleada, que ha combinado prospección geológica, cartografía con imágenes LiDAR, análisis petrográfico, catodoluminiscencia e isótopos estables, demuestra el valor del enfoque interdisciplinar. Sin la integración de la geología, la arqueología y la historia, la pequeña cantera de As Eiras habría permanecido ignorada, sepultada bajo la maleza.
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