























Alcantarillas que aún funcionan tras cuatro milenios, retretes con asiento de ladrillo y redes de drenaje de 50 metros: un estudio arqueológico reconstruye la historia de las instalaciones sanitarias del antiguo Iraq.
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Existe un prejuicio extendido que asocia la higiene moderna con la civilización occidental y los avances técnicos de los últimos siglos. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas en el antiguo Iraq demuestran que los mesopotámicos ya disponían de sistemas de alcantarillado, cuartos de baño y retretes hace más de 4.000 años. Un estudio publicado en el Arab Journal of Humanities and Social Sciences por los investigadores Mohammad Sabri AbdulRaheem y Raghad AbdulQadir Abbas reconstruye la historia de estas infraestructuras sanitarias desde el período acadio (ca. 2350–2150 a. C.) hasta la época neobabilónica (626 a. C.-539 a. C.).
El trabajo analiza los restos hallados en yacimientos como Tell Asmar, Babilonia, Nínive y Assur. Algunos de esos sistemas de drenaje fueron capaces de evacuar el agua de una tormenta en pocas horas cuando los arqueólogos los redescubrieron: una eficiencia que no ha perdido un ápice de su asombrosa vigencia.
El estudio, que abarca más de dos milenios de evolución tecnológica, no solo reivindica la sofisticación técnica de Mesopotamia, sino que también desafía la atribución de estos logros a la civilización del Indo, concretamente a Mohenjo-Daro, a la que algunos especialistas habían señalado como origen de estas innovaciones. Los autores argumentan que los modelos mesopotámicos son anteriores, más abundantes y, en muchos casos, de mayor escala.
Un nuevo estudio reconstruye la historia de las infraestructuras sanitarias mesopotámicas desde el período acadio (ca. 2350–2150 a. C.) hasta la época neobabilónica (626 a. C.-539 a. C.).

Las raíces de esta tradición sanitaria se remontan al período dinástico temprano (2900-2370 a. C.). En el yacimiento de Shmet, en el sur de Mesopotamia, los arqueólogos desenterraron una serie de conductos verticales anulares cuya boquilla estaba sellada con una capa de betún. En esa misma época, las grandes alcantarillas principales alcanzaban 1 metro de altura y 50 metros de longitud. Estaban conectadas a canales secundarios que, construidos con cerámica, discurrían entre las viviendas.
El salto cualitativo llegó con el período acadio (2371-2230 a. C.). En el palacio del norte de Tell Asmar (la antigua Eshnuna), los excavadores encontraron retretes con asiento construido con ladrillos cocidos de 37,5 × 37,5 × 7,5 cm, dispuestos en cinco hileras y con una abertura de 10 cm en el centro. Bajo el suelo, una tubería de ladrillo cocido de 12 cm de diámetro conducía los residuos hasta un depósito y, de ahí, a la alcantarilla principal de la calle. Las paredes y la parte superior del asiento estaban recubiertas debetún, usado como impermeabilizante.
El complejo también disponía de cuartos de baño con suelos inclinados hacia un sumidero central y revestidos de betún. Las dependencias del denominado "harén" (la sección del palacio reservada a las mujeres), en la esquina sureste del edificio, contaban con dos instalaciones propias, con drenaje horizontal bajo el asiento y un diámetro de 50 cm. Todo ello convierte este conjunto en uno de los más elaborados documentados hasta la fecha.
En el palacio del norte de Tell Asmar, los excavadores encontraron retretes con asiento construido con ladrillos cocidos. Una tubería de ladrillo cocido conducía los residuos hasta un depósito y, de ahí, a la alcantarilla principal.

Una de las revelaciones más sorprendentes del estudio es la longevidad funcional de estas infraestructuras. Los palacios asirios, especialmente los de Nínive, contaban con redes de drenaje compuestas por canales de cerámica enterrados que descendían hasta 30 metros de profundidad. Las bocas de salida de esos canales estaban bloqueadas con abrazaderas metálicas para impedir la entrada de animales. La prueba más elocuente de la eficacia de estos sistemas se obtuvo durante las propias excavaciones. El agua de una tormenta imprevista se evacuó en pocas horas a través de esa red milenaria, como si el tiempo no hubiera pasado.

El período babilónico antiguo y medio (1792-1157 a. C.) aportó soluciones constructivas notablemente diversas. En casas datadas durante el reinado de Hammurabi (1792-1750 a. C.), se han encontrado alcantarillas cuyas paredes laterales e inferiores estaban pavimentadas con dos hileras de ladrillos y la cubierta, con una sola hilera, inclinada hacia el sur.
Los excavadores del período casita (1595-1162 a. C.) encontraron un tipo de desagüe especialmente ingenioso. Se trataba de una columna de jarras cerámicas superpuestas cuyos intersticios se rellenaban con betún. Tenía una tapa de piedra caliza de 33 × 33 cm, perforada en el centro y provista de un tapón de ladrillo, que el usuario levantaba al verter agua u otros líquidos. El suelo circundante se cubría con una capa de alquitrán.
Del período babilónico medio (1595-1157 a. C.) proceden también tubos de arcilla en forma de anillos superpuestos, de 15 a 20 cm de altura y entre 45 y 65 cm de diámetro interior. Lo más curioso es que estas piezas se fabricaron con espuertas trenzadas de palma usadas como moldes, que se extraían una vez que la arcilla adquiría su forma definitiva.
Los excavadores del período casita (1595-1162 a. C.) encontraron un tipo de desagüe formado por una columna de jarras cerámicas superpuestas cuyos intersticios se rellenaban con betún.

El estudio concluye que Mesopotamia desarrolló dos grandes categorías de infraestructura sanitaria de forma autónoma y progresiva. La primera agrupa los sistemas de drenaje colectivo, es decir, las redes subterráneas de canales que evacuaban las aguas pluviales y residuales hacia los ríos o valles cercanos. La segunda comprende las instalaciones individuales, como los retretes con asiento y los cuartos de baño pavimentados, presentes en los palacios, las casas privadas y, con menor frecuencia, en las calles, junto a los templos.
En muchas de estas instalaciones se recuperaron vasijas y cucharones de cerámica destinados a conservar el agua para el aseo posterior al uso del inodoro, una práctica aún vigente en Irak y en otras regiones del mundo árabe. El estudio demuestra, en definitiva, que la preocupación por la higiene y el saneamiento no nació con la modernidad, sino que cuenta, al menos, con cinco milenios de historia documentada.
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