


























Una tablilla de Rongorongo hallada en Rapa Nui podría haber sido fabricada más de 200 años antes de la llegada de los europeos, reabriendo uno de los mayores misterios de la escritura humana.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En medio del Pacífico, a más de 3.500 kilómetros de la costa de Chile, Rapa Nui —la Isla de Pascua— lleva siglos fascinando al mundo. Sus gigantescos moáis han eclipsado durante décadas otro de los grandes enigmas de la isla: una escritura todavía indescifrada conocida como Rongorongo. Tallada sobre tablillas de madera con signos geométricos, figuras humanas, animales y símbolos abstractos, esta misteriosa grafía es uno de los mayores rompecabezas de la arqueología.
Ahora, una investigación publicada en 2024 en la revista Scientific Reports ha devuelto el Rongorongo al centro del debate histórico. El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Bolonia, ha revelado que una de las tablillas analizadas podría datar de finales del siglo XV o comienzos del XVI. Es decir, más de dos siglos antes de la llegada documentada de los primeros europeos a la isla en el siglo XVIII.
La posibilidad cambia por completo la discusión sobre el origen de esta escritura. Durante años, numerosos especialistas sostuvieron que los habitantes de Rapa Nui pudieron inspirarse en los sistemas de escritura occidentales observados tras el contacto con exploradores y misioneros europeos. Sin embargo, esta nueva datación apunta en una dirección muy distinta: que el Rongorongo pudo haber sido inventado de forma independiente por los propios rapanui.
La idea resulta extraordinaria porque, en toda la historia de la humanidad, las invenciones independientes de la escritura son extremadamente escasas. Mesopotamia, Egipto, China y Mesoamérica son los grandes ejemplos clásicos. Si Rapa Nui se añadiera a esa lista, supondría uno de los descubrimientos culturales más importantes de Oceanía.
El trabajo científico se centró en cuatro tablillas conservadas en Roma y recuperadas por misioneros católicos en el siglo XIX. Mediante técnicas avanzadas de datación por radiocarbono, los investigadores analizaron muestras microscópicas de madera para intentar determinar cuándo fueron talados los árboles utilizados para fabricar las piezas.
La sorpresa apareció con la llamada tablilla Échancrée. Según los resultados del estudio, la madera utilizada para fabricarla procede de un árbol cortado entre 1493 y 1509. La fecha es especialmente llamativa porque precede ampliamente a la llegada de europeos a Rapa Nui, situada tradicionalmente en torno a 1722, cuando el navegante neerlandés Jakob Roggeveen alcanzó la isla.
Tal y como indica el paper, la antigüedad de esta pieza no era esperada. De hecho, el resto de tablillas analizadas ofrecieron fechas más tardías, principalmente de los siglos XVIII y XIX. Precisamente por eso, Échancrée se convirtió en el gran foco del estudio.
Los investigadores fueron prudentes con las conclusiones. La datación corresponde a la madera, no necesariamente al momento exacto en que se grabaron los símbolos. Existe la posibilidad de que los habitantes de Rapa Nui reutilizaran madera antigua conservada durante generaciones antes de tallarla. Sin embargo, incluso contemplando ese escenario, el hallazgo sigue siendo excepcional.
La escasez de árboles en la Isla de Pascua es una pieza clave para entender el problema. Cuando los europeos llegaron a Rapa Nui en el siglo XVIII, describieron un territorio prácticamente deforestado. La madera era un recurso extremadamente valioso y cualquier gran fragmento podía conservarse durante décadas o reutilizarse una y otra vez.

Los autores del estudio explican que algunas de las tablillas fueron fabricadas con maderas no nativas de la isla, posiblemente procedentes de barcos o incluso arrastradas por corrientes marinas como madera flotante. La tablilla Échancrée, precisamente, pertenece a este grupo. Su madera parece proceder de una especie ajena a Rapa Nui, algo que añade todavía más misterio a su historia.
Aun así, el equipo considera poco probable que un trozo de madera permaneciera almacenado más de doscientos años antes de ser utilizado para grabar el Rongorongo. Por ello, el estudio refuerza seriamente la hipótesis de que la escritura ya existía antes del contacto europeo.
Si Rongorongo existía antes del contacto europeo, Rapa Nui podría haber protagonizado una de las últimas grandes invenciones independientes de escritura de la historia humana.
El Rongorongo continúa siendo uno de los pocos sistemas gráficos del planeta que nadie ha podido leer. Se conocen apenas 27 objetos conservados con inscripciones y, entre todos ellos, reúnen alrededor de 15.000 caracteres distribuidos en más de 400 signos diferentes.
Las tablillas muestran secuencias organizadas y complejas. Algunos símbolos representan figuras humanas, aves, peces, herramientas o formas geométricas. Otros parecen combinarse en ligaduras, como si siguieran reglas gramaticales todavía desconocidas.
Desde finales del siglo XIX, lingüistas, arqueólogos y criptógrafos han intentado sin éxito descifrar el sistema. El principal problema es la falta de textos extensos y de referencias bilingües equivalentes a la famosa Piedra Rosetta que permitió comprender los jeroglíficos egipcios.
Además, gran parte de la tradición cultural de Rapa Nui desapareció tras las epidemias, las deportaciones y las incursiones esclavistas que devastaron la isla durante el siglo XIX. Muchos conocimientos se perdieron antes de que pudieran ser registrados.
Tal y como revela el estudio, los signos del Rongorongo tampoco guardan parecido claro con alfabetos europeos o sistemas de escritura conocidos. Este detalle es fundamental para quienes defienden su origen independiente. Históricamente, cuando una sociedad adopta una escritura extranjera suele conservar muchos rasgos visuales del modelo original. Aquí ocurre lo contrario.
La singularidad de los símbolos ha llevado a algunos investigadores a pensar que el Rongorongo podría representar una tradición intelectual completamente propia de Rapa Nui, desarrollada en aislamiento en mitad del océano Pacífico.

La datación por radiocarbono situó una de las tablillas entre 1493 y 1509, más de dos siglos antes de la llegada documentada de europeos a Rapa Nui.
El estudio no solo recurrió al radiocarbono. Antes de extraer las muestras, los investigadores realizaron modelos tridimensionales de alta resolución de las tablillas. El objetivo era preservar digitalmente cada detalle de los grabados y estudiar mejor las incisiones.
Las imágenes 3D permitieron analizar la profundidad de los signos, identificar posibles correcciones realizadas por los antiguos escribas y documentar la geometría exacta de las superficies. En algunos casos, los investigadores detectaron que ciertos grabados habían sido realizados sobre zonas dañadas de la madera, lo que ayuda a reconstruir el orden en que se elaboraron las piezas.
Esta digitalización también tiene una importancia enorme para el futuro. Las tablillas originales son extremadamente frágiles y se encuentran repartidas por museos y colecciones de distintos países. Crear réplicas digitales detalladas permite que especialistas de todo el mundo puedan estudiar los textos sin manipular los originales.
Mientras tanto, el Rongorongo sigue resistiéndose a revelar su significado. Algunos expertos creen que podría tratarse de una escritura completa capaz de representar lenguaje hablado. Otros piensan que sería un sistema mnemotécnico vinculado a cantos, genealogías o rituales.
Sea cual sea la respuesta definitiva, la investigación publicada en 2024 ha cambiado el tono del debate. Durante décadas, muchos estudiosos consideraron improbable que una isla tan aislada hubiera desarrollado escritura por sí sola. Hoy, esa posibilidad vuelve a estar encima de la mesa con más fuerza que nunca.
Y quizá ahí reside la verdadera importancia del hallazgo: recordar que todavía existen capítulos enteros de la historia humana que permanecen ocultos, esperando a ser descifrados.
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