

















Miles de años antes de que Homo sapiens pisara Europa, los neandertales que habitaban la península ibérica ya aprovechaban los recursos del mar siguiendo estrategias estacionales mucho más complejas de lo que se creía hasta ahora.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
A lo largo de muchas décadas, la imagen de los neandertales estuvo ligada a un modo de vida rudimentario, asociado a la caza terrestre, el frío y la supervivencia básica. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos de las últimas décadas han ido desmontando poco a poco esa vieja imagen del neandertal torpe y limitado. Un nuevo estudio realizado en la Cueva de los Aviones, en la costa de Cartagena, vuelve ahora a poner patas arriba muchas ideas preconcebidas sobre nuestros parientes más cercanos: hace unos 115.000 años, aquellos grupos humanos ya recogían moluscos siguiendo patrones estacionales sorprendentemente sofisticados, muy similares a los que desarrollarían miles de años después las comunidades de Homo sapiens en el Mediterráneo.
La investigación, publicada recientemente en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha sido liderada por especialistas del ICTA-UAB, la Universidad de Burgos y la Universidad de Cantabria. El trabajo revela que los neandertales no recogían marisco de manera aleatoria ni oportunista, sino que conocían perfectamente los ciclos biológicos del litoral mediterráneo y aprovechaban los momentos más adecuados del año para consumir estos recursos.
El epicentro de este descubrimiento vuelve a ser la Cueva de los Aviones, un abrigo situado frente al Mediterráneo, en la costa de Cartagena, que desde hace años se ha convertido en uno de los yacimientos más importantes para entender el comportamiento de los neandertales. En este lugar ya habían aparecido algunas de las pruebas más antiguas de uso simbólico de conchas perforadas y pigmentos minerales en Europa, hallazgos que obligaron a replantear muchas ideas sobre las capacidades cognitivas de estos grupos humanos.
Ahora, este enclave vuelve a situarse en el centro de la investigación internacional gracias al análisis minucioso de decenas de lapas y caracoles marinos recuperados en niveles arqueológicos de hace unos 115.000 años. Y los resultados han sorprendido incluso a los propios investigadores. Aunque los neandertales explotaban recursos marinos durante distintas épocas del año, la mayoría de los moluscos fueron recolectados entre finales del otoño y comienzos de la primavera. En otras palabras: preferían claramente los meses fríos frente al verano.
Lejos de ser un detalle anecdótico, este patrón revela algo mucho más profundo. Los datos sugieren que aquellos grupos conocían perfectamente los ciclos del litoral mediterráneo y sabían cuándo estos animales ofrecían mejores condiciones para el consumo. Detrás de esa elección estacional habría planificación, experiencia acumulada y una comprensión muy precisa del entorno costero.
Saber en qué momento del año fue capturado un molusco hace más de 100.000 años parece, a simple vista, una tarea imposible. Sin embargo, las propias conchas conservaban una pista microscópica capaz de resolver el misterio. Tal y como ha explicado el equipo científico, el análisis de los isótopos de oxígeno presentes en el carbonato cálcico funciona como una especie de archivo climático natural.
La proporción de estos isótopos cambia en función de la temperatura del agua en la que crecieron los moluscos. Gracias a esa variación química, los investigadores han podido reconstruir con bastante precisión la estación del año en la que fueron recolectados. Y el resultado es especialmente revelador: cerca del 80% de los caracoles marinos analizados corresponden a capturas realizadas entre noviembre y abril, precisamente durante los meses más fríos del calendario mediterráneo.
Lo más sorprendente no es únicamente la antigüedad del comportamiento, sino su parecido con prácticas mucho más recientes. Tal y como indica el estudio, las poblaciones de Homo sapiens del Mesolítico y el Neolítico en el Mediterráneo y el Atlántico europeo seguían exactamente el mismo patrón miles de años después. La coincidencia no parece casual.

Durante mucho tiempo, muchos investigadores defendieron que la explotación organizada del mar era una capacidad exclusiva de los humanos modernos. La idea encajaba dentro de una visión muy extendida: Homo sapiens habría desarrollado habilidades cognitivas superiores que le permitieron adaptarse a ecosistemas complejos, mientras los neandertales permanecían anclados en formas de vida más limitadas. Pero las evidencias acumuladas en la península ibérica llevan años desmontando esa narrativa.
Ya en 2011, varios hallazgos en cuevas costeras de Málaga demostraron que los neandertales consumían moluscos y otros recursos marinos hace más de 150.000 años. Aquellas investigaciones generaron una fuerte controversia porque chocaban frontalmente con algunas teorías clásicas sobre la evolución humana. Este nuevo trabajo en Cartagena refuerza aún más la idea de que los neandertales no solo explotaban el mar, sino que lo hacían de forma planificada y eficiente.
Durante décadas se pensó que la explotación organizada del mar era exclusiva de Homo sapiens, pero las conchas de Cartagena cuentan una historia muy distinta.
A primera vista, que los neandertales recogieran moluscos sobre todo durante los meses fríos podría parecer un detalle sin demasiada importancia. Sin embargo, detrás de ese comportamiento probablemente existía un conocimiento muy preciso del litoral y de los ciclos naturales del mar Mediterráneo. Los investigadores creen que aquellos grupos sabían perfectamente cuándo estos animales eran más nutritivos, abundantes y seguros para el consumo.
Durante el verano, el aumento de la temperatura favorece la proliferación de bacterias y algas tóxicas en muchas zonas costeras. Incluso en la actualidad, fenómenos como las mareas rojas obligan a cerrar áreas marisqueras enteras por el riesgo de intoxicaciones alimentarias. Además, el calor acelera el deterioro del marisco, algo especialmente problemático para comunidades prehistóricas que no disponían de sistemas avanzados de conservación.
Los datos obtenidos en Cartagena sugieren, por tanto, que los neandertales no se limitaban a aprovechar lo que encontraban en la costa. Todo apunta a que observaban cuidadosamente el comportamiento del entorno marino y adaptaban sus desplazamientos y actividades a los momentos más favorables del año. Una estrategia sorprendentemente sofisticada que vuelve a acercar, una vez más, el modo de vida neandertal al de las poblaciones humanas modernas.
Pero hay otro factor todavía más interesante: el sabor y el valor nutricional. Tal y como han explicado los especialistas implicados en el estudio, muchas especies marinas alcanzan durante el invierno y el inicio de la primavera su máximo desarrollo reproductivo. En ese momento acumulan mayores reservas energéticas, grasas y proteínas.
El caracol marino Phorcus turbinatus, una de las especies analizadas, ofrece precisamente sus mejores condiciones nutricionales antes del desove. Después, durante los meses cálidos, pierde gran parte de esas reservas. Dicho de otro modo: los neandertales probablemente consumían estos moluscos cuando estaban más nutritivos y eran más seguros.
La idea resulta fascinante porque implica una observación prolongada de los ciclos naturales. No se trataría únicamente de aprovechar lo que aparecía en la costa, sino de comprender el comportamiento del ecosistema y actuar en consecuencia. Es exactamente el tipo de estrategia que durante décadas se consideró exclusiva de Homo sapiens.

Hace 115.000 años, grupos neandertales de la península ibérica ya seguían patrones de recolección muy similares a los de comunidades humanas mucho más recientes.
La península ibérica se ha convertido en uno de los territorios fundamentales para estudiar el comportamiento de los neandertales. Mientras gran parte de Europa sufría condiciones climáticas extremas durante las glaciaciones, las regiones mediterráneas ofrecían refugios relativamente más templados y ricos en recursos.
Las cuevas costeras del sureste peninsular han permitido reconstruir una relación muy estrecha entre estos grupos humanos y el mar. En lugares como la Cueva de los Aviones o las cuevas malagueñas estudiadas en los últimos años, aparecen restos de moluscos, peces y herramientas asociadas a la explotación marina.
Algunos investigadores plantean incluso que el acceso a proteínas ricas en omega-3 y otros nutrientes presentes en el mar pudo desempeñar un papel importante en el desarrollo cerebral y social de distintas especies humanas. Durante años, esta hipótesis se utilizó principalmente para explicar la expansión de Homo sapiens. Sin embargo, cada vez hay más indicios de que los neandertales también aprovecharon esos recursos de manera intensiva.
La propia Cueva de los Aviones constituye un caso excepcional. Hoy se encuentra amenazada por la subida del nivel del mar, pero hace más de 100.000 años ofrecía un refugio estratégico junto al Mediterráneo. Desde allí, aquellos grupos podían combinar la caza terrestre con la recolección marina, adaptándose a diferentes estaciones y condiciones ambientales.
Además, el hallazgo encaja con otra transformación profunda en la imagen pública de los neandertales. En apenas dos décadas han pasado de ser representados como humanos torpes y primitivos a aparecer como sociedades capaces de fabricar adornos, utilizar pigmentos, cuidar enfermos y desarrollar comportamientos simbólicos complejos.

Los autores del estudio consideran que el comportamiento documentado en Cartagena refleja una estrategia de subsistencia plenamente moderna. Y no se refieren únicamente a la dieta, sino también a la capacidad de planificar, conocer el entorno y tomar decisiones adaptativas sofisticadas.
La idea de una frontera intelectual clara entre neandertales y Homo sapiens pierde cada vez más fuerza. Aunque ambas especies siguieron trayectorias evolutivas distintas, las diferencias cognitivas podrían haber sido mucho menores de lo que se pensó durante décadas.
En realidad, lo que muestran hallazgos como este es algo todavía más interesante: muchas capacidades consideradas “humanas” en sentido moderno ya estaban presentes mucho antes de la desaparición de los neandertales. La organización social, la adaptación ecológica o el aprovechamiento inteligente de los recursos no fueron inventos exclusivos de nuestra especie.
Hace 115.000 años, mientras las olas rompían frente a las costas de Cartagena, grupos neandertales ya conocían perfectamente cuándo era el mejor momento para bajar a las rocas y recoger moluscos. Sabían qué estaciones ofrecían más alimento, menos riesgos y mejores condiciones. Y ese detalle aparentemente cotidiano está ayudando hoy a reescribir una parte esencial de la historia humana.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。