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Una extraña alteración del campo magnético terrestre conv...
Christian Pérez · 2026-05-27 · via Muy Interesante

Un equipo internacional ha logrado rastrear una poderosa anomalía magnética ocurrida en tiempos de Nabucodonosor II gracias a restos conservados desde la Antigüedad.

Investigadores hallan en piezas de la antigua Mesopotamia señales de una poderosa anomalía magnética registrada hace miles de años
Investigadores hallan en piezas de la antigua Mesopotamia señales de una poderosa anomalía magnética registrada hace miles de años. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante milenios, los ladrillos cocidos de Mesopotamia sostuvieron palacios, murallas, templos y canales. Durante siglos fueron simples materiales de construcción de una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad. Sin embargo, algunos de aquellos ladrillos cocidos hace más de 3.000 años y grabados con nombres de reyes mesopotámicos conservaban un secreto invisible: una huella intacta de cómo era el campo magnético terrestre en aquella época.

Ahora, una investigación internacional ha logrado descifrar esa especie de “memoria magnética” preservada en decenas de ladrillos de la antigua Mesopotamia, el territorio histórico situado en gran parte del actual Irak. El trabajo, publicado en la revista PNAS, ha permitido reconstruir con enorme precisión las variaciones del campo geomagnético entre el III y el I milenio antes de Cristo.

El hallazgo va mucho más allá de la arqueología. Por un lado, ayuda a comprender mejor cómo ha cambiado el campo magnético terrestre a lo largo de la historia, un fenómeno ligado directamente al comportamiento del núcleo del planeta y que todavía hoy sigue planteando enormes preguntas a los científicos. Pero además, el estudio abre la puerta a una nueva forma de fechar restos antiguos con una precisión extraordinaria.

La investigación, encabezada por Matthew D. Howland junto a especialistas de distintas universidades estadounidenses e israelíes, analizó 32 piezas cocidas pertenecientes a 12 soberanos de la antigua Mesopotamia. Entre ellos aparecen figuras tan conocidas como Nabucodonosor II, Shulgi o Tukulti-Ninurta I. Las inscripciones cuneiformes grabadas en las piezas resultaron fundamentales, ya que permitieron relacionarlas con reinados muy concretos y establecer fechas mucho más precisas de lo habitual.

Y es que uno de los grandes problemas de la arqueología antigua es la cronología. Materiales como la cerámica o el barro cocido apenas contienen restos orgánicos, por lo que técnicas como el carbono 14 suelen ser inútiles. En este caso, sin embargo, los nombres de los monarcas actuaron casi como una “marca temporal” capaz de situar cada objeto dentro de periodos históricos muy concretos.

El barro conservó una huella invisible durante milenios

Cuando los artesanos mesopotámicos cocían estas piezas en hornos que alcanzaban temperaturas muy elevadas, ocurría algo que nadie podía imaginar hace 3.000 años. Los minerales ricos en hierro presentes en la arcilla quedaban alineados con el campo magnético terrestre del momento, dejando atrapada una especie de huella magnética que ha permanecido intacta hasta nuestros días.

Ese “sellado magnético” permaneció congelado durante siglos. Miles de años después, los investigadores extrajeron diminutas muestras de los ladrillos y utilizaron magnetómetros de alta precisión para medir la señal conservada en su interior. A partir de ahí, reconstruyeron cómo fluctuó el campo magnético terrestre a lo largo de más de dos mil años de historia mesopotámica.

Tal y como indica el estudio, los resultados confirman la existencia de la llamada Anomalía Geomagnética de la Edad del Hierro del Levante, un periodo comprendido aproximadamente entre 1050 y 550 a.C. durante el cual el campo magnético terrestre alcanzó niveles extraordinariamente altos en Oriente Próximo.

Este ladrillo, conservado en el Museo Slemani, pertenece a la época de Nabucodonosor II (604-562 a.C.). La pieza fue saqueada de su emplazamiento original antes de ser recuperada y depositada en el museo iraquí
Este ladrillo, conservado en el Museo Slemani, pertenece a la época de Nabucodonosor II (604-562 a.C.). La pieza fue saqueada de su emplazamiento original antes de ser recuperada y depositada en el museo iraquí. Foto: Howland et al. PNAS.

Hasta ahora, esta anomalía había sido detectada en regiones como Turquía, Bulgaria, Grecia, China o incluso las Azores, pero existían muy pocos datos procedentes del sur de Mesopotamia. El nuevo trabajo cambia completamente ese panorama.

Los ladrillos estudiados muestran que el fenómeno también afectó de lleno a Babilonia y otras ciudades mesopotámicas. En algunos momentos, la intensidad magnética registrada era hasta una vez y media superior a la actual.

Para los investigadores, esto supone una prueba clave para comprender cómo se comporta el núcleo terrestre, responsable de generar el campo magnético que protege al planeta de la radiación solar.

Los ladrillos de Nabucodonosor II revelan cambios magnéticos extremos

Uno de los resultados más llamativos del estudio apareció en varios ladrillos fechados en tiempos de Nabucodonosor II, el poderoso rey neobabilónico vinculado a la grandeza monumental de Babilonia y a los legendarios Jardines Colgantes.

Al analizar estas piezas, los investigadores descubrieron fluctuaciones muy intensas del campo magnético terrestre ocurridas en un periodo sorprendentemente breve: apenas unas décadas.

El hallazgo respalda la idea de que el campo magnético del planeta puede sufrir aumentos repentinos de intensidad mucho más rápidos de lo que los científicos habían planteado durante años.

La cuestión resulta especialmente importante porque el geomagnetismo terrestre sigue siendo uno de los fenómenos menos comprendidos de las ciencias de la Tierra. Aunque para los seres humanos parece estable, el campo magnético cambia constantemente debido al movimiento del hierro líquido en el núcleo externo del planeta.

Los expertos creen que las bruscas alteraciones detectadas en la antigua Mesopotamia podrían ayudar a comprender fenómenos actuales como la Anomalía del Atlántico Sur, una región donde el escudo magnético terrestre es hoy más débil y que preocupa a la comunidad científica porque afecta a satélites y sistemas electrónicos.

Los resultados obtenidos en Mesopotamia muestran que estos episodios extremos no son algo excepcional de la actualidad, sino procesos que la Tierra lleva experimentando desde hace miles de años.

Los ladrillos inscritos de Mesopotamia no solo preservaron nombres de reyes, también conservaron una huella invisible del comportamiento del núcleo terrestre hace más de 3.000 años.

Piezas saqueadas, museos iraquíes y un rey casi olvidado por la historia

Gran parte de las piezas analizadas por los investigadores proceden del Museo Slemani, situado en el Kurdistán iraquí. Algunas habían sido expoliadas de yacimientos arqueológicos durante años de conflictos y tráfico ilegal de antigüedades, aunque más tarde fueron recuperadas y protegidas por las autoridades iraquíes.

Otras pertenecían a la histórica colección babilónica de la Universidad de Yale.

Entre los descubrimientos más curiosos destaca una inscripción relacionada con un soberano prácticamente desconocido: Iakūn-dīri, gobernante del territorio de Hurshitum. Hasta ahora, este rey apenas aparecía mencionado en referencias muy fragmentarias y poco claras. Sin embargo, una de las inscripciones cuneiformes permitió identificarlo con mayor precisión y situarlo dentro de un marco cronológico concreto.

Este tipo de hallazgos demuestra cómo la arqueología puede cruzarse con disciplinas como la geofísica para reconstruir episodios olvidados de la historia antigua.

Los investigadores explican que Mesopotamia ofrece condiciones excepcionales para este tipo de análisis porque los ladrillos inscritos eran muy habituales en palacios, murallas, templos y obras hidráulicas. Los monarcas ordenaban grabar sus nombres como símbolo de autoridad y poder político. Lo que jamás imaginaron es que, miles de años después, esas mismas inscripciones ayudarían también a reconstruir la historia magnética de la Tierra.

Un ladrillo de adobe fechado entre 1800 y 1736 a.C. conserva una inscripción dedicada al palacio de Iakūn-dīri, hijo de Suma/tanim y rey del territorio de Huršitum
Un ladrillo de adobe fechado entre 1800 y 1736 a.C. conserva una inscripción dedicada al palacio de Iakūn-dīri, hijo de Suma/tanim y rey del territorio de Huršitum. Foto: Matthew D. Howland

Los científicos creen que estos cambios extremos en el magnetismo terrestre pueden ayudar a comprender anomalías modernas como la del Atlántico Sur.

Una nueva herramienta para fechar objetos antiguos

Más allá de la reconstrucción geomagnética, el trabajo tiene implicaciones enormes para la arqueología del Próximo Oriente.

Tal y como ha revelado el equipo científico, los resultados permiten crear una “curva magnética” regional capaz de servir como herramienta de datación absoluta. En otras palabras: si en el futuro aparece un objeto cocido cuyo magnetismo coincida con uno de estos periodos conocidos, podrá fecharse comparando su señal magnética con la nueva base de datos.

Esto resulta especialmente valioso en Mesopotamia, donde muchas cronologías antiguas siguen siendo objeto de debate entre historiadores y arqueólogos.

En algunos periodos del II y III milenio a.C., las discrepancias cronológicas entre especialistas alcanzan incluso más de un siglo de diferencia. La arqueomagnetismo podría ayudar a resolver parte de esos problemas.

Además, los investigadores sostienen que esta técnica podría aplicarse a otros materiales arqueológicos como hornos, cerámicas o restos de incendios antiguos.

Lo que comenzó como un análisis de ladrillos cocidos termina así convirtiéndose en una herramienta capaz de reescribir parte de la historia antigua.

Porque en ocasiones los secretos más importantes no aparecen enterrados dentro de tumbas de oro ni escondidos en templos monumentales. A veces permanecen atrapados en simples bloques de barro cocido que llevan 3.000 años esperando a que alguien aprenda a leer la huella invisible de la Tierra.

Referencias

  • Matthew D. Howland et al. 2023. Exploring geomagnetic variations in ancient Mesopotamia: Archaeomagnetic study of inscribed bricks from the 3rd-1st millennia BCE. PNAS 120 (52): e2313361120; doi: 10.1073/pnas.2313361120