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Un fósil extraordinario de 125 millones de años revela po...
Christian Pérez · 2026-06-20 · via Muy Interesante

Un fósil hallado en los Pirineos catalanes conserva detalles de piel, respiración e incluso posibles patrones de coloración de un cocodrilo que vivió hace 125 millones de años.

Descubren en los Pirineos los restos de piel y el posible patrón de color de un antiguo cocodrilo del Cretácico
Descubren en los Pirineos los restos de piel y el posible patrón de color de un antiguo cocodrilo del Cretácico. Fotos: Adaptado de Castillo-Visa, O. et al.

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante más de un siglo, un pequeño fósil hallado en los Pirineos catalanes permaneció guardando secretos que nadie era capaz de ver. Sus huesos habían sido estudiados, clasificados y comparados con otros reptiles prehistóricos. Sin embargo, ocultos en la roca que lo rodeaba permanecían detalles extraordinarios sobre su aspecto externo, su respiración e incluso parte de su coloración original. Ahora, una investigación ha conseguido sacar a la luz esa información perdida durante 125 millones de años.

El protagonista de este hallazgo es Montsecosuchus depereti, un pequeño cocodrilomorfo que vivió durante el Cretácico Inferior en lo que hoy es la provincia de Lleida. El estudio, publicado en la revista Zoological Journal of the Linnean Society y liderado por investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, ha permitido reconstruir aspectos de la anatomía externa de este animal con un nivel de detalle excepcional.

La importancia del descubrimiento va mucho más allá de conocer el aspecto de una especie concreta. Los resultados aportan nuevas pistas sobre cómo evolucionaron los cocodrilos modernos y demuestran, una vez más, el enorme valor científico de algunos yacimientos fósiles de la península ibérica.

Hace aproximadamente 125 millones de años, el actual Prepirineo catalán tenía un aspecto muy diferente al de hoy. En aquella época existían lagos costeros rodeados por una rica biodiversidad de plantas, insectos, peces, anfibios y reptiles. En uno de esos ambientes vivió este pequeño depredador semiaquático de apenas medio metro de longitud.

Su muerte, por causas desconocidas, desencadenó una cadena de circunstancias extraordinarias. El cuerpo quedó depositado en el fondo de un lago donde las condiciones de conservación eran tan excepcionales que no solo se fosilizaron los huesos, sino también partes de tejidos blandos que normalmente desaparecen poco después de la muerte.

La luz ultravioleta que permitió ver lo invisible

La investigación comenzó cuando los paleontólogos que estudiaban fósiles procedentes de las calizas litográficas del Montsec observaron algo inusual en el ejemplar conservado en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona. Bajo determinadas condiciones de iluminación aparecían estructuras que no podían apreciarse con luz convencional.

La utilización de luz ultravioleta resultó decisiva. Esta técnica permite distinguir diferencias químicas entre los tejidos fosilizados y la roca que los contiene, haciendo visibles detalles que permanecen ocultos a simple vista.

Gracias a este procedimiento, los investigadores identificaron restos de tejidos blandos distribuidos por distintas partes del cuerpo. Entre ellos destacaban numerosas escamas epidérmicas conservadas con un grado de detalle poco habitual en reptiles tan antiguos.

El análisis reveló que la piel de Montsecosuchus presentaba una gran diversidad de formas y tamaños de escamas según la región corporal. Esta variabilidad recuerda en algunos aspectos a la observada en los cocodrilos actuales, aunque también muestra características primitivas que ayudan a comprender cómo evolucionó este grupo a lo largo de millones de años.

Uno de los aspectos más llamativos es la ausencia de la elevada aleta caudal que poseen muchas especies modernas. Este rasgo sugiere que los primeros cocodrilomorfos desarrollaron estrategias de desplazamiento acuático diferentes a las de sus descendientes actuales.

El ejemplar de Montsecosuchus depereti iluminado con luz ultravioleta, una técnica que permite revelar estructuras ocultas a simple vista
El ejemplar de Montsecosuchus depereti iluminado con luz ultravioleta, una técnica que permite revelar estructuras ocultas a simple vista. Foto: Castillo-Visa, O. et al

Según indican los investigadores, la conservación de tejidos blandos en este ejemplar es tan excepcional que ha permitido estudiar aspectos de su anatomía externa imposibles de observar en la mayoría de fósiles de cocodrilomorfos.

Un sistema respiratorio sorprendentemente avanzado

La piel no fue la única protagonista del estudio. La luz ultravioleta también permitió identificar estructuras cartilaginosas asociadas a la caja torácica del animal.

Estos restos aportan información valiosa sobre la mecánica respiratoria de un grupo de reptiles del que apenas se conocen tejidos blandos. Según indican los autores, la disposición de estas estructuras sugiere que Montsecosuchus ya poseía un sistema respiratorio notablemente eficiente.

Este hallazgo resulta especialmente relevante porque demuestra que algunas adaptaciones consideradas avanzadas aparecieron mucho antes de lo que se pensaba. En otras palabras, ciertos cocodrilomorfos del Cretácico ya habían desarrollado una anatomía torácica compleja capaz de facilitar una respiración eficaz tanto en tierra como en ambientes acuáticos.

La conclusión encaja con el estilo de vida que los investigadores atribuyen a este pequeño reptil. Aunque pertenecía a una rama primitiva del árbol evolutivo de los cocodrilos, ya mostraba características compatibles con una existencia semiaquática bien adaptada.

Esta combinación de rasgos primitivos y avanzados convierte al fósil en una pieza clave para entender la transición evolutiva que terminó dando lugar a los cocodrilos modernos.

Detalle de la caja torácica del ejemplar, donde los investigadores identificaron tejidos blandos conservados de forma excepcional. Las estructuras resaltadas en tonos azulados corresponden a restos de cartílago asociados a las costillas ventrales
Detalle de la caja torácica del ejemplar, donde los investigadores identificaron tejidos blandos conservados de forma excepcional. Las estructuras resaltadas en tonos azulados corresponden a restos de cartílago asociados a las costillas ventrales. Foto: Castillo-Visa, O. et al

El estudio plantea que las bandas detectadas en la cola podrían corresponder a parte de la coloración original del animal, una posibilidad extremadamente rara en el registro fósil de reptiles.

El hallazgo más inesperado: restos de un antiguo patrón de coloración

Sin embargo, la gran sorpresa llegó al examinar la cola del ejemplar.

En algunas de las escamas caudales aparecieron bandas alternas claras y oscuras que no correspondían a fracturas ni a procesos de fosilización posteriores. Los investigadores interpretan estas marcas como posibles restos del patrón de coloración original del animal.

Si esta hipótesis se confirma mediante futuras investigaciones, estaríamos ante la evidencia más antigua conocida de coloración preservada en un miembro del grupo de los cocodrilomorfos.

La posibilidad de reconstruir parcialmente la apariencia externa de un animal que vivió hace 125 millones de años resulta extraordinaria. Aunque los científicos todavía no pueden determinar los colores exactos que presentaba la cola, sí consideran probable que existieran franjas o bandas similares a las observadas en algunos cocodrilos actuales.

Estas marcas podrían haber cumplido una función de camuflaje disruptivo. En la naturaleza, este tipo de patrones ayudan a romper visualmente la silueta del animal, dificultando que depredadores o presas distingan su forma con claridad.

La presencia de un sistema de camuflaje tan antiguo indicaría que las estrategias visuales complejas ya estaban evolucionando entre los antepasados de los cocodrilos mucho antes de la aparición de muchas especies modernas.

Detalle de la cola de un ejemplar de Alligator mississippiensis conservado en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, donde pueden apreciarse diferentes bandas de coloración
Detalle de la cola de un ejemplar de Alligator mississippiensis conservado en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, donde pueden apreciarse diferentes bandas de coloración. Foto: Oscar Castillo / Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont

Los resultados sugieren que Montsecosuchus depereti ya estaba notablemente especializado para una vida semiaquática pese a pertenecer a una etapa temprana de la evolución de los cocodrilos.

Un tesoro paleontológico escondido en los Pirineos

El fósil procede de la Pedrera de Meià, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de Europa para el estudio del Cretácico Inferior.

Este enclave está considerado un auténtico tesoro científico porque pertenece a la categoría conocida como Konservat-Lagerstätte, reservada a los yacimientos con una conservación excepcional de organismos.

A diferencia de la mayoría de los fósiles, donde únicamente se preservan los elementos más resistentes como huesos o dientes, en estos lugares pueden conservarse tejidos blandos, impresiones de piel, órganos e incluso rastros de coloración.

Durante décadas, la Pedrera de Meià ha proporcionado miles de fósiles de peces, insectos, plantas, anfibios y reptiles. Entre ellos destaca también Montsechia, considerada por numerosos investigadores una de las plantas con flor más antiguas conocidas.

Los resultados obtenidos con Montsecosuchus depereti refuerzan todavía más la relevancia internacional de este yacimiento catalán. Cada nuevo estudio demuestra que algunos fósiles conservan mucha más información de la que los científicos imaginaban cuando fueron descubiertos.

Más de un siglo después de salir de la roca, este pequeño cocodrilo prehistórico sigue revelando secretos sobre la evolución de los vertebrados. Y todo apunta a que aún quedan muchas historias ocultas esperando ser descubiertas bajo la luz adecuada.

Referencias

  • Oscar Castillo-Visa et al, Soft tissue preservation in the Barremian Montsecosuchus depereti (Neosuchia: Atoposauridae), Zoological Journal of the Linnean Society (2026). DOI: 10.1093/zoolinnean/zlag076