























Un nuevo estudio desmonta una de las teorías más repetidas sobre la desaparición neandertal y apunta a un factor mucho más humano.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante décadas, la desaparición de los neandertales se ha explicado casi siempre del mismo modo: el clima cambió, llegaron los Homo sapiens y Europa ya no tuvo espacio para ambos. La idea parecía lógica. Las glaciaciones se intensificaron, los recursos escasearon y nuestra especie terminó imponiéndose. Sin embargo, un nuevo trabajo científico acaba de poner en duda esa interpretación tan extendida.
Tal y como ha revelado un estudio publicado en Quaternary Science Reviews, el problema pudo no estar únicamente en el frío, ni siquiera en la competencia directa entre especies. La clave habría sido mucho más compleja y, en cierto modo, mucho más moderna: la capacidad de mantener redes sociales estables y conectadas a gran escala.
La investigación, dirigida por la antropóloga Ariane Burke, de la Universidad de Montreal, analizó Europa entre hace 60.000 y 35.000 años, un periodo marcado por violentos cambios climáticos. Fue entonces cuando los últimos neandertales desaparecieron del registro arqueológico y cuando los primeros grupos de Homo sapiens comenzaron a extenderse de forma permanente por el continente.
Para reconstruir aquel escenario, los investigadores recurrieron a una técnica habitual en ecología digital: los modelos de distribución de especies. Normalmente se utilizan para predecir dónde puede sobrevivir un animal o una planta a partir de datos ambientales. En esta ocasión, los científicos sustituyeron las observaciones biológicas por yacimientos arqueológicos de neandertales y sapiens.
El resultado permitió reconstruir los territorios potencialmente habitables para ambas especies durante los periodos más fríos y más templados del final del Paleolítico medio. Y lo primero que llamó la atención fue algo inesperado: los neandertales sí seguían teniendo refugios habitables incluso durante las fases climáticas más duras.
Tal y como indica el estudio, regiones como el sur de la península ibérica, la zona franco-cantábrica o partes de Italia conservaron condiciones relativamente favorables durante miles de años. No se trataba de pequeños enclaves aislados, sino de áreas capaces de sostener poblaciones humanas de forma prolongada.
Eso cambia de forma importante la narrativa tradicional. Si los neandertales habían sobrevivido antes a otros ciclos glaciales extremos, ¿por qué desaparecieron precisamente en este momento?
La respuesta empezó a aparecer cuando los investigadores analizaron no solo el territorio disponible, sino también las conexiones entre los distintos grupos humanos. Ahí surgió la gran diferencia entre ambas especies.

Los modelos muestran que los territorios ocupados por Homo sapiens estaban mucho más conectados entre sí. Existían corredores relativamente continuos que facilitaban el movimiento de personas, información y recursos entre regiones alejadas. En cambio, las poblaciones neandertales aparecían más fragmentadas, especialmente en Europa central y oriental.
Ese detalle aparentemente técnico pudo ser decisivo. Las redes humanas funcionan como sistemas de seguridad. Permiten compartir información sobre migraciones animales, acceder temporalmente a otros territorios durante crisis climáticas o encontrar nuevas alianzas cuando una población disminuye.
Los investigadores utilizaron datos etnográficos de sociedades cazadoras-recolectoras recientes para estimar el tamaño de estos territorios y sus conexiones. Según esos cálculos, un grupo humano de entre 25 y 50 individuos necesitaba alrededor de 2.500 kilómetros cuadrados para mantener su movilidad estacional y sus relaciones regionales.
El estudio sugiere que la extinción neandertal fue menos una derrota repentina y más un desgaste lento provocado por poblaciones cada vez más fragmentadas.
Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es que el factor más importante no fue tanto la temperatura absoluta como la variabilidad climática. Los cambios bruscos e imprevisibles del entorno parecen haber afectado más a las poblaciones humanas que el simple descenso térmico.
Eso explicaría por qué algunas regiones funcionaron como auténticos refugios durante miles de años, mientras otras quedaron prácticamente desconectadas. Y también ayuda a entender por qué la desaparición neandertal no ocurrió igual en toda Europa.
En el oeste del continente, especialmente en Iberia, las poblaciones neandertales pudieron resistir más tiempo gracias a regiones relativamente bien conectadas. En Europa oriental, en cambio, los grupos quedaron más aislados y vulnerables a problemas demográficos, como la pérdida de diversidad genética o la reducción del tamaño poblacional.
La llegada de Homo sapiens añadió todavía más presión, aunque no necesariamente mediante una competencia directa constante. De hecho, el estudio calcula que las zonas de solapamiento entre ambas especies nunca superaron el 5% del territorio potencial disponible.
Eso significa que neandertales y sapiens no convivieron permanentemente luchando por los mismos recursos en todas partes, como muchas veces se ha imaginado. Había diferencias sutiles en la forma de utilizar el paisaje, los corredores de movilidad y los territorios preferentes.

Las conexiones entre grupos funcionaban como una red de seguridad prehistórica capaz de compartir recursos, información y alianzas.
Tal y como adelanta la investigación, la desaparición de los neandertales fue probablemente el resultado de una combinación de factores: cambios climáticos rápidos, poblaciones pequeñas, conexiones débiles entre grupos e interacciones complejas con Homo sapiens, incluyendo episodios de mestizaje.
Porque los neandertales no desaparecieron de golpe. Parte de su herencia genética sigue presente hoy en la población humana moderna. En realidad, la frontera entre extinción y absorción poblacional pudo ser mucho más difusa de lo que se pensaba hace apenas unos años.
El estudio también deja una reflexión inesperadamente contemporánea. Hace 40.000 años, igual que hoy, sobrevivir dependía no solo de la tecnología o de la inteligencia, sino de la capacidad para mantener vínculos, cooperar y crear redes de apoyo.
Y, como señalan los investigadores, quizá ahí estuvo la ventaja decisiva de Homo sapiens. No en ser más fuerte ni necesariamente más inteligente, sino en estar mejor conectado.
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