


















El primer análisis científico de las dolia romanas de Ostia reescribe la historia económica de la ciudad portuaria: sus tinajas de 1.000 litros pudieron haber almacenado garum durante el siglo II d. C.
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En las entrañas de Ostia Antica, la ciudad portuaria que abasteció a la Roma imperial durante siglos, más de 150 enormes tinajas de cerámica llevan décadas celando un secreto histórico: ¿qué guardaron en su interior? Las llamadas dolia (plural de dolium) permanecían semienterradas en los almacenes y podían contener más de 1.000 litros cada una. Descubiertas hace aproximadamente un siglo, nadie las había analizado científicamente hasta ahora.
Un estudio publicado en 2026 en el Journal of Archaeological Science por Caroline Cheung, de la Universidad de Princeton, y Andrea Carpentieri, de la Universidad de Nápoles Federico II, ha cambiado ese panorama. Por primera vez, los dos investigadores aplicaron técnicas de análisis químico de vanguardia para descifrar qué contenían estas vasijas y qué métodos se utilizaron para repararlas en la Antigüedad. ¿Almacenaron vino, aceite o algo mucho más valioso? ¿Y por qué algunos artesanos incrustaron plata y estaño en las reparaciones hechas con plomo?
150 enormes tinajas de cerámica procedentes de Ostia Antica llevan décadas celando un secreto histórico: ¿qué guardaron en su interior?

Ostia operó como el gran puerto de Roma desde el siglo IV a. C. Durante el siglo I d. C., el crecimiento de las importaciones impulsó la construcción de su vecina Portus, un puerto artificial hexagonal capaz de albergar barcos de gran calado. En el siglo II d. C. se levantaron nuevos almacenes en distintas zonas de la ciudad para concentrar alimentos y mercancías. Al menos cinco de esos almacenes incorporaron dolia en sus estructuras: enormes contenedores sin decoración, fabricados en cerámica y capaces de superar los 1.000 litros de capacidad.
El estudio de Cheung y Carpentieri se centró en tres almacenes todavía accesibles. Se trata del almacén de Caseggiato dei Doli (Regio I), con 35 tinajas; el Magazzino dei Dolii (Regio III), con 21 ejemplares actualmente enterrados hasta el borde por la elevación del suelo en épocas posteriores; y el Magazzino Annonario (Regio V), el más grande, con más de 100 dolia enterradas.
En total, los investigadores tomaron 12 muestras de residuos orgánicos y de aditivos metálicos de vasijas procedentes de los tres conjuntos. Las muestras se analizaron mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas (GC-MS) y espectrometría de masas con plasma de acoplamiento inductivo (ICP-MS).
Los investigadores tomaron 12 muestras de residuos orgánicos y de aditivos metálicos de vasijas procedentes de tres almacenes todavía accesibles.

El análisis GC-MS identificó en casi todas las muestras una combinación de ácidos grasos saturados e insaturados (palmítico, esteárico, oleico y mirístico), derivados de aminoácidos como el ácido piroglutámico, y diterpenoides como el ácido dehidroabiético. Este último compuesto es un biomarcador establecido de la resina de pino, lo que indica que las paredes interiores de lasdolia se recubrieron de una capa resinosa. Esta práctica también se documenta en las ánforas romanas usadas para el almacenamiento de vino y de productos derivados del pescado.
La combinación de lípidos degradados, proteínas en descomposición y el revestimiento de resina apunta, con la debida cautela, a que estas vasijas pudieron contener garum, la preciada salsa de pescado fermentado que los romanos utilizaban como condimento universal. No se detectaron marcadores de vino, como el ácido tartárico y el resveratrol, aunque su ausencia podría deberse a que se disuelven con facilidad en agua.
La atribución del garum sigue siendo provisional, pero el contexto arqueológico refuerza la hipótesis. Ostia contaba con salinas, embarcaciones de pesca y numerosas inscripciones que atestiguan la presencia de pescadores y de vendedores de pescado. Además, un fragmento de ánfora con la inscripción G(arum) OST(iense) hallado en Magdalensberg (Nórico), en lo que hoy es Austria, sugiere que Ostia pudo haber sido un centro de producción y distribución de este codiciado producto.
La combinación de lípidos degradados, proteínas en descomposición y el revestimiento de resina apunta, con la debida cautela, a que estas vasijas pudieron contener garum.

Las dolia eran frágiles y costosas. Durante el secado en el taller o tras años de uso intensivo, podían surgir grietas en su superficie. Para prolongar su vida útil, los artesanos las reforzaban con elementos metálicos, generalmente de plomo. Lo fundían a baja temperatura y le daban forma colocándolo sobre las fisuras.
Lo novedoso del estudio es lo que reveló el análisis ICP-MS. Además del plomo predominante, las reparaciones de Ostia contienen cantidades mensurables de plata (Ag) y estaño (Sn). Ambos metales apenas se documentan en reparaciones equivalentes en otras regiones del Imperio romano. Añadir plata y estaño al plomo mejora su dureza y resistencia, lo que sugiere una estrategia deliberada para que los refuerzos duraran más.
Es posible que una misma tinaja comenzara su vida útil como contenedor de vino y que, en un segundo momento, se reutilizara para almacenar garum.

Uno de los hallazgos más sugerentes del estudio es que las dolia probablemente no se utilizaron para almacenar siempre los mismos productos. La presencia reiterada de resina de pino indica que las paredes se sellaron y resellaron en distintos momentos. Según los investigadores, esta práctica sería compatible con el almacenamiento tanto de vino como de los derivados del pescado. Es posible que una misma tinaja comenzara su vida útil como contenedor de vino (por tanto, con las paredes revestidas de resina como impermeabilizante y conservante) y que, en un segundo momento, se reutilizara para almacenar garum.
El estudio también documenta que, al menos en dos de los tres almacenes, los edificios se sometieron a modificaciones importantes. En el Caseggiato dei Doli se añadieron vasijas de tamaños y calidades distintas para ampliar la capacidad de almacenamiento. En el Magazzino dei Dolii, por su parte, se elevó el suelo 1,4 m en una fase posterior para poder enterrar las tinajas hasta el borde. Estas reorganizaciones sugieren que el uso de los almacenes cambió con el tiempo y que, en consecuencia, la función de las dolia evolucionó en paralelo.
Si las más de 150 dolia conservadas en los tres almacenes contenían garum, la capacidad total superaría los 150.000 litros de salsa de pescado.
La investigación abre nuevas preguntas sobre la escala del comercio ostiense. Si las más de 150 dolia conservadas en los tres almacenes contenían garum, la capacidad total superaría los 150.000 litros de salsa de pescado, un volumen que los textos antiguos nunca atribuyeron a Ostia y que obliga a reconsiderar el papel de la ciudad en las redes de distribución alimentaria del Mediterráneo romano. La investigación en su conjunto revela que las dolia de Ostia formaban parte de auténticas instalaciones industriales diseñadas para durar generaciones, testigos mudos de un comercio mediterráneo de escala colosal.
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