





















Unas extrañas cristalizaciones halladas dentro de un hueso animal han obligado a replantear uno de los capítulos más discutidos sobre la evolución tecnológica humana en Asia.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
Hasta hace poco, muchos arqueólogos pensaban que los grupos humanos que habitaron el este de Asia hace más de 100.000 años desarrollaron tecnologías relativamente simples en comparación con las poblaciones de Europa o África. Esa idea llevaba décadas instalada en la investigación prehistórica. Sin embargo, un yacimiento excavado en el centro de China acaba de introducir una grieta importante en esa visión.
El enclave se encuentra en Lingjing, una zona conocida desde hace años por la enorme cantidad de huesos animales y restos líticos encontrados allí. Los investigadores sospechaban que aquel lugar había funcionado como una especie de área especializada para el procesamiento de animales, probablemente ciervos y otros grandes herbívoros. Pero había algo extraño en las piezas de piedra recuperadas durante las excavaciones.
A simple vista, muchos de aquellos núcleos de piedra parecían poco espectaculares: fragmentos redondeados, discos de roca golpeados una y otra vez para desprender lascas afiladas. Sin embargo, al analizarlos con detalle, los arqueólogos descubrieron que detrás de aquellas formas aparentemente simples existía un sistema técnico mucho más sofisticado de lo esperado.
Tal y como indica el estudio publicado en Journal of Human Evolution, los artesanos prehistóricos no golpeaban las piedras de forma aleatoria. Controlaban cuidadosamente los ángulos, diferenciaban superficies destinadas al impacto y otras pensadas para producir filos cortantes, y mantenían la geometría de los núcleos durante varias fases de trabajo. En otras palabras: había planificación.
Ese detalle resulta clave porque este tipo de organización técnica suele asociarse a capacidades cognitivas avanzadas. Hasta ahora, muchos especialistas consideraban que estos sistemas complejos de talla eran característicos sobre todo de neandertales europeos o de grupos humanos africanos vinculados a los orígenes de Homo sapiens. Lingjing estaba empezando a cuestionar esa frontera cultural.
El verdadero giro de la investigación no llegó de las herramientas, sino de un hueso.
Entre los restos animales apareció una costilla perteneciente a un gran mamífero. En su interior habían crecido pequeños cristales de calcita casi imperceptibles. Y precisamente esos cristales terminaron convirtiéndose en una especie de reloj natural capaz de alterar por completo la historia del yacimiento.
Tal y como ha revelado el equipo dirigido por Zhangyang Li y Yuchao Zhao, esos depósitos minerales contenían trazas de uranio. Con el paso del tiempo, ese elemento se transforma lentamente en torio, permitiendo calcular la antigüedad de la formación cristalina mediante técnicas radiométricas.

El resultado sorprendió a los investigadores. Las herramientas no tenían unos 126.000 años, como se pensaba hasta ahora. Eran mucho más antiguas: alrededor de 146.000 años.
La diferencia puede parecer pequeña en términos geológicos, pero cambia radicalmente el contexto climático en el que fueron fabricadas. Hace 126.000 años, la Tierra atravesaba un periodo interglaciar relativamente cálido. Hace 146.000 años, en cambio, gran parte del planeta sufría condiciones mucho más frías asociadas a una intensa glaciación.
Y eso transforma por completo la interpretación del hallazgo.
Los cristales hallados dentro del hueso actuaron como un auténtico reloj natural capaz de reescribir la cronología del yacimiento.
La idea tradicional sostenía que la innovación tecnológica surgía sobre todo en épocas estables y favorables, cuando las poblaciones disponían de más recursos y tiempo para experimentar. Lingjing plantea exactamente lo contrario.
Las herramientas halladas en China habrían sido creadas en un contexto climático extremadamente hostil, en plena Edad de Hielo. Aquellos grupos humanos necesitaban optimizar cada recurso disponible para sobrevivir. La precisión en la fabricación de cuchillas y útiles de corte pudo marcar la diferencia entre aprovechar o desperdiciar un animal cazado.
Los autores del trabajo sostienen que estas poblaciones —identificadas como Homo juluensis— poseían capacidades cognitivas mucho más complejas de lo que se había supuesto para el este asiático en esa época. Este grupo humano presentaba rasgos compartidos con poblaciones arcaicas asiáticas y también con neandertales europeos, además de un tamaño cerebral notablemente grande.

Otro detalle importante es el origen de la materia prima. Algunas piedras utilizadas para fabricar las herramientas procedían de zonas situadas a varios kilómetros del yacimiento, lo que sugiere selección consciente de materiales y desplazamientos planificados.
Todo ello dibuja un escenario muy distinto al que durante años dominó los manuales sobre evolución humana en Asia. Lingjing no muestra comunidades tecnológicamente atrasadas, sino grupos capaces de adaptarse con rapidez a uno de los entornos más difíciles del Pleistoceno.
Y quizá ahí resida la verdadera importancia del descubrimiento: la creatividad humana podría no haber nacido en tiempos cómodos y abundantes, sino precisamente en los momentos en los que sobrevivir exigía pensar mejor que nunca.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。