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Científicos encuentran en la muñeca humana inesperadas hu...
Christian Pérez · 2026-05-27 · via Muy Interesante

Un estudio de miles de huesos fósiles sugiere que la mano humana aún conserva señales anatómicas heredadas de antiguos grandes simios africanos, una pista inesperada sobre cómo se movían nuestros ancestros hace millones de años.

Un estudio de antiguos huesos de muñeca reabre el debate sobre cómo se desplazaban los primeros miembros del linaje humano
Un estudio de antiguos huesos de muñeca reabre el debate sobre cómo se desplazaban los primeros miembros del linaje humano. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

La locomoción de los primeros ancestros humanos continúa siendo uno de los rompecabezas más difíciles de resolver para la paleoantropología. Los científicos llevan décadas tratando de descubrir si el ancestro común entre humanos y chimpancés compartía la peculiar forma de caminar de gorilas y chimpancés actuales. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B vuelve a colocar esta vieja hipótesis en el centro del debate científico y lo hace apoyándose en una parte del cuerpo tan pequeña como decisiva: la muñeca.

El trabajo, liderado por la investigadora Laura E. Hunter, analizó miles de huesos de muñeca pertenecientes tanto a primates actuales como a distintas especies humanas extinguidas. En el centro del estudio se encuentran los huesos carpianos, pequeñas estructuras anatómicas que articulan la muñeca y que desempeñan un papel decisivo en el movimiento de la mano. Tal y como revela la investigación, varios de esos huesos presentan en humanos modernos una sorprendente similitud con los de chimpancés y gorilas, una coincidencia anatómica que refuerza la hipótesis de un ancestro común relacionado con formas de locomoción apoyadas sobre los nudillos.

Los investigadores, sin embargo, evitan sacar conclusiones definitivas. La ausencia de fósiles completos pertenecientes al momento exacto en que se separaron humanos y grandes simios africanos sigue dejando muchas incógnitas abiertas. Aun así, las señales anatómicas halladas en la muñeca humana parecen encajar mejor con un origen evolutivo compartido con chimpancés y gorilas que con otras teorías defendidas durante décadas.

Pero quizá lo más fascinante del estudio sea la manera en que la evolución reutilizó esas antiguas estructuras anatómicas. Rasgos que originalmente pudieron surgir para estabilizar la muñeca durante el desplazamiento terminaron convirtiéndose, millones de años después, en la base biomecánica que permitió manipular herramientas, sujetar objetos con precisión y desarrollar la extraordinaria destreza manual característica del ser humano.

La muñeca, un archivo fósil escondido en la mano

La investigación se centró especialmente en siete diminutos huesos carpianos que, pese a su tamaño casi insignificante, son fundamentales para comprender cómo evolucionó la mano humana. Estas piezas óseas permiten una combinación biomecánica excepcional entre estabilidad, fuerza y flexibilidad, algo imprescindible tanto para soportar tensiones físicas como para realizar movimientos extremadamente precisos.

Durante mucho tiempo, la evolución humana se estudió sobre todo a través del cráneo, la pelvis o las piernas, estructuras clave para reconstruir el origen del bipedismo. Sin embargo, en los últimos años la muñeca ha comenzado a adquirir un protagonismo inesperado entre los paleoantropólogos. Sus formas y articulaciones conservan rastros anatómicos capaces de sobrevivir intactos durante millones de años, funcionando casi como una cápsula del tiempo evolutiva.

Para rastrear esas señales ocultas, el equipo científico recurrió a escaneados tridimensionales de altísima resolución capaces de reproducir hasta las irregularidades microscópicas de cada hueso. Después aplicaron complejos modelos matemáticos para estudiar la geometría completa de las articulaciones carpianas y combinaron esos resultados con sistemas de aprendizaje automático. Gracias a esta tecnología, pudieron comparar automáticamente miles de huesos fósiles con muñecas de humanos actuales, chimpancés, gorilas y orangutanes, detectando patrones anatómicos prácticamente invisibles para el ojo humano.

La base de datos utilizada fue enorme: más de 2.000 huesos procedentes de humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y distintos monos, además de 55 fósiles pertenecientes a especies extinguidas como Australopithecus afarensis, Homo naledi, Homo floresiensis y neandertales.

Un esquema que representa siete de los ocho huesos que forman la muñeca
Un esquema que representa siete de los ocho huesos que forman la muñeca. Fuente: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026)

Tal y como indica el estudio, los parecidos más llamativos aparecieron en dos huesos concretos: el semilunar y el piramidal. En humanos y grandes simios africanos presentan una forma extraordinariamente similar, mucho más próxima entre sí que respecto a otros primates.

Para los autores, esa coincidencia difícilmente puede ser casual.

La muñeca humana todavía guarda huellas anatómicas de un pasado evolutivo compartido con los grandes simios africanos.

El posible legado de caminar sobre los nudillos

Los chimpancés y los gorilas caminan apoyando el peso del cuerpo sobre los nudillos de las manos. Esta forma de desplazamiento exige que la muñeca soporte enormes fuerzas de compresión y permanezca relativamente rígida para evitar lesiones.

De acuerdo con el estudio, varias de las características anatómicas presentes hoy en la muñeca humana podrían tener un origen mucho más antiguo de lo que se pensaba. Los investigadores identificaron modificaciones concretas en algunas articulaciones de la muñeca —especialmente en la zona cercana al pulgar— que encajan con adaptaciones relacionadas con una locomoción basada en el apoyo sobre los nudillos, similar a la de chimpancés y gorilas actuales.

Pero lo verdaderamente llamativo es que esas estructuras no habrían desaparecido con el tiempo. Al contrario: millones de años después terminaron desempeñando un papel clave en una capacidad completamente diferente, la manipulación precisa de objetos.

Según plantean los autores, algunas adaptaciones que inicialmente pudieron ayudar a estabilizar la muñeca durante el movimiento acabaron facilitando el uso avanzado de las manos, desde agarrar herramientas hasta realizar movimientos extremadamente precisos. En biología evolutiva, este proceso recibe el nombre de exaptación, un fenómeno por el cual una estructura desarrollada para una función concreta termina siendo reutilizada para otra totalmente distinta.

La investigación también dibuja una evolución mucho menos lineal de lo que tradicionalmente se imaginaba. Entre los antiguos simios arborícolas y los primeros humanos capaces de fabricar herramientas complejas habría existido una larga fase intermedia llena de cambios graduales. Durante ese periodo, los homínidos habrían experimentado distintas formas de locomoción y uso de las manos antes de alcanzar la extraordinaria destreza manual que caracteriza hoy a nuestra especie.

La evolución de la mano humana fue un “mosaico”

Uno de los hallazgos más fascinantes del estudio es que la evolución de la muñeca humana no ocurrió de golpe. Diferentes huesos cambiaron en momentos distintos, generando combinaciones anatómicas muy extrañas en algunas especies fósiles.

Algunos homínidos tempranos conservaban características propias de simios africanos mientras otros huesos ya empezaban a parecerse a los humanos modernos. En ciertos casos, incluso aparecían rasgos similares a los de monos que caminan apoyando toda la palma de la mano.

Ese patrón “en mosaico” resulta especialmente evidente en especies como Australopithecus afarensis, la especie de Lucy, o en Homo naledi, una de las especies humanas más enigmáticas descubiertas en Sudáfrica.

En Homo naledi, por ejemplo, algunos individuos presentan muñecas sorprendentemente modernas mientras otros conservan rasgos mucho más primitivos. Según el estudio, esto sugiere que las capacidades manuales todavía variaban enormemente dentro de la propia especie.

Los investigadores consideran que esto podría indicar que el uso intensivo y sofisticado de herramientas apareció relativamente tarde en la evolución humana. Aunque algunos homínidos fabricaban utensilios simples desde hacía millones de años, la selección evolutiva que terminó fijando la muñeca moderna pudo ser mucho más reciente.

De hecho, tal y como señala el trabajo, muchas de las características típicamente humanas no parecen estabilizarse completamente hasta etapas avanzadas del género Homo.

Diagramas de dispersión de los componentes principales PC1 y PC2 en todos los huesos carpianos analizados
Diagramas de dispersión de los componentes principales PC1 y PC2 en todos los huesos carpianos analizados. Fuente: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026)

Algunos huesos de nuestra muñeca siguen siendo extraordinariamente parecidos a los de los grandes simios africanos

El pulgar fue el gran protagonista de la transformación

La investigación también destaca el enorme papel del pulgar en la evolución de la muñeca humana.

Las modificaciones más importantes aparecen precisamente en el lado radial de la muñeca, la zona que conecta con el pulgar. Allí, varios huesos cambiaron de posición, se ensancharon y reorganizaron sus superficies articulares para aumentar tanto la estabilidad como la movilidad fina.

Este rediseño permitió movimientos extremadamente precisos y potentes, fundamentales para sostener herramientas, golpear objetos o realizar tareas complejas.

Curiosamente, algunas de esas transformaciones solo fueron posibles gracias a estructuras heredadas de los antiguos simios africanos. Es decir, la muñeca humana moderna no sustituyó completamente la anatomía ancestral, sino que la reutilizó y modificó progresivamente.

Los investigadores consideran que este escenario explica por qué los humanos seguimos compartiendo tantos detalles anatómicos con gorilas y chimpancés pese a nuestras diferencias funcionales actuales.

El debate sigue abierto

A pesar de la contundencia de algunos resultados, los autores son prudentes. El estudio no demuestra definitivamente que el último ancestro común caminara sobre los nudillos. También es posible que algunos de esos rasgos estuvieran relacionados con la escalada vertical o con otros comportamientos arbóreos.

Además, el gran problema continúa siendo la falta de fósiles pertenecientes exactamente al periodo en que humanos y chimpancés se separaron evolutivamente hace entre seis y ocho millones de años.

Sin esos fósiles, reconstruir cómo se movía aquel ancestro seguirá siendo una tarea parcialmente especulativa.

Aun así, el trabajo aporta una de las reconstrucciones más completas realizadas hasta ahora sobre la evolución de la muñeca humana y refuerza la idea de que nuestra mano moderna nació a partir de una anatomía mucho más parecida a la de un gran simio de lo que durante años se había imaginado.

La paradoja resulta fascinante: parte de la estructura que hoy nos permite escribir, operar instrumentos quirúrgicos o utilizar teléfonos inteligentes podría haberse originado hace millones de años en animales que caminaban apoyándose sobre los nudillos por los bosques africanos.

Referencias

  • Laura E. Hunter et al, Did modern human carpal morphology evolve from knuckle walking traits?, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI: 10.1098/rspb.2026.0556