

























Un estudio analiza el ADN antiguo del sedimento en Noruega y reconstruye 3.000 años de agricultura, ganadería y crisis climáticas sin un solo hueso preservado. El ADN sedimentario confirma los inicios de la ganadería en la Edad del Hierro y el cultivo de lúpulo más antiguo de la región.
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En un campo de Noruega central, a 14 kilómetros de Trondheim, la tierra guarda un secreto genético de más de tres milenios. El yacimiento arqueológico de Torgårdsletta, una formación morrénica glacial, acaba de revelar sus misterios gracias a una técnica que hace apenas una década parecía ciencia ficción: el análisis del ADN antiguo extraído directamente del sedimento. Un equipo internacional de investigadores del Museo Universitario de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) ha publicado en el Journal of Archaeological Science un estudio pionero que reescribe nuestra comprensión de la agricultura escandinava desde la Edad del Bronce hasta el período medieval.
Lo extraordinario del hallazgo radica en lo que los científicos no han logrado detectar: en el yacimiento no se preservó ni un solo fragmento de hueso. Sin restos óseos, no se podía determinar qué animales habían habitado aquellas tierras. El ADN sedimentario (sedaDNA en inglés) cambió las reglas del juego: extraído de 18 muestras de sedimento distribuidas en seis capas estratigráficas, permitió identificar la presencia de animales domésticos, cultivos, plantas silvestres y comunidades microbianas con una precisión sin precedentes.
De este modo, la ciencia ha logrado pintar un retrato genético de 3.000 años de convivencia entre los humanos, los animales y el paisaje que sacude los fundamentos de la arqueología escandinava. Según el estudio, los datos son tan ricos que obligan a reescribir la historia de cómo se gestionaba el territorio en el norte de Europa desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media.
Extraído de 18 muestras de sedimento de seis capas estratigráficas, el ADN sedimentario permitió identificar la presencia de animales domésticos, cultivos, plantas silvestres y comunidades microbianas con una precisión sin precedentes.

Datada entre el 1411 y el 1279 a.C., la Edad del Bronce temprana en Torgårdsletta presenta un paisaje muy diferente del actual. La capa más profunda del perfil muestra un entorno de aguas someras con suelos minerogénicos, poca diversidad vegetal, ausencia de carbón vegetal y ningún indicio de actividad agrícola. El sedaADN ha detectado el Equisetum (cola de caballo) como planta dominante del paisaje, coherente con las condiciones húmedas. Los microbios, por su parte, se asemejan más a los presentes en sedimentos lacustres de agua dulce que a los de los suelos agrícolas.
Sin embargo, la historia cambia durante la transición a la Edad del Bronce tardía e inicios de la Edad del Hierro, entre el 1274 y el 373 a.C. El sedaADN comienza a detectar Hordeum (cebada), el cereal más cultivado en la Noruega prehistórica, y aparecen plantas asociadas a suelos alterados, como las del género Galeopsis. Los microbios asociados a los suelos agrícolas hacen su primera aparición. El análisis de micropaleontología, por su parte, detecta esporas de hongos coprófagos, indicadores de ganadería y del abonado con estiércol. La agricultura estaba llegando al yacimiento desde las laderas vecinas.
En la transición de la Edad del Bronce tardía a la Edad del Hierro, el sedaADN comienza a detectar Hordeum (cebada), el cereal más cultivado en la Noruega prehistórica.

El nivel III, correspondiente a la Edad del Hierro Prerromana (aproximadamente entre el 373 a.C. y el 60 d.C.), es la que proporciona el hallazgo más impactante. Por primera vez, el sedaADN detecta de forma directa ADN de animales domésticos: ovejas y cabras en los niveles inferiores, vacas en los superiores. Ningún hueso, ningún resto fósil; solo el rastro genético en el suelo lo delata. Este es el primer testimonio directo de ganadería en el yacimiento, un dato que los métodos convencionales no habrían podido obtener jamás dada la ausencia de restos óseos.
La revolución agrícola del período también es notable en el plano botánico. El sedaADN revela la presencia de Humulus (lúpulo), empleado históricamente en la elaboración de cerveza. Los investigadores señalan que se trataría de la evidencia directa más antigua del cultivo de lúpulo en esta región.
Por otro lado, la diversidad vegetal se dispara, con 29 taxones herbáceos detectados, cereales como la cebada y el trigo, y plantas invasoras asociadas a los campos labrados. La ganadería mixta y los cultivos intensivos consolidan en estas décadas un modelo agrícola maduro.
En el nivel de la Edad del Hierro Prerromana se encuentra el primer testimonio directo de ganadería en el yacimiento.

Hacia la mitad del nivel IV, datado entre el 60 y el 1155 d. C., el sedaADN registra una fuerte perturbación ecológica. La catástrofe climática de 536 d.C., causada por erupciones volcánicas que oscurecieron el cielo y redujeron las temperaturas en toda el área circumboreal, dejó huella en el perfil sedimentario de Torgårdsletta. Los taxones de cultivos desaparecen de las capas intermedias y las plantas de turbera y humedal, como Comarum y Carex, dominan el registro. Los microbios asociados a los suelos agrícolas retroceden, mientras avanzan los propios de las turberas árticas.
La comunidad que habitaba aquellas tierras debió adaptarse: la arqueología escandinava documenta para este período un giro hacia especies de cultivo más resistentes y un mayor peso de la ganadería frente al cereal. En Torgårdsletta, la señal del sedaADN lo confirma: la tierra se volvió más pantanosa, la actividad agrícola se redujo o desplazó, y la diversidad biológica cayó. Sin embargo, en la parte superior de la misma capa aparecen caballos por primera vez, un dato que podría relacionarse con la tumba de élite de tipo Vendel hallada en el yacimiento en 1933, que sugería el control del territorio por un guerrero ecuestre de redes paneuropeas.
Tras la erupción de 536 d. C., desaparecen los taxones de cultivos mientras avanzan las plantas de turbera y de humedal. Los microbios asociados a los suelos agrícolas retroceden y son sustituidos por los de las turberas árticas.

El nivel V, que abarca aproximadamente desde 1155 d. C. hasta 1850 d. C., revela un sistema agrícola plenamente consolidado. La cebada domina el registro vegetal del sedaADN, acompañada de la avena y el trigo. El análisis microbiano señala una transición hacia suelos agrícolas bien establecidos. Los cerdos y las ovejas reaparecen en el registro genético del estrato inferior. Los microbiomas asociados a sus heces refuerzan la interpretación.
En este último período emerge un retrato de estabilidad y formalización del territorio. Los investigadores concluyen que la agricultura flexible y discontinua de la Edad del Bronce y del Hierro Prerromano dio paso, en la Edad del Hierro tardía, a campos permanentes, probablemente vinculados al surgimiento de la propiedad de la tierra como principio estructurador de la sociedad noruega medieval.
Los investigadores concluyen que la agricultura flexible y discontinua de la Edad del Bronce y del Hierro Prerromano dio paso, en la Edad del Hierro tardía, a campos permanentes.

El estudio demuestra algo de enorme alcance metodológico: el sedaADN puede convertirse en una metodología rutinaria en los proyectos de arqueología de rescate, especialmente en las regiones donde el suelo ácido destruye los huesos. Con todo, el equipo de investigación también reconoce sus limitaciones. Las bases de datos de referencia siguen siendo incompletas para la región, pero el potencial de sedaADN es innegable, pues permite reconstruir la interacción entre cambio climático, evolución agraria y organización social con una resolución que los métodos convencionales todavía no han podido igualar.
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