























Investigadores de Bradford y Stanford analizan 81 dibujos de Holbein con IA y reidentifican el verdadero rostro de Ana Bolena: se ocultaba en la Royal Collection Trust de Windsor bajo la etiqueta "Mujer desconocida".
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Durante más de dos siglos, el mundo ha dado por buena la imagen de Ana Bolena que proporciona un retrato de la Royal Collection Trust de Windsor. Catalogada con el número RCIN 912189, esta pintura lleva décadas presidiendo enciclopedias, documentales y libros de historia como supuesta imagen real de la segunda esposa del soberano Enrique VIII. Sin embargo, un estudio publicado en 2026 en la revista npj Heritage Science ha dinamitado esa certeza. Según los investigadores responsables del trabajo, el retrato que todos creíamos fidedigno de la segunda esposa de Enrique VIII podría representar a una persona muy distinta.
La investigación, firmada por estudiosos de la Universidad de Bradford y de la Universidad de Stanford, combina el análisis documental tradicional con una herramienta hasta ahora inédita en los estudios renacentistas: el reconocimiento facial computacional basado en inteligencia artificial. El sistema, que se ha entrenado con millones de fotografías contemporáneas, es capaz de extraer la geometría ósea de un rostro prescindiendo de elementos como el color del cabello, el estilo artístico de la pintura o la época histórica. Y los resultados que se obtuvieron cuando se aplicó este método a los dibujos de Hans Holbein conservados en Windsor desafían siglos de convención.
Según los investigadores responsables del trabajo, el retrato que todos creíamos fidedigno de la segunda esposa de Enrique VIII podría representar a una persona muy distinta.

De los aproximadamente 85 dibujos de Holbein conservados en Windsor, solo 12 (un 14,8 %) poseen verificación documental contemporánea que los conecta con retratos pintados o con los registros de la época. La identificación de los 69 dibujos restantes, por su parte, depende de las inscripciones añadidas en el siglo XVIII. En muchos casos, esas inscripciones afirman que se trata de copias de fuentes anteriores que, sin embargo, nunca han podido rastrearse ni verificarse.
El estudio sostiene que al menos un 17,9 % de esas inscripciones, supuestamente de máxima autoridad, contienen errores. Así, algunas figuras de la época se identificaron bajo otros nombres: Enrique Howard, primo-hermano de Ana Bolena, aparece como "Thomas" y a James Butler se le atribuye el nombre de "Ormond". Estos errores demuestran que las confusiones y los malentendidos eran más habituales de lo esperado.
El retrato RCIN 912189, considerado una representación de Ana Bolena según la correspondiente inscripción del XVIII, representa a una mujer de cabello rubio, complexión robusta y papada pronunciada. Sin embargo, los despachos diplomáticos y los registros de la corte de Enrique VIII describen a Ana como una mujer morena, de complexión delgada y con un cuello pequeño, rasgo que ella misma mencionó, según las crónicas, momentos antes de su ejecución en 1536. La contradicción, por tanto, parece flagrante.
Los despachos diplomáticos y los registros de la corte de Enrique VIII describen a Ana como una mujer morena, de complexión delgada y con un cuello pequeño.

El equipo desarrolló lo que denominan una Working Likeness Methodology (Metodología de semejanza operativa). Para ello, el análisis biométrico se limitó a tratar exclusivamente los bocetos preparatorios de Holbein y no los retratos pintados posteriores. Esta decisión se explica porque esos dibujos se ejecutaban con el modelo en vivo. Servían como esbozo para la reproducción de la imagen en el taller del artista.
El sistema de IA emplea el modelo AdaFace, que genera vectores de 512 dimensiones capaces de codificar la estructura facial prescindiendo de las variaciones de pose, iluminación y medio artístico.La similitud entre dos rostros, por tanto, se mide como la distancia coseno entre esos vectores normalizados, y los resultados se expresan en una escala de 0 a 100. Para validar el método, los investigadores lo calibraron con relaciones familiares documentadas de la corte Tudor. Los hermanos María y Enrique Howard, por ejemplo, obtuvieron una similitud del 85,5 %, coherente con una relación entre hermanos. Los cortesanos sin parentesco, en cambio, registraron similitudes medias del 36,2 %.
El sistema de IA emplea el modelo AdaFace, que genera vectores de 512 dimensiones capaces de codificar la estructura facial prescindiendo de las variaciones de pose, iluminación y medio artístico.

El retrato RCIN 912190, conocido como Mujer no identificada, encaja perfectamente con las descripciones contemporáneas de Ana Bolena. Tiene el cabello oscuro, la complexión delgada y el cuello grácil. Las anotaciones de Holbein en el dibujo mencionan lo términos Samat (terciopelo) y Damasco, dos tejidos propios de la nobleza.
El soporte (papel preparatorio rosado), además, fue usado exclusivamente por el artista durante su segundo período inglés (1532-1543), que coincide exactamente con los años de ascenso y reinado de Ana Bolena. A esto se añade que el dibujo recibió un tratamiento de conservación extraordinario (un silueteado preciso y un remontaje profesional) que comparte con solo otros dos bocetos de Holbein, todos pertenecientes a la colección del anticuario Jonathan Richardson el Viejo (1667-1745).
El análisis biométrico ofrece la confirmación cuantitativa: el RCIN 912190 alcanza una similitud del 76,9 % con el retrato auténtico de Isabel I pintado por William Scrots hacia 1546, la única imagen fidedigna de la princesa antes de que la iconografía real deformara su imagen. Esa cifra es coherente con las relaciones madre-hija documentadas en el conjunto de datos de validación. El RCIN 912189, en cambio, alcanza solo un 75,4 % con Isabel I, y su posición en la red familiar es más coherente con la generación anterior: es decir, con Isabel Howard, la madre de Ana.
El retrato de Ana Bolena representaría, en realidad, a Isabel Howard, su madre.

Con todo, los autores prefieren ser cautos con sus conclusiones. La retatribución del RCIN 912190 debe considerarse provisional, sólida en lo que respecta a la evidencia documental, material, histórica y computacional, pero abierta a revisión en caso de que aparezcan nuevos registros. El reconocimiento facial computacional, aplicado con el rigor metodológico que exige este estudio, ofrece una herramienta sistemática para abordar ese tipo de retos históricos. Los retratos del Renacimiento guardan más secretos de los que creíamos. Y la inteligencia artificial está empezando a aprender a leerlos.
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