

























Una pequeña tablilla de plomo hallada en los Países Bajos revela cómo las creencias mágicas del Egipto romano llegaron hasta una remota provincia del norte del Imperio.
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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La magia formaba parte de la vida cotidiana en el mundo romano. Aunque hoy suele asociarse a leyendas o supersticiones, hace casi dos mil años muchas personas recurrían a hechizos, amuletos y rituales para intentar influir en su destino, protegerse de sus enemigos o perjudicar a quienes consideraban una amenaza. En ocasiones, esas prácticas quedaron registradas en objetos que han llegado hasta nuestros días y que permiten a los historiadores asomarse a una faceta mucho más íntima de la Antigüedad.
Uno de esos hallazgos acaba de salir a la luz gracias al trabajo de investigadores de la Universidad de Heidelberg. Tal y como ha revelado la institución alemana, los especialistas han conseguido descifrar la inscripción de una antigua tablilla de maldición hallada en Heerlen, una localidad de los Países Bajos que en época romana formaba parte de la provincia de Germania Inferior.
A primera vista, el objeto parece poco espectacular. Se trata de una pequeña lámina de plomo de apenas 9,3 centímetros de largo por 4,8 de ancho. Sin embargo, lo que contiene grabado sobre su superficie la convierte en una pieza excepcional para comprender cómo circulaban las creencias, las personas y las tradiciones religiosas a través del Imperio romano.
La tablilla fue localizada durante unas excavaciones arqueológicas realizadas bajo la plaza del ayuntamiento de Heerlen, donde en la Antigüedad se encontraba Coriovallum, un importante asentamiento romano situado en una estratégica red de comunicaciones. Allí, entre restos de construcciones y depósitos antiguos, apareció este objeto que había permanecido oculto durante casi dieciocho siglos.
Las llamadas tablillas de maldición eran relativamente comunes en la Antigüedad clásica. Los romanos las conocían como defixiones, mientras que en el mundo griego recibían el nombre de katadesmoi. Generalmente se fabricaban con plomo, un material abundante, fácil de grabar y que además poseía un significado simbólico especial.
Muchos habitantes del Imperio creían que el plomo tenía la capacidad de "atar" o "vincular" a una persona. Por ello, quienes deseaban perjudicar a un rival escribían sobre estas láminas peticiones dirigidas a divinidades, espíritus o fuerzas sobrenaturales. Después, las enterraban en lugares concretos, como tumbas, pozos o santuarios, con la esperanza de que su mensaje alcanzara el mundo invisible.
Los objetivos de estas maldiciones eran muy variados. Algunas buscaban obtener ventaja en procesos judiciales. Otras intentaban perjudicar a competidores en carreras, luchas o espectáculos deportivos. También existían ejemplos relacionados con disputas amorosas, conflictos económicos o rivalidades personales.
Lo habitual en las provincias occidentales del Imperio era encontrar este tipo de textos escritos en latín. Precisamente por eso, la tablilla descubierta en Heerlen ha despertado tanto interés entre los especialistas.

El aspecto más sorprendente del hallazgo no es la maldición en sí, sino el idioma y la tradición cultural a la que pertenece. Según han explicado los investigadores responsables del estudio, la inscripción está redactada en griego antiguo y sigue fórmulas características de la magia practicada en Egipto durante la época romana.
Para poder leer el texto, los expertos recurrieron a una técnica conocida como Reflectance Transformation Imaging (RTI). Este sistema consiste en fotografiar repetidamente una superficie utilizando distintas posiciones de luz. Posteriormente, las imágenes se combinan digitalmente para generar una representación que permite apreciar incluso los detalles más diminutos.
Gracias a este procedimiento fue posible identificar tres conjuntos diferenciados de signos grabados sobre el plomo. Entre ellos aparecen invocaciones a diversas entidades sobrenaturales, junto a símbolos mágicos especiales conocidos por los investigadores como characteres.
Estos signos no representaban palabras convencionales. Su función era actuar como elementos de comunicación con las fuerzas invocadas, una especie de lenguaje ritual que se creía capaz de transmitir las peticiones humanas al mundo sobrenatural.
La presencia de estas fórmulas resulta extraordinaria en una región tan alejada de Egipto. Sin embargo, refleja hasta qué punto el Imperio romano era un espacio profundamente conectado, donde personas, mercancías, idiomas y creencias podían desplazarse a enormes distancias.
Tal y como ha explicado Rodney Ast, la pieza resulta especialmente singular porque combina una tradición mágica de origen egipcio con una inscripción redactada en griego antiguo, algo muy poco habitual en las provincias septentrionales del Imperio romano.
La inscripción también incluye una referencia que ha generado numerosas preguntas entre los especialistas. Tras los símbolos mágicos aparecen los nombres de cuatro individuos descritos como compañeros esclavos.
Dos de ellos poseen nombres latinos, mientras que las dos mujeres presentan nombres de origen griego. Esta combinación resulta especialmente llamativa y ofrece una pequeña ventana hacia la compleja realidad social del Imperio romano.
Los investigadores consideran que la tablilla pudo utilizarse de dos formas distintas. Por un lado, podría tratarse de una maldición dirigida contra estas cuatro personas. Por otro, también es posible que fueran ellas quienes solicitaran la intervención sobrenatural contra un enemigo cuya identidad no fue mencionada.
La ausencia de información adicional impide conocer con certeza qué conflicto motivó la creación del objeto. Sin embargo, precisamente esa falta de contexto añade un componente de misterio que convierte a la pieza en un fascinante documento histórico.
La diversidad de nombres refleja además la mezcla cultural característica del mundo romano. Personas procedentes de regiones muy distintas podían coincidir en una misma ciudad, compartir trabajos, relaciones sociales e incluso creencias religiosas.

Uno de los aspectos más sugerentes planteados por los investigadores tiene que ver con la procedencia de las mujeres mencionadas en la inscripción. Los especialistas consideran posible que una de ellas hubiera llegado desde Egipto y estuviera familiarizada con estas tradiciones mágicas.
Aunque resulta imposible demostrarlo de forma definitiva, la hipótesis encaja con lo que sabemos sobre la movilidad de la población en el Imperio romano. Soldados, comerciantes, funcionarios, artesanos y esclavos recorrían constantemente enormes distancias entre provincias.
En ese contexto, las prácticas religiosas también viajaban. Los cultos orientales, las tradiciones egipcias y numerosas creencias locales fueron extendiéndose por todo el Mediterráneo y más allá de sus fronteras.
La magia ocupaba un lugar especialmente importante en Egipto. Algunas prácticas relacionadas con la protección o la curación gozaban de aceptación social y religiosa. Otras, orientadas a perjudicar a terceros o alterar el destino de otras personas, solían desarrollarse en ámbitos más discretos.
Lo interesante de la tablilla de Heerlen es que ofrece una prueba tangible de esa circulación de ideas. Un ritual nacido en el entorno cultural egipcio acabó siendo ejecutado en una ciudad situada a miles de kilómetros del valle del Nilo, en una de las regiones más septentrionales del Imperio.
Los investigadores consideran que la tablilla pudo utilizarse tanto para maldecir a cuatro esclavos como para actuar en su nombre contra una persona cuya identidad no fue registrada.
Más allá del contenido de la maldición, el verdadero valor del hallazgo reside en lo que nos cuenta sobre la sociedad romana. Durante mucho tiempo se ha tendido a imaginar las provincias imperiales como territorios aislados y culturalmente homogéneos. Sin embargo, descubrimientos como este muestran una realidad mucho más compleja.
La tablilla demuestra que las fronteras culturales eran permeables. En una misma comunidad podían convivir lenguas diferentes, personas procedentes de lugares muy alejados y tradiciones religiosas que habían surgido en contextos completamente distintos.
La mezcla de nombres latinos y griegos, la utilización de fórmulas mágicas egipcias y la presencia de un texto escrito en griego en plena Germania Inferior constituyen una extraordinaria muestra de esa diversidad.
Ahora, los investigadores preparan la publicación académica completa del hallazgo, lo que permitirá a otros especialistas analizar con detalle la inscripción. Mientras tanto, la pieza será exhibida en el museo de Heerlen, donde podrá contemplarse como uno de los testimonios más singulares de la vida cotidiana, las creencias y los miedos de los habitantes del Imperio romano.
Porque, en ocasiones, los objetos más pequeños son los que mejor revelan las historias más sorprendentes. Y esta diminuta lámina de plomo demuestra que hace casi dos mil años las ideas podían viajar tan lejos como las personas que las transportaban.
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