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Descubren en Kenia huesos de 1,6 millones de años con cor...
parrasergi · 2026-05-11 · via Muy Interesante

Un análisis microscópico en fósiles de Kenia muestra que los primeros Homo no eran simples carroñeros: seleccionaban las partes más nutritivas y las llevaban a lugares seguros.

Hueso fósil de Koobi Fora, que muestra marcas de corte relacionadas con el desmembramiento por parte de los primeros Homo. Crédito: Sharon Kuo

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Un equipo de científicos ha confirmado que los humanos de hace 1,6 millones de años transportaban deliberadamente las partes más valiosas de los animales para consumirlas lejos de los depredadores, según el análisis de más de 1.000 huesos fosilizados hallados en Kenia. Las marcas de corte encontradas en los restos revelan una conducta sorprendentemente organizada que cambia la imagen tradicional de nuestros antepasados.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, apunta a que aquellos primeros representantes del género Homo no sobrevivían únicamente gracias a la suerte o al oportunismo. Ya habían desarrollado estrategias de obtención y procesamiento de carne mucho más sofisticadas de lo que se pensaba, algo que pudo alimentar el crecimiento de sus cerebros y transformar para siempre su vida social.

Pero hay un detalle que desconcierta a los investigadores: los huesos encontrados no forman esqueletos completos. Lo que aparece repetidamente son extremidades cargadas de músculo y médula. Y eso sugiere algo decisivo.

Las marcas microscópicas que revelan un comportamiento avanzado

El hallazgo se produjo en la Formación Koobi Fora, en el norte de Kenia, uno de los yacimientos paleoantropológicos más importantes del planeta. Allí, un equipo internacional examinó más de mil fósiles animales —principalmente antílopes y otros herbívoros— utilizando microscopía de alta resolución para identificar marcas diminutas en la superficie ósea.

Las señales encontradas no dejaban demasiadas dudas: cortes producidos por herramientas de piedra y fracturas provocadas por martillos líticos. Los investigadores observaron que muchas de esas marcas aparecían en la parte media de los huesos de las patas, justo donde se concentra gran cantidad de carne.

Ese detalle resulta crucial. Según explican los autores, los carnívoros suelen dejar otras huellas diferentes, como perforaciones o arañazos causados por dientes. Aquí, sin embargo, la intervención humana parece haber ocurrido antes de que hienas o grandes depredadores accedieran a los cadáveres.

En otras palabras, aquellos humanos llegaban temprano a las presas y explotaban los recursos de manera intensiva. No recogían simplemente restos abandonados: procesaban activamente la carne y rompían los huesos para extraer la médula, una fuente extraordinaria de grasa y energía.

Diente de hominino procedente de la Formación Koobi Fora en Kenia, asociado al conjunto de estudio. Crédito: Sharon Ku

El misterio de los huesos ausentes: por qué transportaban la carne

La distribución de los restos hallados abrió una nueva línea de interpretación fascinante. Los científicos detectaron una abundancia desproporcionada de huesos largos y carnosos, mientras que vértebras, costillas y cráneos aparecían mucho menos representados.

Eso no es lo habitual en un lugar donde un animal muere y es consumido completamente. Si la presa hubiera sido devorada en el mismo sitio, el esqueleto estaría mucho más completo. Entonces, ¿qué ocurrió?

La explicación más plausible es que los primeros humanos seleccionaban las partes más nutritivas y fáciles de transportar para llevarlas hacia zonas más seguras. Probablemente buscaban áreas protegidas cerca del agua o refugios naturales donde pudieran comer sin exponerse a leones, hienas gigantes u otros depredadores del Pleistoceno africano.

Es una conducta que implica planificación, cooperación y conocimiento del entorno. Y eso convierte el descubrimiento en algo mucho más profundo que una simple escena de carnicería prehistórica. Pero existe otro elemento todavía más revelador.

Los investigadores comprobaron que esta estrategia se repetía en distintos tipos de paisaje. Hace 1,6 millones de años, Koobi Fora no era un territorio uniforme: incluía praderas abiertas, zonas inundables y áreas con vegetación densa. Aun así, los patrones de explotación de animales eran notablemente consistentes. “Una estrategia estable y flexible”, describen los autores del trabajo. Y esa combinación pudo ser una de las claves evolutivas del éxito humano.

La carne que pudo cambiar el cerebro humano

Desde hace décadas, muchos paleoantropólogos sospechan que el acceso regular a alimentos ricos en calorías desempeñó un papel esencial en la expansión cerebral de nuestra especie. Este estudio aporta ahora nuevas pruebas de cómo pudo ocurrir ese proceso.

La carne y la médula ósea contienen enormes cantidades de energía y nutrientes esenciales para un órgano tan exigente como el cerebro humano. Mantener un cerebro grande implica un coste metabólico altísimo, y nuestros ancestros necesitaban fuentes alimenticias fiables para sostenerlo. Aquí aparece una de las hipótesis más interesantes del trabajo: la organización alrededor de la comida pudo impulsar también nuevas formas de interacción social.

Transportar extremidades pesadas requería esfuerzo. Compartir recursos en lugares seguros probablemente favorecía vínculos cooperativos. Incluso la necesidad de defender alimento valioso pudo estimular formas primitivas de comunicación y coordinación grupal. Pero hay algo todavía más sugerente.

Estas conductas aparecieron cientos de miles de años antes de lo que muchos investigadores imaginaban para comportamientos tan complejos. El estudio dibuja a unos primeros humanos mucho más adaptables, estratégicos y resilientes. Lejos de la imagen clásica del homínido torpe y oportunista, emerge otra muy distinta: grupos capaces de interpretar riesgos, optimizar recursos y modificar su conducta según el entorno. Una inteligencia práctica nacida alrededor de la carne, el peligro y la supervivencia.

En cierto modo, aquellas marcas sobre huesos fosilizados son cicatrices diminutas de un momento decisivo en la historia humana. Bajo el sol abrasador de la antigua Kenia, entre depredadores y llanuras infinitas, nuestros antepasados empezaban ya a pensar el alimento no solo como necesidad inmediata, sino como estrategia. Y quizá allí, en esos desplazamientos silenciosos cargando huesos llenos de médula, comenzó una de las transformaciones más importantes de nuestra evolución.

Referencias

  • Forrest, Frances, et al. “Early Evidence for a Stable and Flexible Foraging Niche in the Evolution of Homo.” Proceedings of the National Academy of Sciences (2026).https://doi.org/10.1073/pnas.2537631123.
  • Arnold, Paul. “Cut marks on 1.6 million-year-old bones reveal early humans moved prized meat.” Phys.org, 2026.