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Arqueólogos alertan de un descubrimiento tan fascinante c...
christianper · 2026-05-22 · via Muy Interesante

Un estudio sobre un antiguo camposanto ballenero del siglo XVII en el Ártico revela cómo el cambio climático está borrando restos humanos, ropa y huellas de una de las industrias más duras de la Europa moderna.

Un estudio en Svalbard revela el colapso de uno de los mayores cementerios balleneros del Ártico
Un estudio en Svalbard revela el colapso de uno de los mayores cementerios balleneros del Ártico. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante siglos, el frío extremo del Ártico actuó como una cápsula del tiempo. En lugares como Svalbard, el archipiélago noruego situado entre el continente europeo y el Polo Norte, el permafrost conservó cuerpos, tejidos, madera y objetos cotidianos en unas condiciones excepcionales. Pero esa protección natural está desapareciendo. Y con ella, también se esfuman historias humanas que habían permanecido intactas desde la época de los primeros balleneros europeos.

Eso es precisamente lo que ha documentado un nuevo estudio publicado en PLOS One, centrado en el yacimiento funerario de Likneset, conocido popularmente como “Corpse Point” o “Punta de los Cadáveres”. Tal y como ha revelado la investigación dirigida por Lise Loktu, del Norwegian Institute for Cultural Heritage Research, y Elin Therese Brødholt, del Oslo University Hospital, el calentamiento acelerado del Ártico está destruyendo uno de los conjuntos arqueológicos más valiosos para comprender cómo vivían —y morían— los trabajadores de la industria ballenera del siglo XVII.

Lo más inquietante es que los investigadores han podido comprobar la degradación casi en tiempo real. Las excavaciones realizadas en los años ochenta y las llevadas a cabo entre 2016 y 2019 permiten comparar el estado de las tumbas con apenas tres décadas de diferencia. El resultado es demoledor: estructuras funerarias colapsadas, ataúdes desplazados por la erosión costera, restos humanos deteriorados y textiles prácticamente desaparecidos.

El hallazgo no solo tiene importancia arqueológica. También funciona como una especie de termómetro del cambio climático. El estudio muestra hasta qué punto el aumento de las temperaturas está alterando el permafrost del Ártico, una capa de suelo permanentemente congelado que durante siglos protegió innumerables yacimientos históricos repartidos por Groenlandia, Canadá, Alaska o el norte de Escandinavia.

El “cementerio de los balleneros” que el hielo protegió durante 300 años

Likneset se encuentra en la región de Smeerenburgfjorden, en el noroeste de Svalbard. Allí, entre los siglos XVII y XVIII, fueron enterrados decenas de marineros y trabajadores relacionados con la caza de ballenas. La zona llegó a convertirse en uno de los principales centros de la temprana industria ballenera europea, mucho antes de la Revolución Industrial y del auge del petróleo moderno.

En aquella época, las expediciones balleneras reunían a tripulaciones procedentes de distintos lugares del norte de Europa. Eran campañas extremadamente peligrosas: meses de navegación en aguas heladas, trabajo físico agotador, frío constante, escasez de alimentos frescos y enfermedades derivadas de la desnutrición. Muchos hombres morían antes de regresar a casa y eran enterrados directamente en las costas árticas.

Los investigadores analizaron un total de 20 individuos excavados en diferentes campañas arqueológicas. Los cuerpos pertenecían casi exclusivamente a hombres jóvenes adultos. Algunos apenas superaban los veinte años. Y aunque sus esqueletos muestran una constitución física robusta, también conservan señales muy claras de desgaste extremo.

La conservación de los textiles en las tumbas de la Fase III del área B era notablemente superior a la observada en la Fase II, algo que los investigadores relacionan con unas condiciones funerarias más estables y una menor exposición a los procesos de erosión y degradación ambiental
La conservación de los textiles en las tumbas de la Fase III del área B era notablemente superior a la observada en la Fase II, algo que los investigadores relacionan con unas condiciones funerarias más estables y una menor exposición a los procesos de erosión y degradación ambiental. Fuente: PLOS One (2026)

Tal y como indica el estudio, los restos óseos presentan marcas de estrés físico continuado, enfermedades metabólicas, lesiones articulares y señales de malnutrición. También se detectaron alteraciones en los dientes relacionadas con el uso habitual de pipas de arcilla, además de defectos en el esmalte dental que apuntan a episodios de estrés fisiológico sufridos durante la infancia.

La imagen que emerge es la de una mano de obra sometida a condiciones durísimas mucho antes de alcanzar la madurez. Los científicos creen que muchos de estos hombres no murieron por heridas violentas, sino por el impacto acumulado del trabajo extremo, el frío y las deficiencias alimentarias.

Durante siglos, el hielo del Ártico conservó intactas estas tumbas; ahora el calentamiento global está destruyendo en décadas lo que la naturaleza protegió durante más de 300 años.

El deshielo está destruyendo ropa, ataúdes y restos humanos

Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación tiene que ver con la velocidad a la que se está degradando el yacimiento. Las tumbas excavadas en la década de 1980 conservaban todavía prendas de lana, medias tejidas, chaquetas, gorros e incluso camisas de lino y pañuelos de seda. Algunas piezas aparecieron casi intactas gracias a las bajas temperaturas del subsuelo congelado.

Sin embargo, cuando los arqueólogos regresaron décadas después a zonas similares del mismo cementerio, la situación había cambiado drásticamente. Muchas de las telas habían desaparecido casi por completo. En algunas tumbas solo quedaban botones, señal de que la ropa existió, pero se degradó antes de poder ser estudiada.

El problema está directamente relacionado con el deshielo del permafrost. Cuando el suelo congelado pierde estabilidad, aumenta la humedad y el oxígeno penetra en capas que antes permanecían selladas. Eso favorece la actividad microbiana y acelera la descomposición de materiales orgánicos como madera, cuero, cabello, piel o tejidos.

A eso se suma la erosión costera. Likneset se encuentra en una zona especialmente vulnerable, expuesta al oleaje y al retroceso del litoral. El estudio documenta cómo algunas tumbas ya han sido parcialmente destruidas por el mar y cómo el terreno presenta grietas, hundimientos y desplazamientos de sedimentos.

En varios casos, los ataúdes aparecieron colapsados y desplazados pendiente abajo. Las piedras que marcaban las tumbas también habían perdido su posición original. Según los investigadores, algunos enterramientos podrían desaparecer completamente en las próximas décadas si el ritmo actual de degradación continúa.

Desgaste dental y patologías observadas en el conjunto de esqueletos de Likneset
Desgaste dental y patologías observadas en el conjunto de esqueletos de Likneset. Fuente: PLOS One (2026)

El yacimiento funciona como una cápsula del tiempo sobre la vida de los balleneros europeos del siglo XVII, pero también como una advertencia visible de los efectos del cambio climático en el patrimonio histórico.

La otra cara de la primera gran industria energética europea

La caza de ballenas fue uno de los grandes motores económicos de la Europa moderna. El aceite obtenido de estos animales iluminó ciudades enteras antes de la llegada de la electricidad y lubricó maquinaria durante siglos. En cierto modo, aquella industria funcionó como un antecedente del petróleo contemporáneo.

Pero detrás de esa riqueza había una realidad mucho más dura. El estudio de Likneset aporta una visión muy humana de aquella actividad económica. No habla de barcos ni de rutas comerciales, sino de cuerpos agotados, enfermedades y vidas truncadas en un entorno extremo.

Los esqueletos muestran que muchos de aquellos trabajadores desarrollaron lesiones articulares severas a edades sorprendentemente tempranas. Las inserciones musculares reflejan trabajos repetitivos e intensos, compatibles con labores de remo, manipulación de cargas pesadas y tareas relacionadas con el procesamiento de cetáceos.

También aparecen señales de estrés nutricional y enfermedades metabólicas asociadas a dietas deficientes. Aunque las tripulaciones consumían carne y pescado, la ausencia prolongada de alimentos frescos provocaba carencias importantes, especialmente durante las largas campañas marítimas.

Los arqueólogos sostienen que estos enterramientos constituyen una especie de archivo biológico único sobre los orígenes de la globalización económica europea. En ellos puede rastrearse cómo el trabajo, la movilidad y las condiciones de vida dejaron huellas físicas directas en las personas que participaron en una de las primeras industrias verdaderamente internacionales.

La conservación de los tejidos en las tumbas de la Fase I del área A era, en términos generales, excepcional allí donde se mantenían restos textiles, aunque el estado de preservación variaba considerablemente entre unos enterramientos y otros
La conservación de los tejidos en las tumbas de la Fase I del área A era, en términos generales, excepcional allí donde se mantenían restos textiles, aunque el estado de preservación variaba considerablemente entre unos enterramientos y otros. Fuente: PLOS One (2026)

El hallazgo convierte a Likneset en uno de los pocos lugares del mundo donde puede observarse, casi en tiempo real, cómo el cambio climático destruye el registro arqueológico.

El patrimonio del Ártico se enfrenta a una carrera contra el tiempo

El estudio también plantea un problema mucho más amplio: la dificultad de proteger el patrimonio arqueológico del Ártico en un contexto de calentamiento acelerado. Durante décadas, muchos de estos lugares se consideraron relativamente seguros porque el permafrost actuaba como barrera natural de conservación.

Ahora esa idea ha quedado obsoleta. Tal y como ha adelantado el equipo investigador, numerosos yacimientos históricos de Svalbard están deteriorándose más rápido de lo que las autoridades pueden documentar o proteger. Y no se trata únicamente de cementerios balleneros. Antiguas estaciones mineras, refugios de cazadores y edificios históricos también sufren daños por la erosión y la inestabilidad del terreno.

El problema es especialmente grave porque muchos de estos enclaves contienen información irrepetible. Una vez que desaparecen los tejidos orgánicos o se alteran los contextos funerarios, gran parte de los datos científicos se pierde para siempre. ADN antiguo, análisis isotópicos, restos de vestimenta o evidencias de enfermedades pueden quedar destruidos antes incluso de ser estudiados.

Por eso, los autores del trabajo creen que las políticas de conservación del patrimonio ártico tendrán que cambiar radicalmente en los próximos años. El modelo tradicional de dejar los yacimientos intactos y preservados “in situ” ya no parece suficiente frente al avance del deshielo.

Mientras el Ártico sigue calentándose a un ritmo mucho mayor que el resto del planeta, lugares como Likneset se están convirtiendo en algo más que simples enclaves arqueológicos. Son también un registro visible de cómo el cambio climático está transformando no solo los paisajes polares, sino también la memoria histórica enterrada bajo ellos.

Referencias

  • Loktu L, et al. Skeletons in the permafrost: Exploring climate-driven heritage loss and occupational health at the early modern whaling burial site of Likneset, Svalbard, PLOS One (2026). DOI: 10.1371/journal.pone.0347033