





















Un experimento con 705 cacatúas urbanas ha mostrado cómo estas aves copian a sus compañeras para decidir qué alimentos desconocidos son seguros, una habilidad que podría explicar su extraordinario éxito en las ciudades.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Las cacatúas de cresta amarilla llevan años convirtiéndose en uno de los animales más imprevisibles de las ciudades australianas. Abren cubos de basura, manipulan objetos, arrancan jardines y hasta aprenden rutas urbanas complejas. Pero ahora un nuevo estudio ha revelado algo todavía más sorprendente: estas aves no solo improvisan, también observan cuidadosamente lo que hacen las demás antes de probar algo nuevo.
El trabajo, publicado en PLOS Biology, siguió durante semanas a más de 700 cacatúas salvajes repartidas en cinco comunidades de Sídney. El objetivo era entender cómo reaccionan estos loros urbanos ante alimentos desconocidos y hasta qué punto dependen de la información social para decidir si merece la pena correr el riesgo.
La pregunta no era menor. En los entornos urbanos, los animales se enfrentan constantemente a objetos y alimentos que nunca habrían encontrado en la naturaleza: restos humanos, plantas exóticas, semillas ornamentales o basura. Comer algo equivocado puede provocar intoxicaciones, enfermedades o infecciones parasitarias. Por eso, muchas especies muestran una fuerte desconfianza hacia lo desconocido.
Sin embargo, las cacatúas parecen haber encontrado otra estrategia. En lugar de lanzarse directamente sobre cualquier novedad, primero observan. Mucho. Y después imitan.
Los investigadores marcaron individualmente a 705 aves para seguir sus movimientos y sus interacciones sociales. Después introdujeron un elemento extraño en su dieta habitual: almendras con cáscara teñidas artificialmente de rojo o azul. Aunque las almendras no eran completamente desconocidas para algunas aves urbanas, los colores llamativos convertían el alimento en algo potencialmente sospechoso.
Lo interesante fue lo que ocurrió después. En dos comunidades concretas, varias cacatúas fueron entrenadas para comer solo almendras de un color determinado. Una vez iniciado el experimento, el resto de aves comenzó a acercarse al alimento… pero con enorme cautela.
Al principio muchas se alejaban de las almendras coloreadas. Algunas incluso retrocedían visiblemente cuando las veían. Pero esa resistencia desaparecía en cuanto observaban a otra cacatúa abrir una cáscara y comerse el interior sin consecuencias.
Tal y como indica el estudio, el cambio fue extraordinariamente rápido. En una de las colonias, las aves empezaron a copiar el nuevo comportamiento apenas siete minutos después de observar a las primeras “expertas”. En otra comunidad, tardaron menos de un minuto.
La velocidad de propagación sorprendió incluso a los investigadores. En apenas diez días, más de 200 individuos ya consumían regularmente las almendras teñidas. Y cuando el experimento se amplió a otras colonias sin aves entrenadas, el conocimiento viajó igualmente gracias a individuos que se desplazaban entre grupos.

Una de las escenas más llamativas ocurrió en una colonia donde ningún animal había sido entrenado previamente. Allí, las cacatúas ignoraron durante cuatro días completos las almendras de colores. Todo cambió cuando una hembra juvenil llegada desde otro grupo —donde había visto cientos de veces a otras aves comerlas— decidió probarlas. En menos de diez minutos, otras 15 cacatúas la habían imitado.
Al finalizar el experimento, 349 aves de cinco comunidades diferentes ya consumían el nuevo alimento. Pero el estudio escondía algo todavía más fascinante.
Las cacatúas juveniles copiaban casi siempre la opción más popular del grupo, incluso cuando ya habían probado otras alternativas.
Los investigadores no solo analizaron qué aves aprendían antes, sino también cómo tomaban decisiones sociales. Y ahí apareció un patrón inesperado.
Las cacatúas juveniles mostraban una tendencia muy marcada a seguir a la mayoría. Si la mayor parte del grupo escogía un color concreto de almendra, ellas hacían exactamente lo mismo. Era una especie de conformismo social muy parecido al que se observa en grupos humanos jóvenes.
Los adultos, en cambio, actuaban de otra manera. En lugar de seguir simplemente la opción más popular, parecían prestar más atención a individuos concretos con los que mantenían vínculos sociales cercanos.
Tal y como ha revelado el equipo científico, los machos también influían especialmente sobre otros machos, mientras que las hembras tendían a ser más flexibles y sensibles a la información social en general.
Los resultados sugieren que las aves más jóvenes utilizan las decisiones colectivas como un atajo para sobrevivir en entornos cambiantes. Tiene sentido: las cacatúas juveniles se desplazan más entre comunidades y necesitan aprender rápidamente qué recursos son seguros en territorios desconocidos.

Los investigadores detectaron pequeñas diferencias culturales entre grupos vecinos, con técnicas distintas para abrir las cáscaras.
El hallazgo más curioso apareció cuando los investigadores empezaron a estudiar cómo abrían las cáscaras.
Aunque todas las cacatúas acababan accediendo a la almendra, no lo hacían igual. Algunas mordían desde la punta, otras desde los laterales y otras dividían la cáscara con técnicas diferentes. Y esas “formas de abrir” no se distribuían al azar.
Las aves que convivían juntas tendían a utilizar métodos parecidos, creando pequeñas diferencias culturales entre comunidades vecinas. Cuanto más contacto existía entre dos grupos, más similares eran sus técnicas.
Según los autores, esto apunta a una posible transmisión cultural a pequeña escala, algo que hasta hace pocos años parecía reservado casi exclusivamente a primates o cetáceos.
La investigación también ayuda a entender por qué las cacatúas de Sídney se han adaptado tan bien a las ciudades australianas. Su éxito no dependería solo de su inteligencia individual, sino de su capacidad para compartir información útil rápidamente.
En otras palabras: sobreviven mejor porque aprenden unas de otras.
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