























En el yacimiento egipcio de Tell Kom Aziza, los arqueólogos han hallado una necrópolis grecorromana con cuerpos en posturas y orientaciones múltiples, ataúdes decorados de la época ptolemaica y el desconcertante entierro de varios jabalíes.
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En el corazón del fértil Delta del Nilo, tierra de una de las civilizaciones más fascinantes de la Antigüedad, una misión arqueológica egipcia acaba de sacar a la luz un hallazgo sorprendente y singular. Los arqueólogos han descubierto en Tell Kom Aziza, un yacimiento de la gobernación de Beheira, una necrópolis grecorromana que no solo alberga tumbas milenarias, sino también una anomalía difícil de explicar: el entierro de varios jabalíes salvajes. Esta práctica fenómeno apenas cuenta con precedentes en el registro funerario del antiguo Egipto.
El trabajo lo ha llevado a cabo una misión arqueológica egipcia bajo los auspicios del Consejo Supremo de Antigüedades, tal como informó el Ministerio de Turismo y Antigüedades. La excavación ha documentado una secuencia estratigráfica de gran riqueza. Los niveles del terreno documentan una ocupación humana que se extiende desde el Imperio Antiguo hasta la era grecorromana, pasando por el Imperio Nuevo y el Período Tardío. Se trata de un espacio funerario perturbador en su diversidad, donde conviven ritos de distintas épocas, tradiciones enfrentadas y un animal salvaje que, según la teología egipcia, no debería estar allí.
Los arqueólogos han descubierto en Tell Kom Aziza, un yacimiento de la gobernación de Beheira, una necrópolis grecorromana que no solo alberga tumbas milenarias, sino también varios jabalíes inhumados.

La excavación de la necrópolis deparó una variedad de formas funerarias que reflejan siglos de cambio cultural. Algunos difuntos descansaban en simples fosas excavadas en la tierra. Otros se hallaron en tumbas revestidas de adobes, que otorgaban mayor estructura al espacio sepulcral. Los arqueólogos localizaron asimismo inhumaciones en ataúdes de yeso decorado y en ataúdes cerámicos de forma cilíndrica, una tipología característica del período ptolemaico.
En el estudio preliminar, los investigadores documentaron tanto enterramientos individuales como colectivos. La orientación de los cuerpos variaba entre el eje norte-sur y el este-oeste. Las posiciones de los brazos también diferían de una tumba a otra. Los difuntos podían aparecer con las manos cruzadas sobre la pelvis, junto al cuello, con los brazos en la postura osiríaca (es decir, cruzados sobre el pecho) o extendidos a lo largo de los muslos.
Los responsables de la misión apuntan a que esa variación refleja la coexistencia de múltiples tradiciones de preparación y tratamiento del cadáver en un mismo espacio y a lo largo del tiempo, en lugar de un rito único y codificado. Tell Kom Aziza fue, en cierto modo, un lugar de encuentro de las distintas formas de concebir la muerte.
Los arqueólogos han documentado una gran variedad de formas de enterramiento y de tratamiento del cadáver que reflejan siglos de cambios culturales.

El hallazgo más desconcertante de la campaña fue el de varias carcasas completas de jabalíes salvajes (Sus scrofa) enterradas en uno de los estratos arqueológicos. La rareza del descubrimiento se comprende mejor si se considera el peso simbólico del animal en la cultura egipcia.
En determinadas tradiciones religiosas del antiguo Egipto, el cerdo y el jabalí cargaban con connotaciones negativas por su asociación con Set, la divinidad del caos y la violencia. Esta vinculación los alejaba de los contextos funerarios formales, en los que se exigía la pureza ritual o, al menos, cierto decoro. Por eso, los entierros de jabalíes son extraordinariamente infrecuentes en el registro arqueológico egipcio.
Los responsables de la excavación no descartan que los animales guarden relación directa con el ritual funerario, aunque su presencia podría vincularse a actividades económicas o domésticas desarrolladas en el yacimiento durante una fase concreta de ocupación más que a la esfera religiosa. Sin embargo, reconocen que la interpretación final requerirá estudios más detallados. La pregunta queda a la espera de encontrar respuesta.
En uno de los niveles del yacimiento, se localizaron varios cuerpos completos de jabalíes.

Más allá de los sepulcros, la misión también recuperó un conjunto de materiales que permite reconstruir la vida cotidiana de los antiguos habitantes de Tell Kom Aziza. Entre los objetos hallados, figuran vasijas de cerámica y piedra, moldes para la elaboración de pan, útiles de piedra, hornos y recipientes de almacenamiento.A estos materiales se sumó una abundante colección de restos faunísticos: huesos de peces, aves y mamíferos que los investigadores analizarán para reconstruir la dieta, los métodos para procesar alimentos y la actividad económica local en las distintas fases de ocupación.
En determinadas tradiciones religiosas del antiguo Egipto, el cerdo y el jabalí cargaban con connotaciones negativas por su asociación con Set, la divinidad del caos y la violencia.

Las autoridades del Ministerio de Turismo y Antigüedades y del Consejo Supremo de Antigüedades han calificado Tell Kom Aziza como uno de los yacimientos multiperiódicos más prometedores del Delta del Nilo. Las próximas campañas de excavación se centrarán en precisar la cronología de la necrópolis, esclarecer la relación entre los distintos tipos de enterramiento y, sobre todo, desentrañar el significado de esos misteriosos jabalíes dentro de la historia global del yacimiento.
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