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Un revolucionario estudio geoquímico encuentra en Japón l...
Christian Pérez · 2026-05-25 · via Muy Interesante

Un equipo de científicos japoneses ha identificado en Hokkaido señales geoquímicas del impacto de Chicxulub, el cataclismo que transformó la Tierra y desencadenó una de las mayores extinciones de la historia.

Hokkaido escondía una prueba única de la extinción de los dinosaurios
Hokkaido escondía una prueba única de la extinción de los dinosaurios. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante décadas, los científicos han rastreado por todo el planeta las huellas del impacto que cambió la historia de la vida en la Tierra. Hace 66 millones de años, un gigantesco asteroide cayó sobre la actual península de Yucatán, en México, liberando una energía devastadora y alterando el clima global hasta provocar la desaparición de los dinosaurios no avianos y de cerca del 75% de las especies del planeta. Ahora, un grupo de investigadores japoneses cree haber encontrado una nueva pieza de ese rompecabezas en un lugar inesperado: el extremo oriental de Hokkaido.

Tal y como ha revelado un estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment, científicos de la Universidad de Tokio, la Universidad de Tohoku y otras instituciones japonesas han identificado en la región de Urahoro una señal geoquímica asociada al impacto de Chicxulub. Se trata de la primera evidencia clara detectada en Japón relacionada con el límite entre el Cretácico y el Paleógeno, el célebre episodio geológico conocido como K-Pg.

El hallazgo no consiste en un gran cráter ni en enormes fragmentos de roca extraterrestre. La clave está en algo mucho más sutil: variaciones microscópicas en elementos químicos extremadamente raros. Los investigadores analizaron capas de sedimentos marinos pertenecientes al llamado Grupo Nemuro, unas rocas que hace millones de años formaban parte del fondo oceánico del Pacífico noroccidental.

Durante diez años, el equipo estudió estos estratos buscando señales del gran impacto. Finalmente, localizaron una capa de lutita con anomalías químicas muy concretas: un aumento en las concentraciones de osmio y un brusco descenso en determinadas proporciones isotópicas de este elemento. Estas alteraciones coinciden con las registradas en otros puntos del planeta vinculados al impacto de Chicxulub.

Un mensaje químico llegado desde el espacio

Para entender la importancia del descubrimiento hay que descender al nivel de la geoquímica. El osmio pertenece al grupo de los elementos del platino, extremadamente escasos en la corteza terrestre pero relativamente abundantes en ciertos meteoritos. Cuando un gran asteroide impacta contra la Tierra, enormes cantidades de estos elementos quedan dispersadas por la atmósfera y terminan depositándose en los sedimentos de todo el planeta.

Desde la década de 1980, estas anomalías químicas han servido para identificar el famoso límite K-Pg en distintos continentes. Sin embargo, Asia oriental seguía siendo un vacío importante en el mapa geológico mundial. Las señales eran débiles o inexistentes, y eso dificultaba reconstruir cómo se propagaron los efectos del impacto en la región del Pacífico.

Los investigadores japoneses utilizaron técnicas de alta precisión para medir concentraciones de osmio, iridio, platino y otros elementos en decenas de muestras extraídas de Hokkaido. También realizaron análisis isotópicos y dataciones radiométricas mediante cristales de circón presentes en capas de ceniza volcánica.

Tal y como indica el estudio, una capa situada en la sección de Kawaruppu mostró una firma geoquímica compatible con el evento de Chicxulub. Las proporciones isotópicas del osmio descendían de forma abrupta justo en el intervalo esperado para el impacto ocurrido hace unos 66 millones de años.

Mapa de ubicación y descripción estratigráfica del área de Kawaruppu
Mapa de ubicación y descripción estratigráfica del área de Kawaruppu. Fuente: Ota, H., Kuroda, J., Hayashi, K. et al. Commun Earth Environ (2026)

El resultado era especialmente importante porque estas proporciones isotópicas funcionan casi como una huella dactilar. Los océanos del planeta presentan valores relativamente homogéneos, pero la llegada masiva de material extraterrestre altera temporalmente ese equilibrio. Detectar ese cambio en Japón confirma que la señal del impacto alcanzó también esta zona del Pacífico norte.

Durante décadas, Asia oriental era uno de los grandes vacíos en el mapa geológico del impacto de Chicxulub. Este hallazgo cambia por completo esa situación.

El misterio de la capa desaparecida

Sin embargo, el hallazgo venía acompañado de una sorpresa inesperada. En otros lugares del mundo, el límite K-Pg suele presentar enormes concentraciones de iridio, considerado el marcador clásico del impacto. En Hokkaido, en cambio, esa señal era mucho más débil.

La ausencia intrigó a los investigadores. ¿Cómo era posible encontrar evidencias claras del impacto y, al mismo tiempo, carecer del característico pico de iridio observado en lugares como Dinamarca o España?

La explicación más probable, según plantea el estudio, es que parte del registro sedimentario desapareció poco después del cataclismo. El equipo detectó indicios de una pequeña discontinuidad geológica cerca de la capa estudiada. En otras palabras, una parte de la historia habría sido literalmente borrada.

Para calcular cuánto tiempo faltaba en el registro, los científicos desarrollaron varios modelos matemáticos basados en el comportamiento del osmio y del iridio en los océanos antiguos. El resultado apunta a un vacío de aproximadamente 30.000 años tras el impacto.

Puede parecer poco tiempo desde una perspectiva geológica, pero esos milenios son cruciales para entender cómo reaccionó la vida tras el desastre. Fue precisamente durante ese periodo cuando la Tierra experimentó algunos de los cambios ambientales más extremos de su historia reciente: incendios globales, lluvias ácidas, oscuridad atmosférica y un colapso masivo de ecosistemas.

La capa encontrada en Japón no conserva el instante exacto del impacto, pero sí registra sus consecuencias inmediatas en los océanos. Y eso la convierte en una ventana excepcional para estudiar la recuperación posterior del planeta.

Los científicos creen que parte de la historia desapareció literalmente del registro geológico: faltan unos 30.000 años de sedimentos tras el impacto.

Un océano que todavía guardaba memoria del impacto

Uno de los aspectos más fascinantes del estudio es que demuestra cómo los océanos conservaron durante miles de años la “memoria química” del asteroide. El osmio permanece más tiempo disuelto en el agua marina que otros elementos como el iridio. Por eso, incluso cuando las señales más espectaculares ya habían desaparecido, seguía siendo posible detectar la influencia extraterrestre en los sedimentos.

Los modelos desarrollados por el equipo japonés sugieren que la capa hallada en Hokkaido se formó aproximadamente 30.000 años después de la colisión. Para entonces, muchas partículas asociadas al impacto ya habían desaparecido del agua oceánica, pero el osmio seguía registrando aquella alteración global.

Esta diferencia temporal ayuda a explicar por qué el registro japonés parece distinto del observado en otros lugares del planeta. En realidad, no contradice el modelo global del impacto, sino que aporta una nueva perspectiva sobre cómo evolucionaron los océanos tras la catástrofe.

El estudio también tiene implicaciones importantes para comprender la dinámica geológica del Pacífico norte durante el final del Cretácico. El Grupo Nemuro se encontraba en una región relativamente alejada del impacto, lo que permitió preservar sedimentos menos alterados por tsunamis y procesos violentos.

Además, la velocidad de sedimentación en esta zona era muy alta. Eso convierte a Hokkaido en un lugar especialmente prometedor para reconstruir cambios ambientales con gran resolución temporal.

El profesor Reishi Takashima, de la Universidad de Tohoku, durante una rueda de prensa celebrada el miércoles en Katsuyama, en la prefectura de Fukui
El profesor Reishi Takashima, de la Universidad de Tohoku, durante una rueda de prensa celebrada el miércoles en Katsuyama, en la prefectura de Fukui. Foto: JIJI

El hallazgo podría ayudar a reconstruir cómo reaccionaron los ecosistemas marinos inmediatamente después de una de las mayores extinciones de la historia de la Tierra.

La extinción que todavía plantea preguntas

Aunque el impacto de Chicxulub es considerado hoy el principal desencadenante de la extinción masiva del final del Cretácico, todavía existen numerosos debates científicos sobre cómo se desarrolló exactamente el proceso.

Algunos investigadores sostienen que el planeta ya atravesaba una fase de estrés climático debido a las gigantescas erupciones volcánicas de las Traps del Decán, en la actual India. Otros creen que el impacto fue tan devastador que bastó por sí solo para provocar el colapso biológico.

La nueva investigación japonesa no resuelve definitivamente ese debate, pero sí aporta una pieza clave: demuestra que las señales químicas del impacto se distribuyeron realmente a escala global, incluso en regiones alejadas del Atlántico y el Caribe.

Tal y como adelantó el equipo investigador durante la presentación del estudio, ahora esperan localizar capas aún más completas que permitan reconstruir con detalle qué ocurrió en Asia oriental inmediatamente después del impacto.

Los científicos creen que futuros análisis podrían revelar cómo cambiaron las temperaturas oceánicas, cómo colapsaron las cadenas alimentarias marinas y de qué manera comenzó la lenta recuperación de la vida.

Porque, aunque los dinosaurios desaparecieron, el planeta no quedó vacío. Tras la catástrofe surgieron nuevas oportunidades evolutivas que terminarían favoreciendo la expansión de los mamíferos y, millones de años después, la aparición de los seres humanos.

Referencias