
























El yacimiento de Bülövkaya confirma que el sur del Cáucaso fue un nodo estratégico de intercambio en el Próximo Oriente prehistórico hace 7.000 años. Más de 10.500 fragmentos cerámicos hallados en Najicheván revelan la huella mesopotámica en la región.
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En las laderas áridas del distrito de Babek, al sur de Azerbaiyán, el yacimiento de Bülövkaya ha devuelto al presente un fragmento de historia sepultado casi 7.000 años. Excavado de forma sistemática entre 2023 y 2025 bajo la dirección del arqueólogo Veli Bakhshaliyev, el sitio ha proporcionado más de 10.500 fragmentos cerámicos que, según sus formas y decoraciones, cuentan una historia de intercambios a larga distancia entre Mesopotamia y el Cáucaso meridional mucho más intensa de lo que la ciencia sospechaba.
Los primeros análisis de estos materiales, publicados en 2025 en el Azerbaijan Journal of Archaeology and Anthropology, revelan que las comunidades calcolíticas de Najicheván (en la actualidad, una región autónoma azerbaiyana enclavada entre Armenia, Irán y Turquía) no eran receptores pasivos de las influencias externas. Fabricaban su propia cerámica, extraían obsidiana local y criaban ganado en los pastos de montaña. Al mismo tiempo, absorbían y transformaban estilos decorativos que llegaban del sur de la lejana Mesopotamia.
El hallazgo obliga a reconsiderar los mapas económicos y culturales de la prehistoria del Próximo Oriente. Según los investigadores, Bülövkaya aporta evidencia material sólida de que, al menos desde el 5.000 a. C., existían redes de contacto de más de 1.500 kilómetros que unían el sur de Mesopotamia con el Cáucaso.
El yacimiento de Bülövkaya ha proporcionado más de 10.500 fragmentos cerámicos que cuentan una historia de intercambios a larga distancia entre Mesopotamia y el Cáucaso meridional.

El yacimiento se asienta a unos 1.430 metros de altitud sobre el río Sarisu y conserva dos niveles estratigráficos claramente diferenciados. El nivel superior, de tierra gris compacta, data de entre 4508 y 4353 a. C. Aunque carece de hogares identificables, alberga abundante cerámica, huesos de animales, obsidiana y herramientas líticas, junto con viviendas rectangulares y grandes tinajas de almacenamiento enterradas en el suelo.
El nivel inferior, más antiguo, de tierra mezclada con ceniza, proporcionó restos arquitectónicos mejor conservados. Se encontraron casas con huellas de postes de madera, hogares y hornos cerámicos. Las fechas por radiocarbono oscilan entre el 5007 y el 4723 a. C.: esto situaría el inicio del asentamiento hace casi siete milenios.
La disposición de las viviendas en torno a patios recuerda la organización documentada en Ovçular Tepe, otro yacimiento calcolítico de Najicheván. Según los investigadores, esto sugiere generaciones de contacto sostenido con las redes de intercambio del Próximo Oriente.
Aunque carece de hogares identificables, el nivel superior alberga abundante cerámica, huesos de animales, obsidiana y herramientas líticas, junto con viviendas rectangulares y grandes tinajas de almacenamiento.

De los más de 10.500 fragmentos recuperados, más de 1.900 han permitido reconstruir las formas completas de vasijas. De acuerdo con los arqueólogos, el conjunto se divide en cuatro grupos: cerámica lisa rosada (69,6 %), cerámica pintada (27,4 %), cerámica marrón (2 %) y cerámica negra o gris (1 %). La proporción y los estilos apuntan a la órbita de la cultura Ubaid que, surgida en el sur de Mesopotamia, se extendió por buena parte del Próximo Oriente entre el 6500 y el 3800 a. C.
Los cuencos pintados de Bülövkaya comparten morfología con los hallados en Tell Abada y Tell Arpachiyah, dos yacimientos iraquíes de referencia para el periodo Ubaid 3. Los motivos decorativos (triángulos superpuestos, líneas rectas, zigzags y diseños en espiga) también replican el repertorio visual mesopotámico.
Sin embargo, los investigadores subrayan una diferencia crucial. Las vasijas de Bülövkaya no imitan con exactitud los prototipos Ubaid, sino que los reinterpretan con rasgos propios. Así, incorporan elementos de las tradiciones neolíticas locales y de los grupos culturales de Anatolia oriental.
Especialmente significativos son los llamados "cuencos de crema", de cuerpo cónico, cuyos paralelos más directos se encuentran en los niveles Halaf de Sabi Abyad, en Siria, y en Tell Arpachiyah. Los datos reforzarían la idea de que Bülövkaya mantuvo vínculos directos con Mesopotamia, sin intermediarios iranios.
La proporción y los estilos cerámicos apuntan a la órbita de la cultura Ubaid que, surgida en el sur de Mesopotamia, se extendió por buena parte del Próximo Oriente entre el 6500 y el 3800 a. C.

Junto con la influencia mesopotámica, un segundo vector de contacto apunta a Anatolia oriental. Un grupo de cerámicas de Bülövkaya exhibe relieves con impresiones de dedos y motivos incisos aplicados sobre cinturones de relieve que rodean el cuerpo de la vasija. Aunque esta técnica decorativa es desconocida en los yacimientos calcolíticos de la cuenca del Urmia y del horizonte Dalma, está bien documentada en Tülintepe y Değirmentepe, dos yacimientos de Anatolia oriental excavados en las décadas de 1970 y 1980.
Los investigadores concluyen que estas tradiciones llegaron al Cáucaso meridional a través de interacciones con Anatolia oriental. Los grupos humanos dedicados a la ganadería móvil y la minería habrían facilitado estos contactos. Según los autores del estudio, la presencia de relieves en forma de media luna, característica de la cultura Halaf y de los monumentos neolíticos del Cáucaso, reforzaría esta interpretación.
Los investigadores concluyen que estas tradiciones llegaron al Cáucaso meridional a través de interacciones con los grupos humanos dedicados a la ganadería móvil y la minería de Anatolia oriental.

La obsidiana es el otro gran marcador de las redes de intercambio. Este vidrio volcánico, preciado por su filo excepcional, circuló por el Próximo Oriente desde el Neolítico como materia prima para fabricar hojas y puntas. Los análisis de procedencia en los yacimientos calcolíticos de Najicheván revelan una geografía de aprovisionamiento compleja.
En Bülövkaya, la fuente principal se sitúa en Zangezur (las montañas entre Armenia y Azerbaiyán), complementada con cantidades menores procedentes de Meydandag. En Nakhchivan Tepe, el reparto era diferente. Zangezur aportaba el 42 %, Göyhasar el 37 % y Meydandag el 19 %. En Uçan Ağıl, la obsidiana de Zangezur dominaba con el 86 %. Esta variabilidad entre sitios próximos indica que cada comunidad gestionaba sus redes de obtención de materias primas de forma autónoma, dentro de un sistema regional interconectado.
La expansión del uso de obsidiana caucásica hacia Mesopotamia y la cuenca del Urmia durante los milenios sexto y quinto a. C. sugiere que las riquezas naturales de Najicheván en obsidiana, cobre y pastos fueron el principal motor que atrajo el interés y los contactos del Próximo Oriente hacia esta región del Cáucaso.
Cada comunidad gestionaba sus propias redes de obtención de materias primas, como la obsidiana, de forma autónoma, dentro de un sistema regional interconectado.

El conjunto de evidencias dibuja un cuadro de notable sofisticación cultural. Najicheván no fue una periferia pasiva de Mesopotamia ni una extensión de los horizontes de Irán o Anatolia. Los datos indican que, durante el quinto milenio a. C., en esta zona emergió una tradición propia. Distinta de Dalma Tepe, de Ubaid y de los grupos anatólicos, esta cultura habría sido fruto de la síntesis creativa entre las influencias externas y un fuerte sustrato local. Sus habitantes combinaron la ganadería de pastoreo móvil con la minería de cobre a pequeña escala, participaron activamente en las redes de intercambio de obsidiana y asimilaron vocabularios formales y decorativos de sus vecinos, sin renunciar a una identidad material propia.
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