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Los científicos descubren que casi todos hacemos lo mismo...
Christian Pérez, Santiago Campillo Brocal · 2026-06-16 · via Muy Interesante

La próxima vez que esquives a alguien en la calle, fíjate hacia dónde te desvías. Un equipo de físicos lo ha comprobado en cientos de ensayos: la respuesta, casi seguro, es la izquierda.

Científicos descubren por casualidad que los humanos prefieren girar hacia la izquierda al caminar, pero nadie sabe por qué
Científicos descubren por casualidad que los humanos prefieren girar hacia la izquierda al caminar, pero nadie sabe por qué. Recreación fantasiosa. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Publicado por Santiago Campillo Brocal

Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital

Creado: Actualizado:

Durante años, miles de personas han caminado por museos, plazas, estaciones, centros comerciales o simplemente por una habitación sin prestar atención a un detalle que ahora tiene desconcertados a los investigadores. Cuando los seres humanos se mueven libremente y sin una ruta definida, tienden a girar en sentido contrario a las agujas del reloj. Lo más sorprendente no es solo que ocurra, sino que sucede de forma consistente en países distintos, en grupos grandes y pequeños, en adultos y niños, e incluso cuando una persona camina completamente sola.

El hallazgo no surgió de un experimento diseñado para estudiar este comportamiento. De hecho, apareció por casualidad. Un equipo internacional de investigadores estaba analizando cómo se distribuían las personas en espacios compartidos durante una serie de pruebas relacionadas con el movimiento peatonal. Al revisar los vídeos, comenzaron a notar algo extraño: la inmensa mayoría de los participantes acababan desplazándose en sentido antihorario.

Lo que en un principio parecía una simple curiosidad terminó convirtiéndose en una investigación científica de gran alcance. Los investigadores decidieron comprobar si realmente existía una preferencia humana por girar hacia la izquierda y comenzaron a diseñar nuevos experimentos para poner a prueba esa intuición.

Tal y como ha revelado el estudio publicado en la revista Nature Communications, los resultados fueron mucho más consistentes de lo que esperaban.

Una tendencia que aparece una y otra vez

Para averiguar si se trataba de una coincidencia, los científicos organizaron varios experimentos en España y Japón. En algunos casos, grupos de personas caminaban libremente dentro de espacios cerrados. En otros, los participantes se movían por áreas abiertas. También se analizaron niños pequeños durante actividades de juego y adultos caminando completamente solos.

El resultado fue prácticamente siempre el mismo. En la inmensa mayoría de las pruebas apareció una tendencia colectiva a desplazarse en sentido contrario a las agujas del reloj.

Lo llamativo es que esta preferencia sobrevivía a casi cualquier cambio en las condiciones experimentales. No importaba si el grupo era grande o pequeño, si había paredes alrededor o si los participantes se encontraban en un espacio abierto. La inclinación seguía apareciendo.

Los investigadores incluso trasladaron parte del trabajo a Japón para comprobar si podían influir factores culturales. La lógica parecía razonable. Las normas sociales relacionadas con el movimiento varían de un país a otro. En algunos lugares, las personas tienden a apartarse hacia la derecha cuando se cruzan con alguien; en otros, hacia la izquierda.

Sin embargo, la tendencia antihoraria volvió a manifestarse. Tal y como indica el trabajo científico, el fenómeno apareció tanto en España como en Japón, lo que debilitó la idea de que pudiera tratarse de una costumbre cultural aprendida.

Así se desplazaron los adolescentes que participaron en el experimento realizado en un patio escolar de España
Así se desplazaron los adolescentes que participaron en el experimento realizado en un patio escolar de España. Fuente: Echeverría-Huarte, I., Feliciani, C., Shi, Z. et al., Nat Commun 17, 4869 (2026)

La tendencia aparece incluso cuando una persona camina completamente sola, lo que sugiere que su origen está en el individuo y no en la multitud.

Ni la mano dominante ni los pies explican el fenómeno

Una de las primeras hipótesis apuntaba a la lateralidad corporal. Quizá las personas diestras giraban más fácilmente hacia un lado determinado. O tal vez la explicación estuviera relacionada con la pierna dominante o incluso con el ojo que cada individuo utiliza preferentemente.

Para comprobarlo, los investigadores clasificaron a los participantes según su dominancia manual, visual y podal. También realizaron pruebas específicas con personas zurdas y diestras.

Los resultados fueron inesperados. Ninguna de estas características parecía explicar la tendencia observada.

Los análisis estadísticos mostraron que tanto diestros como zurdos manifestaban una inclinación similar a desplazarse en sentido antihorario. Lo mismo ocurría al comparar personas con predominio del pie derecho o izquierdo, así como entre individuos con diferente dominancia ocular.

Incluso el sexo de los participantes fue descartado como explicación. Hombres y mujeres mostraban patrones prácticamente idénticos.

En otras palabras, algunas de las explicaciones más intuitivas quedaron eliminadas una tras otra.

Los niños muestran una versión todavía más intensa

Uno de los resultados más llamativos apareció al estudiar a niños de unos cinco años durante actividades de movimiento libre en una escuela infantil japonesa.

En este caso, la preferencia por desplazarse en sentido antihorario era mucho más fuerte que entre los adultos.

Los investigadores observaron que los niños terminaban formando auténticos remolinos humanos en los que casi todos se movían en la misma dirección. El comportamiento era tan marcado que el efecto alcanzaba valores muy superiores a los registrados en los experimentos con adultos.

La explicación podría estar relacionada con la facilidad con la que los niños imitan el comportamiento de quienes les rodean. A esas edades, la tendencia a copiar movimientos y coordinarse con el grupo es especialmente intensa.

Sin embargo, incluso en este caso, el estudio sugiere que existe una predisposición individual previa. La dinámica colectiva parece amplificar una inclinación que ya está presente.

El estudio cuestiona la idea de que todos los patrones observados en las multitudes nacen de la interacción entre las personas.

La prueba definitiva: caminar completamente solo

Quizá la parte más interesante de la investigación llegó cuando los científicos eliminaron cualquier posible influencia social. Si el movimiento antihorario surgía por contagio entre personas, debía desaparecer cuando alguien caminara solo.

Para comprobarlo, más de 200 voluntarios realizaron recorridos individuales dentro de un recinto cerrado. Cada participante caminaba sin compañía y sin interactuar con nadie.

El resultado volvió a sorprender. Tal y como muestra el estudio, la tendencia a girar en sentido antihorario seguía presente incluso cuando no existía ningún otro individuo alrededor. Los análisis revelaron que una proporción significativamente mayor de participantes prefería rotar hacia la izquierda que hacia la derecha.

Este hallazgo llevó a los investigadores a una conclusión importante: el fenómeno no parece originarse en la multitud, sino en cada persona de forma individual.

Las multitudes simplemente amplificarían una inclinación que ya existe en los individuos.

Diseño de los experimentos y análisis de la tendencia colectiva a girar en sentido antihorario
Diseño de los experimentos y análisis de la tendencia colectiva a girar en sentido antihorario. Fuente: Echeverría-Huarte, I., Feliciani, C., Shi, Z. et al., Nat Commun 17, 4869 (2026)

Un misterio que sigue sin respuesta

Después de descartar buena parte de las explicaciones más evidentes, los científicos reconocen que todavía no saben cuál es el origen exacto de este comportamiento.

Una posibilidad es que esté relacionado con pequeñas asimetrías biomecánicas. Ningún cuerpo humano es perfectamente simétrico. Diferencias mínimas en la musculatura, el equilibrio o la percepción espacial podrían generar una desviación casi imperceptible que, acumulada durante el movimiento, termine favoreciendo un sentido de giro concreto.

Otra hipótesis apunta al sistema nervioso y a la forma en que el cerebro integra la información procedente de los sentidos para coordinar el movimiento.

Los autores también mencionan investigaciones previas que muestran cómo algunas personas, cuando caminan sin referencias visuales claras, pueden acabar describiendo círculos sin darse cuenta. Eso sugiere que existen sesgos internos en la forma en que percibimos la dirección y mantenemos el rumbo.

Por ahora, ninguna explicación ha sido confirmada.

Millones de personas pertenecientes a culturas diferentes parecen compartir una misma preferencia al moverse.

Lo que este descubrimiento podría revelar sobre nosotros

A primera vista, saber que las personas prefieren caminar en sentido antihorario puede parecer una simple anécdota científica. Sin embargo, los investigadores creen que el fenómeno podría tener implicaciones mucho más profundas.

Comprender cómo tomamos decisiones de movimiento aparentemente espontáneas puede ayudar a mejorar los modelos que se utilizan para estudiar multitudes, planificar evacuaciones o diseñar espacios públicos más eficientes.

Museos, estaciones de tren, aeropuertos o centros comerciales podrían beneficiarse de este conocimiento si futuras investigaciones confirman que aprovechar esta inclinación natural facilita la circulación de las personas.

Pero quizá la cuestión más fascinante sea otra. ¿Por qué millones de seres humanos, pertenecientes a culturas distintas y con características físicas diferentes, parecen compartir una misma preferencia al caminar?

Los científicos han demostrado que el fenómeno existe. Lo han observado en dos continentes, en niños y adultos, en grupos y en individuos aislados. Han descartado varias explicaciones aparentemente razonables.

Y aun así, la respuesta sigue escapándose. A veces, los grandes misterios científicos no aparecen en galaxias lejanas ni en laboratorios llenos de tecnología avanzada. Surgen al observar algo tan cotidiano como la dirección que elegimos cuando empezamos a caminar.

Referencias

  • Echeverría-Huarte, I., Feliciani, C., Shi, Z. et al. Individual locomotor bias drives counterclockwise motion in pedestrian crowds. Nat Commun 17, 4869 (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-73713-w