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Científicos analizan ladrillos inscritos de la época de N...
christianper · 2026-05-18 · via Muy Interesante

Un equipo internacional ha utilizado ladrillos inscritos con nombres de reyes mesopotámicos para reconstruir el campo magnético terrestre y detectar cambios extremos ocurridos durante el reinado de Nabucodonosor II.

Arqueólogos analizan ladrillos mesopotámicos y encuentran señales de una extraña anomalía magnética histórica
Arqueólogos analizan ladrillos mesopotámicos y encuentran señales de una extraña anomalía magnética histórica. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante milenios, los ladrillos cocidos de Mesopotamia sostuvieron palacios, murallas, templos y canales. Eran objetos cotidianos para una de las civilizaciones más influyentes de la Antigüedad. Pero algunos de esos ladrillos, fabricados hace más de 3.000 años y marcados con inscripciones cuneiformes de antiguos reyes, escondían una información inesperada: un registro intacto del comportamiento del campo magnético de la Tierra.

Ahora, un estudio internacional ha conseguido extraer ese “archivo magnético” conservado en el interior de decenas de ladrillos procedentes de la antigua Mesopotamia, una región que hoy ocupa principalmente Irak. El trabajo, publicado en la revista PNAS, ha permitido reconstruir con enorme precisión las variaciones del campo geomagnético entre el III y el I milenio antes de Cristo.

El hallazgo no solo ayuda a comprender mejor uno de los fenómenos más complejos de las ciencias de la Tierra. También abre una nueva vía para fechar objetos arqueológicos con una precisión impensable hasta hace pocos años.

La investigación, liderada por Matthew D. Howland junto a especialistas de varias universidades estadounidenses e israelíes, analizó 32 ladrillos cocidos inscritos con los nombres de 12 reyes mesopotámicos. Muchos pertenecieron a gobernantes tan conocidos como Nabucodonosor II, Shulgi o Tukulti-Ninurta I. Gracias a esas inscripciones, los arqueólogos pudieron fechar cada pieza con bastante exactitud, algo excepcional en estudios arqueomagnéticos.

Y es que la gran dificultad de este tipo de investigaciones suele ser cronológica. Objetos como cerámicas o ladrillos carecen normalmente de materia orgánica, por lo que no pueden datarse mediante carbono 14. En cambio, los nombres de los monarcas grabados en estas piezas permiten situarlas dentro de reinados concretos que duraron apenas décadas.

El magnetismo quedó atrapado dentro del barro cocido

Cuando los antiguos artesanos mesopotámicos introducían los ladrillos en hornos a temperaturas superiores a los 600 grados, ocurría un fenómeno invisible. Los minerales de óxido de hierro presentes en la arcilla registraban la intensidad del campo magnético terrestre existente en aquel instante exacto.

Ese “sellado magnético” permaneció congelado durante siglos. Miles de años después, los investigadores extrajeron diminutas muestras de los ladrillos y utilizaron magnetómetros de alta precisión para medir la señal conservada en su interior. A partir de ahí, reconstruyeron cómo fluctuó el campo magnético terrestre a lo largo de más de dos mil años de historia mesopotámica.

Tal y como indica el estudio, los resultados confirman la existencia de la llamada Anomalía Geomagnética de la Edad del Hierro del Levante, un periodo comprendido aproximadamente entre 1050 y 550 a.C. durante el cual el campo magnético terrestre alcanzó niveles extraordinariamente altos en Oriente Próximo.

Este ladrillo, conservado en el Museo Slemani, pertenece a la época de Nabucodonosor II (604-562 a.C.). La pieza fue saqueada de su emplazamiento original antes de ser recuperada y depositada en el museo iraquí
Este ladrillo, conservado en el Museo Slemani, pertenece a la época de Nabucodonosor II (604-562 a.C.). La pieza fue saqueada de su emplazamiento original antes de ser recuperada y depositada en el museo iraquí. Foto: Howland et al. PNAS.

Hasta ahora, esta anomalía había sido detectada en regiones como Turquía, Bulgaria, Grecia, China o incluso las Azores, pero existían muy pocos datos procedentes del sur de Mesopotamia. El nuevo trabajo cambia completamente ese panorama.

Los ladrillos estudiados muestran que el fenómeno también afectó de lleno a Babilonia y otras ciudades mesopotámicas. En algunos momentos, la intensidad magnética registrada era hasta una vez y media superior a la actual.

Para los investigadores, esto supone una prueba clave para comprender cómo se comporta el núcleo terrestre, responsable de generar el campo magnético que protege al planeta de la radiación solar.

El reinado de Nabucodonosor II revela cambios extremos

Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio aparece en varios ladrillos fechados durante el reinado de Nabucodonosor II, el célebre monarca neobabilónico asociado a los Jardines Colgantes y a la expansión monumental de Babilonia.

Los científicos detectaron variaciones magnéticas muy bruscas en un intervalo temporal extraordinariamente corto: apenas unas décadas.

El hallazgo refuerza la hipótesis de que el campo magnético terrestre puede experimentar “picos” repentinos de intensidad, cambios mucho más rápidos de lo que durante años se creyó posible.

La cuestión es importante porque el comportamiento del campo geomagnético sigue siendo uno de los grandes enigmas de las ciencias planetarias. Aunque el campo parece estable a escala humana, en realidad fluctúa constantemente debido al movimiento del hierro fundido en el núcleo externo terrestre.

Los investigadores sospechan que esas alteraciones rápidas observadas en Mesopotamia podrían ayudar a explicar fenómenos modernos como la Anomalía del Atlántico Sur, una zona donde el campo magnético terrestre es actualmente más débil y que preocupa a científicos y agencias espaciales porque afecta a satélites y sistemas electrónicos.

El estudio mesopotámico demuestra que estos cambios extremos no son algo nuevo, sino procesos que la Tierra lleva experimentando desde hace milenios.

Los ladrillos inscritos de Mesopotamia no solo preservaron nombres de reyes, también conservaron una huella invisible del comportamiento del núcleo terrestre hace más de 3.000 años.

Ladrillos saqueados, museos y un rey casi desconocido

Muchos de los ladrillos analizados proceden del Museo Slemani, en el Kurdistán iraquí. Varias piezas habían sido saqueadas de yacimientos arqueológicos durante décadas de conflictos y tráfico ilegal de antigüedades, aunque posteriormente fueron recuperadas y conservadas por las autoridades iraquíes.

Otros ejemplares pertenecían a la colección babilónica de Yale.

Entre los hallazgos más llamativos aparece un ladrillo asociado a un rey prácticamente desconocido llamado Iakūn-dīri, soberano del territorio de Hurshitum. Hasta ahora, este personaje apenas era conocido por referencias muy fragmentarias. Sin embargo, una inscripción cuneiforme hallada en uno de los ladrillos permitió identificarlo y situarlo cronológicamente.

Ese tipo de descubrimientos demuestra hasta qué punto la arqueología y las ciencias de la Tierra pueden complementarse mutuamente.

Los investigadores destacan que Mesopotamia ofrece condiciones excepcionales para este tipo de estudios porque los ladrillos inscritos eran extremadamente comunes en edificios oficiales, murallas y proyectos hidráulicos. Los reyes mandaban grabar sus nombres en ellos como símbolo de poder y legitimidad política. Sin saberlo, dejaron también un registro científico de enorme valor.

Un ladrillo de adobe fechado entre 1800 y 1736 a.C. conserva una inscripción dedicada al palacio de Iakūn-dīri, hijo de Suma/tanim y rey del territorio de Huršitum
Un ladrillo de adobe fechado entre 1800 y 1736 a.C. conserva una inscripción dedicada al palacio de Iakūn-dīri, hijo de Suma/tanim y rey del territorio de Huršitum. Foto: Matthew D. Howland

Los científicos creen que estos cambios extremos en el magnetismo terrestre pueden ayudar a comprender anomalías modernas como la del Atlántico Sur.

Una nueva herramienta para fechar objetos antiguos

Más allá de la reconstrucción geomagnética, el trabajo tiene implicaciones enormes para la arqueología del Próximo Oriente.

Tal y como ha revelado el equipo científico, los resultados permiten crear una “curva magnética” regional capaz de servir como herramienta de datación absoluta. En otras palabras: si en el futuro aparece un objeto cocido cuyo magnetismo coincida con uno de estos periodos conocidos, podrá fecharse comparando su señal magnética con la nueva base de datos.

Esto resulta especialmente valioso en Mesopotamia, donde muchas cronologías antiguas siguen siendo objeto de debate entre historiadores y arqueólogos.

En algunos periodos del II y III milenio a.C., las discrepancias cronológicas entre especialistas alcanzan incluso más de un siglo de diferencia. La arqueomagnetismo podría ayudar a resolver parte de esos problemas.

Además, los investigadores sostienen que esta técnica podría aplicarse a otros materiales arqueológicos como hornos, cerámicas o restos de incendios antiguos.

Lo que comenzó como un análisis de ladrillos cocidos termina así convirtiéndose en una herramienta capaz de reescribir parte de la historia antigua.

Porque en ocasiones los secretos más importantes no aparecen enterrados dentro de tumbas de oro ni escondidos en templos monumentales. A veces permanecen atrapados en simples bloques de barro cocido que llevan 3.000 años esperando a que alguien aprenda a leer la huella invisible de la Tierra.

Referencias

  • Matthew D. Howland et al. 2023. Exploring geomagnetic variations in ancient Mesopotamia: Archaeomagnetic study of inscribed bricks from the 3rd-1st millennia BCE. PNAS 120 (52): e2313361120; doi: 10.1073/pnas.2313361120